Una locomotora del tren número 16, con ruta desde Holguín hasta La Habana, sufrió un descarrilamiento parcial a su ingreso a los patios de la Estación Central de la capital cubana. A pesar de que los casi mil pasajeros a bordo resultaron ilesos, el incidente vuelve a reflejar el profundo deterioro de la infraestructura de transporte bajo la administración del régimen de La Habana.
El siniestro ocurrió en horas de la tarde, cuando la locomotora número 52557, que transportaba a 984 pasajeros —164 de ellos incorporados en trayectos intermedios—, se salió de las vías en una zona carente de andén, cerca del puente elevado de la estación. Según un reporte de la Unión de Ferrocarriles de Cuba, el descarrilamiento afectó cuatro ruedas de la máquina, lo que obligó a activar de inmediato los protocolos de emergencia.
Ante la situación, directivos de la Empresa de Ferrocarriles de Occidente y especialistas de Trenes Nacionales de Pasajeres se movilizaron para coordinar la respuesta. Los viajeros permanecieron inicialmente en el convoy por precaución, pero posteriormente fueron evacuados sin contratiempos. Con el apoyo de locomotoras auxiliares, la unidad fue reencauzada y trasladada para su revisión técnica, un proceso que duró poco más de una hora, tras el cual la terminal capitalina retomó su operatividad habitual.
Deterioro estructural y falta de mantenimiento
Aunque las autoridades de la isla informaron que la Administración del Transporte Ferroviario (ATF) y organismos provinciales investigan las causas técnicas del accidente, el hecho no es un suceso aislado. El sistema ferroviario nacional atraviesa una crisis prolongada, consecuencia directa de décadas de falta de inversión, obsolescencia tecnológica y escasez crónica de recursos para el mantenimiento básico de las vías y los equipos móviles.
El colapso del transporte público es un síntoma más de la profunda crisis económica que enfrenta el gobierno cubano, incapaz de garantizar servicios esenciales a la población. Mientras la infraestructura continúa deteriorándose y los accidentes se vuelven recurrentes, los ciudadanos deben lidiar con un sistema ineficiente e inseguro que limita aún más su ya precaria movilidad en un contexto de agudo desabastecimiento y crisis multidimensional.