El veterano periodista, escritor y colaborador histórico de Cubanet, Víctor Manuel Domínguez, falleció este viernes en La Habana. Su deceso ocurre mientras atravesaba graves complicaciones de salud, dejando un vacío irreparable en el periodismo independiente de la isla, donde documentó la represión y la crisis social pese a la hostilidad constante del Estado.
Nacido en Bayamo en 1957, Domínguez dedicó su vida a la crónica, el análisis y la literatura, construyendo una obra enfocada en los derechos humanos y la realidad sociopolítica de la nación. Desde 1996, sus textos sirvieron como un contrapunto necesario a la narrativa oficial del régimen de La Habana, abordando temas que la prensa estatal omite sistemáticamente. Su labor se extendió a la promoción cultural como vicepresidente del Club de Escritores Independientes de Cuba, desde donde apoyó a generaciones de creadores alejados de los circuitos tolerados por el poder.
El comunicador enfrentaba un severo deterioro en su salud debido a una diabetes crónica, padecimiento que se complica aún más ante el colapso del sistema sanitario en la isla. Tras haber sido sometido a la amputación de una de sus piernas, su fallecimiento ocurrió mientras se preparaba para la inminente pérdida de la otra. Esta situación refleja la precariedad material y médica que sufren miles de cubanos, agravada por la ineficiencia de las autoridades de la isla en la atención a enfermedades crónicas y en el suministro básico de medicamentos.
Represión y censura contra una voz incómoda
La trayectoria de Domínguez estuvo marcada por el accionar represivo de la dictadura cubana. Sus obras literarias, que incluyen el poemario \»Café sin Heydi frente al mar\» y varios reconocimientos en concursos nacionales, sufrieron la censura ideológica del ejecutivo cubano, siendo retiradas de editoriales estatales o impedidas de publicarse por motivos políticos. La persecución contra su integridad profesional también se materializó en la prohibición de viajar al extranjero para participar en eventos académicos y culturales.
A través de la figura de la \»regulación\» migratoria, la Seguridad del Estado le impidió en múltiples ocasiones salir del país. Esta práctica, habitual contra activistas y periodistas independientes, evidencia el control absoluto que ejerce la dictadura sobre el libre movimiento de los ciudadanos que disienten del modelo oficial. Pese a estas restricciones, el acoso constante y el deterioro físico, Domínguez mantuvo su compromiso intelectual y su rigor analítico hasta sus últimos días.
La muerte de Víctor Manuel Domínguez representa una pérdida significativa para la sociedad civil cubana y el periodismo crítico. Su partida subraya el impacto combinado del éxodo migratorio, las enfermedades no atendidas y el desgaste físico que sufren aquellos que deciden ejercer el periodismo libre dentro de la isla. Su legado perdurará como un registro documental indispensable de la represión y como testimonio de la resistencia intelectual frente a un sistema que anula sistemáticamente la libertad de expresión.