El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el régimen de La Habana está \»muy cerca del colapso\» debido a la pérdida del respaldo financiero y petrolero que recibía de Venezuela. Las declaraciones, ofrecidas durante una visita a un restaurante en Iowa, se producen en medio de una creciente presión de Washington y una profunda crisis energética que asfixia a la isla.
Durante el intercambio con periodistas, el mandatario estadounidense subrayó que el gobierno cubano dependía históricamente de Caracas para su supervivencia económica. \»Obtenían su dinero de Venezuela, obtenían su petróleo de Venezuela, ya no lo están recibiendo\», afirmó Trump. Estas declaraciones reiteran advertencias previas emitidas en su red social Truth Social, donde sugirió que las autoridades de la isla deberían negociar con Washington ante el inminente fracaso de un sistema sostenido durante años por el flujo de recursos foráneos.
Ante estas declaraciones, la dictadura cubana respondió con la retórica habitual de confrontación. Miguel Díaz-Canel rechazó la presión estadounidense en redes sociales, calificando a la isla como una \»nación libre, independiente y soberana\» y advirtiendo que se preparan \»para defender la patria hasta la última gota de sangre\». Este tipo de discurso se enmarca en la habitual estrategia del régimen para justificar la represión interna, el control absoluto sin control democrático y desviar la atención sobre su responsabilidad en la incapacidad de garantizar los servicios básicos a la población.
Una crisis energética que ahoga a la ciudadanía
La realidad cotidiana en las calles refleja la gravedad de las advertencias. La isla atraviesa apagones que superan las 22 horas diarias, hundiendo a la población en una crisis estructural agudizada por la inflación, el desabastecimiento y el colapso del sistema eléctrico. Aunque el ejecutivo cubano culpa sistemáticamente a las sanciones de Estados Unidos, la pérdida del flujo de petróleo venezolano ha dejado al descubierto la fragilidad de una economía centralizada e ineficiente que subsistía artificialmente gracias a subsidios externos.
El panorama para el régimen de La Habana se complica aún más con la incertidumbre sobre los envíos de combustible desde México. La presidenta Claudia Sheinbaum no negó los reportes sobre una posible suspensión en los suministros, alegando que se tratan de decisiones \»soberanas\» tomadas ante el temor a represalias de Washington. La conjunción de la retirada del apoyo venezolano y la potencial escasez del respaldo mexicano augura un escenario crítico, donde la falta de energía podría precipitar el colapso total de los servicios públicos, intensificar el sufrimiento de los cubanos y profundizar el ya masivo éxodo migratorio hacia otras naciones.