Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El colapso de las telecomunicaciones en Cuba: ETECSA impone tarifas en dólares mientras la calidad del servicio se desploma

El colapso de las telecomunicaciones en Cuba: ETECSA impone tarifas en dólares mientras la calidad del servicio se desploma

LA HABANA. La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) ha consolidado un modelo de gestión que privilegia la extracción de divisas por encima de la prestación de un servicio público eficiente. A pesar de las recientes y polémicas modificaciones en las tarifas y ofertas de datos móviles, justificadas bajo el argumento de la necesidad de ingresos para mejorar la infraestructura, la calidad de las telecomunicaciones en la isla continúa deteriorándose de manera acelerada, afectando tanto la telefonía móvil como la fija y profundizando la brecha digital y social en el país.

Durante el último año, el régimen de La Habana llevó a cabo una serie de «mantenimientos técnicos» que, en la práctica, sirvieron de antesala para imponer una impopular y restrictiva reforma tarifaria. En mayo, las autoridades de la isla modificaron las ofertas de navegación, argumentando que el incremento de los ingresos era indispensable para garantizar la sostenibilidad de las redes. Sin embargo, meses después de aquellas medidas, los usuarios no perciben mejoría alguna. Por el contrario, experimentan un servicio cada vez más inestable, con frecuentes interrupciones y una cobertura que no corresponde a los millonarios recursos que la empresa monopolio capta anualmente.

Uno de los problemas más críticos que enfrenta la ciudadanía es la imposibilidad de reparar los equipos telefónicos. Aunque la normativa oficial de ETECSA establece que cada cliente tiene derecho a una única reposición de terminal en moneda nacional por un precio de 60 pesos, en la práctica esta opción es inexistente debido a la falta de disponibilidad. El deterioro natural de los dispositivos, sumado a la incapacidad técnica para repararlos por la ausencia de piezas de repuesto —una situación inverosímil para una empresa con altos márgenes de ganancia—, deja a los usuarios en un callejón sin salida.

La única alternativa viable para quienes ya agotaron su oportunidad de adquirir un equipo en pesos cubanos es la compra de teléfonos en moneda dura en las oficinas comerciales de la empresa, a precios prohibitivos para el salario medio cubano. Esta dinámica obliga a miles de personas a depender de remesas o de familiares en el extranjero (FE) para poder mantenerse comunicados. Las plataformas digitales del monopolio estatal están saturadas de ofertas dirigidas al público residente en Cuba pero pagaderas desde el exterior, evidenciando cómo el gobierno cubano lucra sistemáticamente con las necesidades insatisfechas de su población y la diáspora.

La crisis de la telefonía fija y el abandono institucional

La falta de equipos móviles ha devuelto una importancia vital a la telefonía fija, especialmente en un contexto donde el vandalismo y la desidia gubernamental han destruido prácticamente la red de teléfonos públicos. Para los sectores más vulnerables de la sociedad cubana —ancianos, personas de bajos ingresos y aquellos sin acceso a divisas—, el teléfono fijo representa el único vínculo con el mundo exterior. No obstante, muchos de estos usuarios se ven obligados a seguir pagando cuotas de mantenimiento mensuales para no perder su contrato de manera permanente, a pesar de permanecer incomunicados durante meses por averías que la empresa no logra resolver.

A la deficiencia técnica se suma la apatía institucional. En tiendas, instituciones estatales y centros de atención al público, ignorar las llamadas telefónicas se ha convertido en una práctica generalizada. Con la proliferación de teléfonos móviles entre los empleados, las llamadas de interés personal se canalizan directamente, mientras que la línea fija del centro de trabajo es ignorada. Para el ciudadano común, esto se traduce en horas de marcación inútil y la obligación de desplazarse físicamente hasta el establecimiento para verificar información básica, como horarios o disponibilidad de productos, lo que implica un gasto desproporcionado de tiempo, energía y dinero en un país con el transporte público colapsado.

El deterioro de ETECSA se manifiesta en múltiples fallas que erosionan su ya mermada reputación: saldos que desaparecen sin explicación, servicios que se congelan durante los frecuentes apagones, modernizaciones de infraestructura que no se traducen en mejoras perceptibles y demoras interminables en las reparaciones. Las redes, tanto fijas como móviles, acusan un desgaste anual que aumenta la insatisfacción popular. La histórica consigna del Ministerio de las Comunicaciones, «En la guerra como en la paz, mantendremos las comunicaciones», es hoy objeto de burla popular, matizada con un amargo «si no llueve y hay corriente».

Contexto sistemico: El monopolio como instrumento de control y extracción

El colapso de las telecomunicaciones no es un fenómeno aislado, sino un síntoma más de la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba. La inflación galopante, la pérdida del poder adquisitivo del salario en pesos cubanos y la extrema dependencia de las remesas han creado un escenario de apartheid económico. En este contexto, ETECSA opera no como un servicio público orientado al desarrollo social, sino como una máquina de captación de divisas para el régimen de La Habana. La negativa a permitir la competencia privada en el sector de las telecomunicaciones garantiza un monopolio que penaliza al ciudadano de a pie y restringe su derecho a la información y la comunicación.

Además, la vulnerabilidad de la red telefónica e internet frente a los apagones evidencia la falta de inversión en infraestructura resiliente. Mientras el gobierno cubano destina cuantiosos recursos a la represión, el aparato de seguridad y el mantenimiento del poder político, sectores estratégicos como las telecomunicaciones sufren un abandono técnico que afecta la continuidad de los servicios esenciales. La incapacidad de mantener las comunicaciones durante crisis energéticas afecta directamente la capacidad de los ciudadanos para organizarse, acceder a información independiente y reportar emergencias, lo que se alinea con las políticas de control y censura de la dictadura cubana.

Antecedentes y el impacto del aislamiento digital

Históricamente, Cuba ha mantenido uno de los índices de conectividad más bajos de América Latina, consecuencia directa de la política estatal de restricción al acceso a las nuevas tecnologías de la información. La llegada de la red 3G y posteriormente la 4G a los teléfonos móviles fue un proceso tardío y altamente costoso para los usuarios. Desde su implementación, ETECSA ha aplicado una estrategia de segmentación tarifaria, ofreciendo planes en pesos cubanos extremadamente limitados y paquetes en moneda libremente convertible que la mayoría no puede costear. Esta política ha consolidado un modelo donde el acceso a internet es un lujo, no un derecho.

La actual crisis de las telecomunicaciones tiene repercusiones directas en el éxodo migratorio que vive la isla. La imposibilidad de mantener una comunicación fluida y económica con familiares en el exterior, sumada a las dificultades para acceder a plataformas de trabajo remoto o educación a distancia, empuja a miles de jóvenes y profesionales a abandonar el país. El aislamiento digital es también un aislamiento económico y social que asfixia cualquier intento de emprendimiento privado independiente del control estatal.

En conclusión, la situación de ETECSA refleja la inviabilidad del modelo económico y político cubano. Mientras el monopolio siga priorizando la extracción de divisas para sostener las arcas del Estado en detrimento de la inversión en infraestructura y calidad de servicio, la ciudadanía continuará padeciendo el aislamiento. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos digitales deben prestar atención a cómo el control de las telecomunicaciones es utilizado por la dictadura como una herramienta más de represión y control social. La democratización del acceso a internet y la apertura del sector a la competencia son pasos indispensables, aunque imposibles sin un cambio estructural que devuelva a los cubanos sus derechos fundamentales.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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