Decenas de residentes de la localidad de Gibara, en la provincia de Holguín, salieron a marchar en medio de la oscuridad tras soportar casi 24 horas sin servicio eléctrico. Las protestas, que contaron con la presencia de menores de edad, se producen en medio de un nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional que mantiene a más de la mitad del país a oscuras.
Videos difundidos a través de redes sociales evidencian a un grupo de personas caminando por las calles sin iluminación en el poblado holguinero. Los manifestantes alzaron sus voces con consignas como \»¡Pongan la corriente!\» y \»Libertad\», reflejando el desespero acumulado de una población que sufre interrupciones del servicio de manera sostenida desde hace más de tres años. Esta reacción ciudadana se produjo tras una semana especialmente crítica, marcada por un nuevo desplome de la red eléctrica nacional.
La crisis energética ha alcanzado niveles insostenibles para la población. Según informaciones de la empresa estatal eléctrica, la demanda en el pico nocturno se estima en 3.400 megavatios (MW), frente a una disponibilidad de apenas 1.602 MW. Este déficit de 1.798 MW provoca una afectación estimada de 1.868 MW, equivalente al 55 % del territorio nacional. Mientras que en las provincias orientales los cortes superan las 20 horas diarias, en La Habana los apagones alcanzan hasta 10 horas, evidenciando la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar servicios básicos.
Colapso energético y descontento social
El desplome del sistema eléctrico no es un evento aislado, sino la consecuencia directa de la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. La falta de mantenimiento en centrales térmicas obsoletas, la escasez crónica de combustibles y lubricantes, junto a la paralización de decenas de motores de generación distribuida, exponen la ineficiencia y la mala gestión del gobierno cubano. Esta situación se entrelaza con la crisis económica generalizada, la inflación galopante y el éxodo migratorio masivo, creando un escenario de creciente tensión social que la dictadura cubana ha intentado contener históricamente mediante la represión y el control.
La protesta en Gibara representa un desafío directo a las autoridades de la isla, que enfrentan a una ciudadanía cada vez más dispuesta a romper el miedo frente a la inoperancia estatal. La continuidad de estos apagones prolongados amenaza con desencadenar nuevas olas de manifestaciones en todo el país, lo que pondrá a prueba la respuesta del aparato represivo y exigirá una mayor atención por parte de la comunidad internacional ante la evidente vulneración de los derechos económicos, sociales y civiles de la población cubana.