Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Dictadura cubana libera al preso político Alien Tijerino Castro tras casi cuatro años de encarcelamiento

Dictadura cubana libera al preso político Alien Tijerino Castro tras casi cuatro años de encarcelamiento

El activista Alien Tijerino Castro recuperó su libertad tras pasar tres años y diez meses privado de ella, sancionado por el delito de «propaganda enemiga». Su caso ilustra el uso sistemático de la represión estatal contra la disidencia pacífica y expone el colapso del sistema penitenciario cubano, flagelado por el hambre, la ausencia de atención médica y la tortura psicológica institucionalizada.

El pasado 18 de abril, las autoridades de la isla pusieron fin al encierro de Tijerino Castro en el centro penitenciario abierto La Lima. Su delito había sido lanzar cientos de octavillas en una calle del municipio de Centro Habana, contenían frases de los próceres independentistas José Martí y Antonio Maceo. El régimen de La Habana consideró este acto de reivindicación histórica y libre expresión como una amenaza a la seguridad del Estado, procesándolo en 2022 junto al periodista Lázaro Yuri Valle Roca bajo el cargo de «propaganda enemiga de carácter continuada».

Al narrar su experiencia, Tijerino Castro detalló a medios independientes el calvario sufrido en instalaciones como el cuartel general de la Seguridad del Estado, Villa Marista, la prisión Combinado del Este y los campamentos de trabajo correccional Zona Cero y La Lima. El activista confesó haber atravesado momentos de profunda desesperación, incluyendo ideaciones suicidas, derivados del aislamiento extremo y las tácticas de desgaste mental implementadas por los carceleros.

La tortura psicológica como herramienta de control

El exprisionero ofrecó un testimonio escalofriante sobre la evolución de los métodos represivos de la dictadura cubana. Según explicó, el modelo de tortura ha mutado hacia formas más sutiles pero igual de destructivas que la violencia física. «No te quitan un dedo, no te arrancan una uña, no te dan un golpe; ahora te torturan con tu familia, con tus hijos, con tu dignidad, con actos de repudio que te hacen», afirmó el activista, evidenciando cómo el Estado utiliza la coerción psicológica para quebrar la voluntad de los opositores.

El gobierno cubano negó sistemáticamente a Tijerino Castro el derecho a la libertad condicional durante su encierro. Esta negación se sumó a un castigo emocional mayor: durante su reclusión, el activista perdió a sus dos abuelos y le fue impedido mantener contacto cercano con sus hijos. Además, relató cómo la presión del aparato represivo logró alejar a sus familiares, quienes lo visitaron casi al final de su condena. «Me sentí solo física y mentalmente y, encima de eso, tuve que soportar la presión de los comunistas para hacerte cambiar de opinión ofreciéndote tratos y alguna comodidad dentro de la prisión», denunció.

Hacinamiento, desnutrición y abandono médico en las prisiones

Las condiciones materiales en las cárceles cubanas reflejan el deterioro profundo de la infraestructura estatal. En Villa Marista, Tijerino Castro recordó que la alimentación, aunque ligeramente más aceptable que en otras prisiones, era extremadamente escasa. Desayunos a las 6:00 de la mañana, almuerzos al mediodía y comidas a las 4:30 de la tarde, sin ningún otro consumo hasta el día siguiente. El activista relató que debía ingerir hasta ocho vasos de agua diarios alrededor de las comidas para engañar al estómago y sentir saciedad, una práctica que calificó de «nefasto».

Sin embargo, la situación en el Combinado del Este, una de las prisiones más grandes y pobladas del país, era descrita como «crítica». El relato sobre la alimentación dibuja un panorama de miseria absoluta: arroz servido con gusanos o medio crudo, manipulado con las manos desnudas por los propios reos para desgranarlo; picadillo en estado de descomposición, potajes consistentes en «tres granos de chícharos flotando en agua» y sopas que eran simplemente el agua donde hervieron las viandas. La desnutrición era tal que los presos pasaban el tiempo acostados para no gastar energía, y muchos se desmayaban en el comedor por inanición.

A la hambruna se suma la negligencia médica estructural. Tijerino Castro denunció que la policía penitenciaria minimiza las emergencias de salud bajo el pretexto de que los reos «fingen» enfermedades. Relató que durante su estancia en el Combinado del Este hubo personas que fallecieron por la negativa de los guardias de abrir las rejas para llevar a los enfermos al médico. Asimismo, denunció brotes de hepatitis y tuberculosis que fueron ignorados por las autoridades; los presos eran confinados en sus celdas sin tratamiento médico alguno, obligados a curarse por sí mismos, y solo se les permitía salir al patio o usar el teléfono cuando la enfermedad había remitido por inercia.

Antecedentes de la criminalización de la disidencia

El caso de Alien Tijerino Castro no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de la dictadura para sofocar cualquier atisbo de disidencia tras las protestas masivas del 11 de julio de 2021. La judicialización de la protesta pacífica ha sido la respuesta del ejecutivo cubano a una sociedad que exige cambios. La condena en 2022, compartida con el periodista Lázaro Yuri Valle Roca —quien permanece encarcelado por ejercer su derecho a la libertad de prensa y expresión—, enmarca una etapa de intensa persecución política donde el Código Penal es utilizado como un arma de silenciamiento.

Contexto: El sistema penitenciario como espejo de la crisis nacional

Las penurias descritas por el activista dentro de las prisiones son una versión agravada del colapso estructural que sufre toda Cuba. La escasez de alimentos, la inflación galopante y el deterioro del sistema de salud pública no solo afectan a la ciudadanía en libertad, sino que se recrudecen de manera brutal en los centros de reclusión. El desabastecimiento nacional hace que las raciones carcelarias, ya de por sí insuficientes, se conviertan en un peligro para la supervivencia, evidenciando que el régimen carece de capacidad para garantizar condiciones mínimas de vida, incluso dentro de sus propias instituciones de control.

Asimismo, este escenario ocurre en medio de un exodo migratorio sin precedentes, impulsado precisamente por la falta de libertades y la profunda crisis económica. La represión y el hambre dentro y fuera de las cárceles son los dos principales motores del abandono de la isla. El Estado cubano prioriza el gasto en el aparato represivo y de seguridad del Estado por encima del bienestar de la población, manteniendo un sistema de control social que castiga la pobreza y el pensamiento crítico con igual severidad.

Implicaciones y panorama futuro

La liberación de Tijerino Castro, aunque un alivio para su integridad física y moral, no representa un cambio en la política represiva de la dictadura. Su testimonio sale a la luz en un momento en que la comunidad internacional mantiene su escrutinio sobre los abusos a los derechos humanos en la isla. Organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales han documentado de manera exhaustiva las violaciones sistemáticas en las cárceles cubanas, exigiendo la apertura de las prisiones a inspecciones independientes, una petición que el gobierno de La Habana ha ignorado sistemáticamente.

Para la ciudadanía cubana y el movimiento de derechos humanos, casos como el de Tijerino Castro reafirman el alto costo del activismo en Cuba. La resistencia civil sigue enfrentando un aparato estatal dispuesto a destruir la salud mental, la vida familiar y la economía de quienes se atreven a disentir. El futuro inmediato apunta a la persistencia de este clima de hostilidad, donde la memoria histórica y el pensamiento crítico seguirán siendo criminalizados, mientras la crisis de subsistencia agudiza el sufrimiento de miles de reos comunes y políticos atrapados en el colapso del sistema penitenciario.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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