Miércoles, 22 de julio de 2026
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El régimen de La Habana delega las negociaciones con Washington en el círculo íntimo de la familia Castro

Una investigación publicada por The Wall Street Journal revela que Raúl Castro, pese a su retiro formal, continúa dirigiendo las conversaciones diplomáticas con Estados Unidos a través de su núcleo familiar. El manejo de estos diálogos evidencia la naturaleza dinástica del poder en la isla y relega a un segundo plano la figura de Miguel Díaz-Canel.

El reportaje del diario estadounidense detalla que la estructura de poder en Cuba permanece anclada en la figura de Raúl Castro Ruz, de 94 años, quien opera desde la sombra para guiar los destinos del país. Lejos de una transición institucional transparente, el régimen cubano ha encomendado la gestión de los diálogos bilaterales a su linaje más directo. Entre los protagonistas figuran Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido popularmente como \»El Cangrejo\»; Alejandro Castro Espín, alias \»El Tuerto\»; y Óscar Pérez-Oliva Fraga. Los dos primeros han asumido roles de enlace y seguridad, replicando esquemas de negociaciones secretas del pasado, mientras que el tercero se perfila como un cuadro ascendente dentro de la cúpula gubernamental.

La revelación periodística confirma la marginación operativa de Miguel Díaz-Canel en asuntos de alta política exterior, a pesar de que el propio gobernante admitió a mediados de marzo la apertura de un canal de diálogo con el gobierno estadounidense. Según el análisis, los tres familiares designados mantienen estrechos vínculos con GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas que monopoliza los sectores más lucrativos de la economía nacional. Esta conexión subraya cómo el control militar y la lealtad sanguínea prevalecen sobre cualquier estructura civil del Estado.

Continuidad dinástica en medio del colapso estructural

El manejo opaco de estas negociaciones expone la crisis de legitimidad y representatividad que atraviesa la dictadura cubana. Mientras la ciudadanía enfrenta una severa crisis económica marcada por la inflación galopante, el desabastecimiento crónico de servicios básicos y un éxodo migratorio sin precedentes, las autoridades de la isla priorizan la perpetuación de un clan familiar en las decisiones estratégicas. La designación de Pérez-Oliva Fraga —actual viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior— como posible sucesor de Díaz-Canel refuerza la tesis de que la sucesión en Cuba no responde a la voluntad popular, sino a la tutela del aparato represivo y familiar.

Frente al escrutinio internacional, el ejecutivo cubano ha cerrado filas en torno a su inamovilidad política. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, declaró categóricamente que ni el sistema político ni la permanencia de Díaz-Canel forman parte de la mesa de negociación con Washington. Esta postura evidencia la negativa de la dictadura a abrir espacios democráticos o ceder control institucional, utilizando el diálogo diplomático únicamente como una herramienta de supervivencia para aliviar el aislamiento, sin contemplar las reformas estructurales que demanda la agobiada población cubana.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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