La negligencia médica en el sistema penitenciario cubano cobra una nueva vida. El recluso Serguey Marrero Faure falleció bajo custodia en la Prisión Provincial de Guantánamo tras ser diagnosticado con un trombo y no recibir tratamiento alguno, denunció la organización Cubalex, que exige una investigación independiente que el régimen de La Habana rara vez concede.
Según el reporte de la organización legal, Marrero Faure acudió al puesto médico del penal aquejado de fuertes dolores en una pierna, donde se le diagnosticó un coágulo sanguíneo. A pesar de la gravedad del cuadro clínico, las autoridades penitenciarias omitieron cualquier protocolo de atención médica, lo que precipitó su deceso. Familiares del recluso, quienes lo habían visitado días antes y confirmaron que gozaba de buen estado de salud, exigen respuestas a las autoridades de la isla, las cuales mantienen un silencio oficial sobre las circunstancias del fatal desenlace.
El deceso de Marrero Faure se suma a una alarmante lista de muertes bajo custodia estatal. Hasta el momento, Cubalex ha documentado 35 fallecimientos de personas privadas de libertad desde enero de este año. Estos casos revelan un patrón sistemático de negligencia, ausencia de tratamiento médico oportuno y violencia, agravado por la inexistencia de investigaciones independientes que esclarezcan las responsabilidades del Estado en el interior de los penales.
Patrones de tortura y negligencia en las prisiones
La situación en las cárceles refleja el colapso institucional y la violación sistemática de derechos humanos impulsada por la dictadura cubana. Un informe reciente de la Iniciativa para la Investigación y la Incidencia registró al menos 24 muertes bajo custodia durante el primer semestre del año, ocho de ellas como consecuencia directa de la negación deliberada de asistencia médica. El reporte documenta 160 situaciones constitutivas de tortura o tratos crueles, inhumanos y degradantes en 43 centros penitenciarios, incluyendo 104 casos por negación de salud, 45 golpizas físicas y 11 episodios de tortura psicoemocional. Al menos 56 de las víctimas identificadas son presos políticos, lo que evidencia el uso del sistema carcelario como herramienta de represión.
Ante la falta de mecanismos internos de supervisión y el control absoluto del gobierno cubano sobre el aparato judicial y penitenciario, las organizaciones defensoras de derechos humanos han instado a la comunidad internacional a presionar para la apertura de las prisiones a observadores independientes. La impunidad con la que operan los centros de reclusión no solo truncó la vida de Serguey Marrero Faure, sino que proyecta un horizonte sombrío para los cientos de reclusos que sobreviven en condiciones inhumanas, dependiendo de la presión diplomática para exigir justicia y reparación frente a un régimen que invisibiliza sus propios abusos.