Jueves, 23 de julio de 2026
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Trabajador estatal con acondroplasia en Cuba se ve obligado a pedir limosna para sobrevivir

Un obrero de 51 años diagnosticado con acondroplasia complementa sus ingresos mendigando en las calles de Arroyo Naranjo, en La Habana, ante la imposibilidad de cubrir la canasta básica con su salario estatal. El caso de Yampier Lázaro Pastor Marín refleja el profundo deterioro del poder adquisitivo en la isla y la vulnerabilidad de las personas con discapacidad ante la ineficacia del sistema de asistencia social.

Yampier Lázaro Pastor Marín recorre alrededor de un kilómetro diario hasta el municipio de Arroyo Naranjo para instalarse en las afueras de la mipyme \»Gustazo\», donde extiende un recipiente hacia los transeúntes. Este hombre, quien padece de acondroplasia desde los tres años, condición que afecta el desarrollo óseo y le ha requerido múltiples cirugías, asegura que esta es su segunda jornada laboral. Tras cumplir su horario en una empresa estatal de confección de artículos de papel y cartón, donde labora desde hace nueve años, debe salir a la calle a buscar sustento.

El salario que percibe en la entidad estatal asciende a 2,500 pesos, una cifra que resulta insuficiente frente a la inflación galopante y el desabastecimiento que atraviesa el país. \»Eso no me alcanza ni para un paquete de pollo\», relata Pastor Marín, quien perdió a su madre en 2015, figura que hasta entonces había sido el principal sostén económico de su hogar. La tragedia de su situación se profundizó cuando acudió a Bienestar Social para solicitar una pensión o heredar la chequera de su progenitora, pero una comisión médica de la dictadura cubana lo declaró \»apto física y mentalmente para trabajar\», ignorando su evidente condición de vulnerabilidad.

Secuelas médicas y abandono institucional

El dictamen de aptitud laboral ignora un largo historial clínico que incluye intervenciones quirúrgicas en tobillos, vista y oídos, así como la colocación de cuñas óseas en la planta de los pies. Aunque logró aprender a caminar a los seis años sin asistencia, su movilidad sigue siendo limitada. Además, durante su última operación sufrió un paro respiratorio debido a una reacción adversa a la anestesia general, una complicación que le impide someterse a futuras cirugías y agrava su precariedad física frente a un sistema de salud en franco colapso.

El caso de Pastor Marín no es un hecho aislado, sino una consecuencia directa de la crisis estructural que sufre la isla. La política salarial del régimen de La Habana mantiene a millones de trabajadores en la indigencia, obligándolos a buscar alternativas en el sector informal o a depender de la caridad pública. La falta de una red de protección social efectiva deja en el desamparo a los sectores más vulnerables, que ven cómo sus pensiones o subsidios son devorados por el costo de la vida y la inacción del ejecutivo cubano.

Para sobrevivir, este habanero depende de la solidaridad de los transeúntes, quienes ocasionalmente le obsequian alimentos como pizza, arroz o frijoles. \»Estoy sobreviviendo por la fe y la esperanza de que algún día mi vida pueda cambiar para bien, porque estoy hasta el cuello de vivir así, pasando tanta miseria\», concluye. Su testimonio evidencia el fracaso del modelo económico impuesto por las autoridades de la isla y proyecta un panorama sombrío para una población que continúa sumergida en la pobreza extrema, sin expectativas reales de mejora por parte de las instituciones gubernamentales.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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