Martes, 15 de septiembre de 2026
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EE.UU. traslada a un primer grupo de cubanos deportados a Guyana como \»tercer país\» receptor

EE.UU. traslada a un primer grupo de cubanos deportados a Guyana como \»tercer país\» receptor

Un primer contingente de migrantes expulsados de Estados Unidos, entre los que se encuentran ciudadanos cubanos y afganos, ha sido trasladado a Guyana bajo un nuevo acuerdo migratorio firmado con la administración de Donald Trump. La medida convierte al país sudamericano en una estación de espera para deportados cuya repatriación directa a sus naciones de origen enfrenta obstáculos legales o diplomáticos, sumiendo a los nacionales de la isla en un limbo legal mientras huyen del colapso estructural impulsado por el régimen de La Habana.

Según confirmaron funcionarios estadounidenses a la cadena CBS News, el gobierno de Georgetown ya ha recibido a este grupo inicial de extranjeros. El secretario de Relaciones Exteriores de Guyana, Robert Persaud, detalló a la agencia Associated Press que el entendimiento es resultado de meses de negociaciones y establece a la nación sudamericana como un \»tercer país\» receptor por un periodo de un año, independientemente de la nacionalidad de los migrantes involucrados.

Persaud aclaró que el convenio no contempla el reasentamiento permanente de los deportados en territorio guyanés. Los individuos trasladados quedan amparados bajo el denominado \»Programa de Retorno Voluntario Asistido\», una figura legal que les permite permanecer temporalmente en el país mientras las autoridades estadounidenses resuelven la situación de sus expedientes migratorios. Esta fórmula busca evitar el hacinamiento en centros de detención de EE.UU. y agilizar las expulsiones bajo el nuevo endurecimiento fronterizo.

La estrategia migratoria de Washington y el limbo legal

La inclusión de Guyana en la lista de naciones receptoras se enmarca en la ofensiva de la administración Trump para endurecer y expandir su política de expulsiones tras su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025. Con esta jugada, Washington suma a Georgetown a un grupo de más de 30 países que han aceptado colaborar en la gestión de migrantes en situación irregular. Otras naciones del Caribe y Centroamérica, como Belice, San Cristóbal y Nieves y Santa Lucía, ya han comenzado a recibir contingentes similares en los últimos meses.

Para los cubanos, este acuerdo adquiere una relevancia particular. Históricamente, la ejecución de deportaciones directas hacia la isla ha estado plagada de fricciones diplomáticas y negativas por parte de las autoridades cubanas para aceptar el retorno de sus propios ciudadanos, especialmente de aquellos con expedientes penales o que abandonaron el país de forma irregular. La utilización de terceros países como Guyana —una nación de apenas 800.000 habitantes y único territorio sudamericano angloparlante— se convierte así en una vía alternativa para el ejecutivo estadounidense frente a la intransigencia del gobierno cubano.

El éxodo incesante y la responsabilidad del régimen

El traslado de cubanos a Guyana no puede entenderse sin analizar el contexto de crisis sistémica que sufre la isla. Durante los últimos años, Cuba ha experimentado uno de los mayores éxodos migratorios de su historia reciente, superando incluso los números de la crisis de los balseros en los años noventa. Cientos de miles de ciudadanos han cruzado las peligrosas selvas del Tapón del Darién o se han lanzado al mar en embarcaciones precarias huyendo de la pobreza extrema, la inflación galopante y la falta de oportunidades. Esta hemorragia demográfica es la consecuencia directa de la ineficiencia del modelo económico centralizado impuesto por el gobierno cubano, la asfixia de la iniciativa privada y la total incapacidad del Estado para garantizar la subsistencia básica de su población.

El desabastecimiento crónico de alimentos, medicamentos y combustible, sumado a los apagones prolongados que superan las 10 horas diarias en muchas provincias, ha hecho inviable la vida para gran parte de la población. A esta crisis económica se suma el endurecimiento de la represión política. La dictadura cubana ha incrementado los hostigamientos, detenciones arbitrarias y penas de cárcel contra cualquier manifestación de disidencia, creando un clima de terror que obliga a los ciudadanos a elegir entre el exilio o la sumisión absoluta.

Ante esta realidad, el régimen de La Habana ha utilizado la migración como una válvula de escape para aliviar la presión social interna. Al promover la salida masiva de jóvenes y disidentes, las autoridades de la isla evitan un estallido social, a la vez que se benefician de las remesas que estos emigrantes envían desde el extranjero, las cuales se han convertido en uno de los principales pilares de la maltrecha economía nacional. Sin embargo, al dificultar el retorno de los deportados, la dictadura los condena a un limbo jurídico en naciones terceras, desentendiéndose de su suerte.

Incertidumbre y futuro para los deportados

Los cubanos que actualmente se encuentran en Guyana bajo el Programa de Retorno Voluntario Asistido enfrentan un panorama de profunda incertidumbre. Aunque el gobierno guyanés ha mostrado disposición para colaborar con Washington, impulsado en parte por su reciente auge económico derivado de la explotación petrolera, la capacidad de absorción social y laboral de un país pequeño y en vías de desarrollo es limitada. Estos migrantes deben sortear ahora las barreras idiomáticas, la falta de redes de apoyo familiares y la angustiosa espera de resoluciones legales que pueden tardar meses o incluso años, dependiendo de la burocracia estadounidense y de la voluntad del gobierno cubano para aceptar su repatriación.

En el escenario de que las gestiones diplomáticas fracasen y sean finalmente repatriados a la isla, las consecuencias para estos ciudadanos son severas. El retorno a Cuba implica enfrentarse nuevamente a la misma crisis estructural que los obligó a emigrar, pero ahora con el estigma social y la vigilancia estatal que el gobierno cubano impone a los repatriados, a quienes frecuentemente se les excluye de empleos estatales y se les somete a un escrutinio político constante por parte de los órganos de seguridad del Estado.

La crisis migratoria cubana, por tanto, sigue siendo un síntoma de la grave enfermedad institucional y económica que padece la isla. Mientras el gobierno estadounidense endurezca sus políticas fronterizas y busque acuerdos con terceros países como Guyana para gestionar el flujo, la solución de fondo seguirá pendiente. La comunidad internacional mantiene la mirada sobre la región, pero la verdadera resolución del éxodo exige un cambio democrático en Cuba, el cese de la represión por parte de la dictadura y la implementación de reformas estructurales que permitan a los cubanos vivir con dignidad en su propio territorio, sin tener que arriesgar su vida en rutas migratorias cada vez más hostiles e inciertas.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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