Lunes, 31 de agosto de 2026
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Empresa Eléctrica de Granma admite que sus propios trabajadores saquean la infraestructura energética

Empresa Eléctrica de Granma admite que sus propios trabajadores saquean la infraestructura energética

La Empresa Eléctrica de Granma ha reconocido oficialmente la implicación directa de trabajadores del sector en el robo de aceite dieléctrico y componentes de instalaciones fotovoltaicas, delitos que profundizan el ya crítico colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). La admisión, hecha pública durante una reunión ampliada de la entidad, expone una grave crisis de control institucional y corrupción interna que el régimen de La Habana intenta manejar con una retórica de \»tolerancia cero\», en medio de los apagones más prolongados de las últimas décadas.

Según informó la emisora oficial Radio Bayamo, la dirección de la empresa provincial convocó a una reunión ampliada con representantes de las unidades empresariales y direcciones funcionales para abordar las indisciplinas y hechos delictivos que perjudican al sistema eléctrico. El encuentro fue encabezado por el director general de la entidad, Geider Mompié Rodríguez, y el director de Organización y Sistemas, Henry Silvera Cabrera, quienes identificaron la sustracción de aceite para transformadores y el saqueo de parques solares como los principales delitos que aquejan al sector en la provincia oriental.

Lo más revelador del encuentro no fue la enumeración de los delitos, sino la admisión tácita de que el deterioro no proviene únicamente de la delincuencia común externa. La propia empresa reconoció que, en varios de estos eventos, se ha identificado la implicación directa de empleados del sector energético. \»Resulta doloroso, y absolutamente condenable que, en algunos de estos eventos, se haya identificado la implicación directa de trabajadores del propio sector\», señaló el medio oficial, exponiendo una fractura ética e institucional que el gobierno cubano suele omitir en sus narrativas sobre el colapso de los servicios públicos.

El aceite dieléctrico cumple una función técnica indispensable en los transformadores eléctricos, ya que garantiza el aislamiento y disipa el calor generado durante el funcionamiento de los equipos. La sustracción de este líquido no solo compromete la operatividad de los transformadores, sino que multiplica el riesgo de averías irreparables en una red que ya opera bajo condiciones extremas de precariedad. De igual manera, el robo de componentes en los parques fotovoltaicos neutraliza uno de los pocos esfuerzos visibles de inversión en energías renovables que el ejecutivo cubano ha intentado implementar para paliar el déficit de generación.

Ante esta situación, la dirección de la Empresa Eléctrica de Granma aseguró que trabaja en coordinación con la Fiscalía General, los tribunales y los órganos de control y auditoría para determinar responsabilidades y aplicar \»toda la severidad de la ley\» contra los culpables. Asimismo, anunció el supuesto reforzamiento de los mecanismos de vigilancia desde las unidades de base y una mayor exigencia de transparencia en los procedimientos internos, aunque la entidad omitió precisar cuántos empleados están bajo investigación o los detalles de los casos concretos.

El colapso estructural y la narrativa del sabotaje

El reconocimiento de los robos internos ocurre en el punto más álgido de la crisis energética que sufre la isla. El Sistema Electroenergético Nacional atraviesa una de sus etapas más críticas, con apagones que superan las 10 o 12 horas diarias en varias provincias, profundizando el desespero de la población. El déficit de generación es el resultado de la combinación de averías crónicas en las centrales termoeléctricas, la obsolescencia de las redes de transmisión y la aguda escasez de combustible, agravada por la incapacidad del régimen para garantizar la compra de petróleo en el mercado internacional.

En los últimos meses, las autoridades de la isla han intentado desviar la atención de su propia ineficiencia atribuyendo gran parte de las afectaciones del SEN a hechos de robo, vandalismo y presunto sabotaje. Si bien el delito común existe y se ha incrementado, estos argumentos conviven de manera hipócrita con un deterioro estructural evidente, producto de décadas de falta de inversiones, mala planificación y el abandono del mantenimiento preventivo en las plantas generadoras. La admisión de Granma demuestra que parte de la desidia y el saqueo nace desde el seno de las propias instituciones del Estado.

Corrupción interna como síntoma de la crisis económica

La participación de trabajadores del sector en el desmantelamiento de la infraestructura estatal no es un fenómeno aislado, sino un síntoma directo de la profunda crisis económica que asfixia a la población cubana. Con salarios estatales que pierden poder adquisitivo a diario frente a una inflación galopante, muchos trabajadores se ven empujados al mercado negro para poder alimentar a sus familias. El robo de recursos institucionales, como el aceite dieléctrico o piezas de valor, se ha convertido en una válvula de escape ante la imposibilidad de sostener un nivel de vida básico con los ingresos oficiales que paga el gobierno cubano.

Este ambiente de descomposición social e institucional está intrínsecamente ligado al éxodo migratorio masivo que ha vaciado al país de su fuerza laboral. Ante la falta de oportunidades, el control asfixiante de la dictadura cubana sobre la economía privada y la represión sistemática contra cualquier forma de disidencia, cientos de miles de ciudadanos han optado por abandonar la isla. Los que se quedan enfrentan un escenario de desabastecimiento crónico, donde la supervivencia a menudo exige cruzar la frágil línea de la legalidad impuesta por el poder.

Implicaciones y perspectivas futuras

La admisión de la Empresa Eléctrica de Granma deja al descubierto una fractura insalvable en la gestión estatal de los recursos vitales. Prometer \»tolerancia cero\» y aplicar la severidad de la ley contra trabajadores que roban para sobrevivir, mientras la alta dirigencia del país mantiene sus privilegios y el control absoluto sobre las palancas económicas, difícilmente resolverá la crisis de fondo. Mientras el régimen de La Habana no asuma la responsabilidad de su modelo económico fallido y no abra espacios de libertad y prosperidad real, el saqueo interno y el colapso de los servicios públicos continuarán profundizándose, dejando a la ciudadanía en la oscuridad literal y metafórica.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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