Un hombre de 60 años perdió la vida en Santiago de Cuba tras colapsar parte de su vivienda debido a un deslizamiento de tierra provocado por las intensas lluvias de la tormenta tropical Imelda. El deceso evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura habitacional en medio de la crisis estructural que atraviesa la isla.
La víctima fue identificada como Luis Mario Pérez Coiterio, residente en el reparto Veguita de Galo. Según informó el especialista de Salvamento y Rescate Aris Arias Batalla, el inmueble colapsó mientras el hombre dormía. Vecinos localizaron su cuerpo entre los escombros y alertaron a los bomberos, quienes acudieron junto a rescatistas del Comando 4 de Vista Alegre para recuperar el cadáver. Su esposa, una mujer mayor con discapacidad auditiva, logró sobrevivir al siniestro y fue trasladada a un lugar seguro.
La vivienda se ubicaba en una ladera con riesgos geológicos conocidos. Familiares y allegados habían insistido a Pérez Coiterio para que abandonara el inmueble dada su precariedad, pero este decidió regresar. Este trágico suceso pone de relieve el profundo deterioro del fondo habitacional cubano, una crisis que constituye una violación sistemática del derecho a una vivienda adecura por parte de la dictadura cubana, tras décadas de centralización económica, ineficiencia burocrática y abandono de políticas de mantenimiento preventivo, lo que obliga a miles de familias a residir en zonas de alto riesgo o en estructuras al borde del colapso.
Colapso de servicios y alerta meteorológica en el oriente
Ante la persistencia de las precipitaciones y la amenaza de nuevos derrumbes, el gobierno cubano suspendió las actividades docentes en Santiago de Cuba y Guantánamo. La Universidad de Oriente paralizó sus clases hasta que mejoren las condiciones climatológicas, mientras que en Guantánamo las autoridades locales mantendrán las escuelas cerradas por seguridad. El paso de Imelda ha dejado un saldo preliminar de más de 18.000 evacuados, ríos desbordados, deslaves, cortes eléctricos y comunidades incomunicadas, especialmente en Guamá, donde la crecida de los ríos ha aislado a poblaciones enteras.
Las provincias de Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma son las más afectadas por un sistema meteorológico que, según el Instituto de Meteorología (INSMET), se fortaleció sobre las Bahamas con vientos sostenidos de 75 km/h y altas probabilidades de convertirse en huracán. Aunque el sistema se aleja de la isla, la inestabilidad atmosférica continuará generando tormentas severas en las zonas montañosas del oriente y centro del país. Esta situación se suma al colapso generalizado de los servicios públicos, donde la deficiente red eléctrica y la falta de recursos materiales para la mitigación de desastres agravan dramáticamente las condiciones de vida de la ciudadanía.
El impacto de la tormenta tropical Imelda expone, una vez más, la fragilidad del sistema de protección civil y la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar infraestructuras resilientes frente a eventos climáticos cada vez más frecuentes. Mientras la población enfrenta el desabastecimiento, la falta de autonomía y la incertidumbre, la ausencia de una planificación efectiva y transparente por parte del ejecutivo cubano augura un lento y complejo proceso de recuperación para las comunidades orientales, profundizando la crisis humanitaria que impulsa el continuo y desesperado éxodo migratorio.