Un grupo de residentes en la intersección de Salud y Belascoaín, en el municipio de Centro Habana, protagonizó un tumulto tras el derrame de lotes dañados de una bebida alcohólica energizante en un almacén mayorista. El incidente, ocurrido durante un apagón prolongado, evidenció nuevamente el profundo deterioro de las condiciones de vida y el estado de indigencia al que ha sido sometida la población civil por la ineficacia del régimen de La Habana.
El conflicto se originó en la mipyme ubicada en el número 458 de la calle Salud, donde un grupo de blísteres de la bebida Havik —una mezcla de vodka y energizante de amplio consumo— sufrió daños y el líquido se derramó. Ante la imposibilidad de comercializar el producto afectado, la administración del local decidió obsequiar las latas. La noticia desató de inmediato un tumulto en la entrada del establecimiento, donde decenas de personas, incluidos menores de edad, se empujaban y gritaban para intentar recolectar las latas reventadas y extraer hasta la última gota del líquido derramado para almacenarlo en galones de agua.
La escena se desarrolló en medio de un corte de electricidad que afectaba la zona desde horas de la tarde, exacerbado por las altas temperaturas y la acumulación de basura en las calles. La putrefacción del líquido derramado atrajo nubes de moscas y generó temor de un brote de enfermedades gastrointestinales entre los residentes de los edificios colindantes. La ausencia de un sistema adecuado de higiene urbana y la falta de control sanitario por parte de las autoridades de la isla propiciaron un ambiente de insalubridad que pone en riesgo directo la salud pública de la comunidad.
Indigencia, represión y presunta corrupción policial
Este tipo de estallidos espontáneos por recursos básicos o productos de escaso valor se ha vuelto recurrente, reflejando el nivel de miseria y abandono estructural que sufre la población. La crisis económica, la hiperinflación y el desabastecimiento crónico impulsados por el gobierno cubano han empujado a amplios sectores de la sociedad a la desesperación, utilizando el alcoholismo y otras sustancias como mecanismos de evasión frente a una realidad insostenible. La imagen de niños y adolescentes descalzos participando en el desorden para conseguir restos de alcohol ilustra la fractura social y el abandono institucional que profundiza la dictadura cubana con sus políticas fallidas.
El caos obligó a la intervención de la policía, cuya actuación no hizo más que confirmar la falta de profesionalidad y la impunidad del aparato represivo. Al llegar al lugar, los oficiales dispersaron a la multitud con violencia, empujando a una mujer que protestó por la intervención. Posteriormente, el supuesto dueño de la mipyme fue introducido en una patrulla, pero fue liberado a los pocos minutos. El empresario abandonó el lugar en un moderno vehículo Hyundai tras estrechar la mano de uno de los uniformados, un hecho que desató el repudio de los vecinos, quienes denunciaron la presunta corrupción y complicidad de las fuerzas del orden con el sector privado afín al poder.
Al finalizar el incidente, la calle quedó convertida en un vertedero de latas y residuos, sin que la administración de la mipyme asumiera responsabilidad alguna por el desastre sanitario generado, ni el Estado garantizara la limpieza de la vía. Este suceso en Centro Habana es un termómetro de la presión social acumulada y el colapso total de los servicios públicos. Mientras la ciudadanía sobrevive en la indigencia y el régimen mantiene su control mediante la represión y la impunidad, la crisis de gobernabilidad en Cuba se profundiza, augurando escenarios de mayor inestabilidad social si no se restablecen las libertades fundamentales y se atienden las necesidades básicas de la población.