Las autoridades educacionales de la isla intentan reducir la gravedad de un incidente violento ocurrido en una secundaria de Las Tunas, donde un estudiante agredió a otro con un objeto punzante. El suceso, difundido en redes sociales, obligó al régimen de La Habana a emitir una versión oficial que contradice la crudeza de las imágenes, en medio de una creciente crisis de inseguridad ciudadana que atraviesa el país.
El altercado tuvo lugar en la escuela secundaria básica Wenceslao Rivero, en la capital tunera, momentos antes de la salida de los alumnos al concluir las actividades docentes. Según videos circulados en Facebook, dos menores de edad protagonizaron una discusión dentro del aula que escaló rápidamente cuando uno de ellos extrajo un elemento punzante para agredir a su compañero, generando alarma social por la extrema violencia del ataque.
Ante la viralización del material, el director de Educación en el municipio, Eulicer Escalona Escalona, ofreció una declaración oficial buscando restar importancia a los hechos. El directivo aseguró que el agresor utilizó un \»lápiz\», causando únicamente \»rasguños en la cara sin consecuencias físicas graves\», afirmación que dijo está respaldada por un certificado médico del policlínico Piti Fajardo. Escalona Escalona indicó que se aplicarán medidas disciplinarias, pero su lectura institucional contrasta con la preocupación ciudadana ante la normalización de la agresividad en espacios educativos.
Violencia e inseguridad: el telón de fondo de la crisis social
La activista Diasniurka Salcedo Verdecia criticó la postura oficial, advirtiendo que estos actos no pueden despacharse como simples \»indisciplinas\». Salcedo Verdecia subrayó que detrás de estas agresiones subyace el acoso escolar (bullying), un problema severo que deja profundas secuelas psicológicas y físicas, y que las autoridades suelen minimizar calificándolo como \»cosas de muchachos\». Este episodio en la Wenceslao Rivero se produce apenas un día después del inicio del curso escolar 2025-2026 y en medio de un deterioro profundo de la seguridad pública en la isla.
La incapacidad del gobierno cubano para garantizar espacios seguros quedó evidenciada previamente en junio del pasado año, durante un evento de verano en los exteriores de la Finca de los Monos. En aquella ocasión, decenas de jóvenes armados con machetes y palos protagonizaron una riña masiva que sembró el pánico. Aunque el ejecutivo cubano inicialmente reportó solo dos heridos leves, horas después se vio obligado a reconocer seis lesionados, incluyendo un menor. Posteriormente, se detuvo a varios jóvenes por desórdenes públicos y tenencia ilegal de armas.
La respuesta burocrática de la dictadura cubana al ataque en la escuela de Las Tunas refleja una vez más la estrategia del poder para maquillar la realidad social. Al reducir la violencia a meras faltas administrativas, se evita asumir la responsabilidad sobre el colapso del tejido social, exacerbado por la crisis económica, el desabastecimiento y la falta de perspectivas. Mientras la inseguridad se extiende a las aulas, la ciudadanía enfrenta el deterioro de sus espacios de convivencia sin políticas públicas efectivas que mitiguen el impacto de la profunda crisis estructural que sufre la nación.