Una dirigente de una empresa estatal en la provincia de Holguín se ha viralizado tras protagonizar un efusivo y controvertido encuentro con el diputado y vocero oficialista Yusuam Palacios. El episodio, ocurrido durante una inspección institucional, expone la teatralidad de las visitas gubernamentales y la dinámica de subordinación que el régimen de La Habana promueve dentro de su aparato burocrático.
El intercambio tuvo lugar cuando Palacios realizaba una visita formal a la entidad holguinera. Al percatarse de la presencia del también expresidente del Movimiento Juvenil Martiano, la directiva se acercó para halagarlo, mostrándose visiblemente conmovida y al borde del llanto. \»Yo salí, dije: ‘No me puedo ir si no le doy un beso, si no lo saludo’\», manifestó la mujer frente a las cámaras, en un acto que ha generado un intenso debate en las redes sociales por su carácter servil y desmedido.
La polémica se intensificó tras los comentarios de la propia trabajadora, quien, al referirse al resto del personal de la empresa, los calificó como individuos de \»poco nivel cultural\» pero \»muy sacrificados\». Esta declaración, lejos de ser corregida, fue recibida con una sonrisa por parte del diputado, quien se limitó a asegurar que conversaría con ellos en una próxima visita, evidenciando la desconexión de la cúpula política con la base laboral y el desprecio institucionalizado hacia la ciudadanía.
Retórica oficial y montaje propagandístico
Yusuam Palacios es conocido por su intransigente defensa del castrismo y su retórica agresiva contra cualquier manifestación de disidencia. Como legislador en la Asamblea Nacional, ha utilizado su plataforma para descalificar a los críticos del gobierno cubano, tachándolos de \»enanos de papel\» o \»seres de alma baja\». En 2021, durante la fuga de peloteros en un torneo internacional en México, la dictadura cubana encontró en Palacios un vocero para etiquetar a los jóvenes atletas de \»cobardes\» y \»traidores\», demostrando la intolerancia del ejecutivo cubano ante la creciente ola de exilio motivada por la crisis estructural de la isla.
Episodios como el ocurrido en Holguín son habitualmente orquestados por las autoridades de la isla para simular un apoyo popular inexistente y maquillar el profundo descontento social derivado del colapso económico, la inflación y la represión sistemática. Sin embargo, la viralización de estos montajes suele surtir el efecto contrario, sirviendo como material para la sátira ciudadana y dejando al descubierto la profunda brecha entre la narrativa oficial y la realidad de un país que sufre las consecuencias de un modelo fracasado y carente de libertades.