El exespía Gerardo Hernández, actual coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), intentó minimizar la severa y prolongada crisis eléctrica que sufre la isla al compararla con los cortes de luz provocados por una tormenta en el estado de Indiana, Estados Unidos. A través de sus redes sociales, el funcionario del régimen de La Habana criticó a quienes denuncian la situación en Cuba y guardan silencio ante los apagones en la nación norteamericana, ignorando la diferencia fundamental entre un desastre natural puntual y el colapso estructural del Sistema Electroenergético Nacional (SEN).
Hernández compartió una información sobre unos 68.000 clientes que permanecían sin servicio eléctrico varios días después del paso de un temporal en territorio estadounidense. En su publicación en la red social X, el dirigente escribió: \»No es que uno quiera criticar a USA, pero los hay que VIVEN en USA (sin bloqueo, ni sanciones) criticando TODO lo de Cuba, y ahora callan, porque ‘es normal’ que -por una tormenta- en el país más rico del mundo algunos lleven semanas sin electricidad\». El mensaje incluye etiquetas propagandísticas como #CubaNoSeRinde y #CDRCuba.
La afirmación del exespía constituye un ejercicio de distracción que busca equiparar dos realidades diametralmente opuestas. Mientras que los cortes en Indiana son el resultado directo de una emergencia meteorológica que afectó la infraestructura de distribución, los apagones en Cuba son la consecuencia de décadas de mala gestión, falta de inversión y abandono de las instalaciones de generación por parte del gobierno cubano. En la isla, el déficit energético es una constante diaria que afecta a amplias zonas del país, independientemente de las condiciones climáticas.
Esta no es la primera vez que Hernández intenta normalizar o banalizar el sufrimiento de la población frente a los apagones. En marzo pasado, el coordinador de los CDR publicó un video grabado en la oscuridad desde el barrio habanero de La Güinera, en medio de una nueva caída del SEN. En las imágenes, intentó restar dramatismo a la situación con una broma: \»Si se cayó el SEN, esperemos que no se haya dado muchos golpes y que pronto se levante\». A pesar de su afirmación de que el sistema se recuperaría, el SEN ha sufrido al menos otras tres colapsos totales desde entonces, evidenciando la fragilidad de la red eléctrica nacional.
El rol de los CDR y la narrativa oficial
Gerardo Hernández regresó a Cuba tras cumplir una condena en Estados Unidos por espionaje, siendo presentado por la propaganda estatal como uno de los \»Cinco Héroes\». Posteriormente, la dictadura cubana lo designó al frente de la dirección nacional de los CDR, una organización fundada en 1960 y históricamente vinculada al control social, la vigilancia vecinal y la delación política. Su papel actual consiste, en gran medida, en mantener la cohesión ideológica en un territorio donde el descontento social crece al ritmo del deterioro de las condiciones de vida.
Los mensajes de Hernández se inscriben en la narrativa predilecta del régimen para evadir responsabilidades: atribuir la crisis eléctrica exclusivamente al embargo estadounidense. Sin embargo, esta explicación choca con los repetidos reconocimientos de las propias autoridades de la isla, que han admitido públicamente los problemas internos relacionados con la falta de combustible, las averías constantes en las termoeléctricas, la obsolescencia tecnológica y el deterioro irreversible de las instalaciones de generación.
Un colapso energético con raíces estructurales
El Sistema Electroenergético Nacional atraviesa su peor momento en décadas. La capacidad de generación disponible rara vez logra cubrir la demanda pico del país, lo que obliga al ejecutivo cubano a aplicar cortes programados que a menudo se convierten en apagones de 10, 12 o hasta 20 horas en provincias como Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque, Matanzas y las provincias orientales. Las termoeléctricas, que componen el núcleo de la generación, operan muy por debajo de su capacidad debido a la falta de mantenimientos capitales, piezas de repuesto y la insuficiencia crónica de combustible, agravada por la caída en los envíos de petróleo desde Venezuela.
Este déficit estructural no puede atribuirse únicamente a factores externos. La centralización de la economía, la ausencia de incentivos a la inversión extranjera en sectores estratégicos y la falta de autonomía empresarial han provocado que la infraestructura energética no se modernice al ritmo necesario. El deterioro de la red de transmisión y distribución añade un nivel adicional de complejidad, provocando pérdidas técnicas significativas que el gobierno cubano no ha logrado mitigar a pesar de los constantes llamados a ahorrar energía.
Impacto social y económico de los apagones
Las consecuencias de este colapso eléctrico se entrelazan directamente con la crisis sistémica que atraviesa la nación. La falta de electricidad paraliza la economía ya de por sí debilitada, afectando a los sectores productivos y a las pequeñas y medianas empresas privadas, que no pueden operar sin energía. Además, los apagones imposibilitan el bombeo de agua a los hogares, comprometen la conservación de alimentos en medio de una escasez alimentaria sin precedentes y exponen a la población a temperaturas extremas, generando un cuadro de estrés térmico que afecta especialmente a niños y ancianos.
La indignación ciudadana frente a esta situación ha sido un catalizador de protestas históricas, como las ocurridas el 11 de julio de 2021. La incapacidad del régimen de La Habana para ofrecer soluciones a corto y mediano plazo ha derivado en un aumento de la tensión social que, a su vez, es respondida con un incremento de la represión y la vigilancia por parte de los órganos de seguridad del Estado. Ante la imposibilidad de mejorar las condiciones materiales, la dictadura cubana opta por la contención punitiva del descontento y por campañas de distracción como las impulsadas por Hernández en redes sociales.
Consecuencias a futuro y desconexión con la realidad
El intento de los altos cuadros del régimen de banalizar el sufrimiento cotidiano evidencia una profunda desconexión entre la dirigencia y la realidad que padecen los ciudadanos en las calles. Mientras los apagones en EE. UU. son atendidos con protocolos de emergencia y recursos inmediatos para restaurar el servicio, en Cuba la población ha tenido que adaptar su vida a la ausencia de electricidad como una normalidad impuesta por la ineficiencia estatal. Las redes sociales se han convertido en el único espacio donde los cubanos pueden documentar y denunciar la gravedad de la crisis, burlando la censura oficial.
De cara al futuro, la persistencia de esta crisis energética amenaza con profundizar el ya masivo éxodo migratorio que ha vaciado a la isla de su fuerza laboral y juvenil. La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos mantienen su mirada sobre Cuba, observando cómo el deterioro de los servicios básicos convive con un aparato represivo implacable. La pregunta que persiste en la sociedad civil cubana es cuánto tiempo más podrá sostenerse un sistema que, incapaz de encender sus propias turbinas, pretende apagar la conciencia crítica de su pueblo con comparaciones falaces y discursos desgastados.