La Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) reveló los resultados de una encuesta nacional que expone la grave vulnerabilidad de los trabajadores en la isla. El informe, realizado en colaboración con la Asociación Cubana de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (ACTAE), detalla que más del 95% de los encuestados no confía en los organismos estatales encargados de garantizar la seguridad y salud ocupacional, evidenciando un colapso estructural en las políticas laborales.
El estudio, aplicado a 444 empleados de diversos sectores, principalmente del ámbito no estatal y por cuenta propia, confirma la percepción generalizada de que las autoridades de la isla no ofrecen garantías ni protección efectiva. Iván Hernández Carrillo, secretario general de la ASIC, subrayó que la falta de confianza institucional refleja una realidad donde el trabajador está completamente desamparado frente a condiciones adversas. Además, el informe expone la alarmante debilidad en la representación gremial: el 57% de los consultados no pertenece a ningún sindicato y solo un 12% está afiliado a organizaciones independientes, lo que anula cualquier capacidad de defensa colectiva frente a los abusos del sistema.
Entre los hallazgos más graves, la investigación alerta sobre la persistencia del trabajo infantil bajo la modalidad de las \»escuelas en el campo\». En estos programas, adolescentes son obligados a ejecutar labores agrícolas y de limpieza bajo fuerte presión política y social. Esta práctica, impuesta por la dictadura cubana, constituye una clara violación a los convenios internacionales de protección a la infancia y representa una forma de trabajo forzado que el poder en La Habana ha normalizado durante décadas.
Precariedad extrema y accidentes fatales en el sector energético
La falta de inversión en seguridad y el abandono institucional tienen consecuencias directas en la integridad física de los cubanos. Recientemente, un trabajador de la termoeléctrica Antonio Maceo (Renté) en Santiago de Cuba resultó gravemente herido tras la ruptura de una tubería de vapor, sufriendo quemaduras en el 89% de su cuerpo y un traumatismo craneal tras caer de una escalera. Empleados de la planta detallaron que los mantenimientos se ejecutan sin recursos ni herramientas, \»con las manos vacías\». Las cifras oficiales registradas en 2024 corroboran esta crisis: 934 accidentes laborales que dejaron 975 trabajadores lesionados y 52 fallecidos.
El régimen de La Habana mantiene a la clase trabajadora en un \»círculo de vulnerabilidad\» alimentado por la sobrecarga, el estrés, la inflación y el desabastecimiento crónico de equipos de protección. Ante este escenario, la ASIC ha propuesto al ejecutivo cubano la implementación de un Programa Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, con presupuesto definido y supervisión independiente. Asimismo, la organización exige la intervención de entes como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para obligar al gobierno a cumplir con sus compromisos internacionales. Mientras no exista un control democrático real y se desmantelen las políticas represivas, la vida y la salud de los trabajadores seguirán siendo el costo más alto del agotamiento del sistema cubano.