Domingo, 20 de septiembre de 2026
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El jefe de la Policía de Miami advierte a las fuerzas del orden en Cuba: «El cambio viene y el pueblo siempre es más grande que la represión»

El jefe de la Policía de Miami advierte a las fuerzas del orden en Cuba: «El cambio viene y el pueblo siempre es más grande que la represión»

El jefe de la Policía de Miami, Manuel Morales, aseguró que numerosos agentes en la isla son conscientes de que la labor represiva que ejecutan por orden del régimen «está mal», y les instó a posicionarse del lado de la ciudadanía ante un inevitable proceso de transición democrática. En una amplia entrevista, el alto oficial de origen cubanoamericano contrastó el modelo de control e intimidación que aplica la dictadura cubana con la vocación de servicio y protección que caracteriza a las fuerzas del orden en sociedades libres.

Manuel Morales, quien lidera el Departamento de Policía de una de las ciudades más dinámicas y complejas de Estados Unidos, ofreció sus declaraciones en el marco de un análisis sobre el futuro de las instituciones de seguridad en Cuba. Durante su conversación con medios independientes, el oficial subrayó que la función primordial de cualquier cuerpo policial debe ser garantizar el orden y proteger los derechos de los ciudadanos, una premisa que, afirmó, ha sido completamente tergiversada por las autoridades de la isla para mantener un sistema autoritario.

Morales trazó una detallada comparación entre la realidad de Miami y la situación que se vive en Cuba. La ciudad estadounidense, con medio millón de residentes en su núcleo y casi tres millones en el condado, recibe diariamente a más de medio millón de visitantes. A pesar de ser un epicentro global del turismo, el comercio y la migración, y pese a que sus ciudadanos pueden portar armas de fuego legalmente, la ciudad ha registrado una caída histórica y sostenida de la criminalidad, un logro que el jefe policial atribuye al profesionalismo y al respeto por los derechos civiles.

El contraste de los indicadores: seguridad sin intimidación

Los datos ofrecidos por Morales reflejan un modelo de seguridad diametralmente opuesto al cubano. Durante el presente año, el crimen violento en Miami se redujo un 23%, los robos disminuyeron un 18%, los asaltos un 25% y el robo de vehículos experimentó una caída del 43%. Los incidentes con armas de fuego bajaron un 29% en el año y un 57% si se comparan con las cifras de 2021, mientras que los homicidios se mantienen en niveles mínimos históricos. «Cerramos el año con menos de 300 robos, comparado con los 4.000 que teníamos cuando entré en los años 90», detalló Morales.

“En Cuba hay policías que saben en su corazón que lo que hacen está mal”

“En Cuba hay policías que saben en su corazón que lo que hacen está mal”

Estos resultados se obtienen con una plantilla de aproximadamente 1.500 oficiales, quienes patrullan sin sembrar el miedo entre la población. En Cuba, por el contrario, la presencia policial es abrumadora y su propósito no es combatir la delincuencia común, sino disuadir y reprimir cualquier intento de disidencia política o protesta social. Morales señaló que la diferencia fundamental no radica en la cantidad de agentes en las calles, sino en el propósito de su despliegue: «En Cuba la policía está para controlar e intimidar. Aquí no hace falta sembrar miedo para mantener el orden», afirmó.

El jefe policial también destacó el rigor del proceso de selección en Miami, donde solo entre siete y diez de cada cien solicitantes logran convertirse en oficiales, tras un año de entrenamiento intensivo en academia y campo. Este estándar contrasta con el sistema cubano, donde la infiltración política, la lealtad ideológica al Partido Comunista y la subordinación a los órganos de la Seguridad del Estado suelen ser requisitos prioritarios sobre la verdadera vocación de servicio público y la preparación técnica en derechos humanos.

Lecciones desde Panamá y la inminencia del cambio

Al reflexionar sobre el papel de las fuerzas del orden en un escenario de cambio político, Morales recurrió a su propia experiencia como policía militar durante la intervención estadounidense en Panamá en 1989, que culminó con la caída de la dictadura de Manuel Noriega. En aquel proceso, explicó, se realizó una evaluación exhaustiva del cuerpo policial panameño: los agentes que habían participado directamente en la represión política y las violaciones de derechos humanos fueron separados de sus cargos, mientras que el resto continuó sirviendo a la nueva democracia.

«Estoy seguro de que en Cuba hay oficiales que saben, en su interior, que lo que hacen está mal», sentenció Morales, dirigiéndose directamente a los uniformados de la isla. El jefe policial les recordó que, al quitarse el uniforme, vuelven a ser parte del mismo pueblo que sufre las consecuencias del colapso nacional. «La temperatura está subiendo. El cambio viene, lo quieran o no los gobiernos. Lo vimos en Venezuela y lo estamos viendo en Irán. El pueblo siempre es más grande que cualquier fuerza represiva», advirtió.

Contexto sistemático: La criminalización de la protesta y el colapso institucional

Las declaraciones de Morales adquieren una relevancia profunda en el contexto actual de la crisis estructural que atraviesa Cuba. La Policía Nacional Revolucionaria (PNR), junto con las Brigadas de Respuesta Rápida y el aparato de la Seguridad del Estado, ha sido el brazo ejecutor de la dictadura cubana para perpetuar el modelo de control social. Su función principal ha mutado de la protección ciudadana a la salvaguarda del poder absoluto, criminalizando la pobreza, el descontento y la exigencia de derechos fundamentales.

Los antecedentes de esta instrumentalización represiva quedaron al descubierto de manera masiva durante las protestas del 11 de julio de 2021. En aquel entonces, miles de cubanos salieron a las calles para exigir libertad y denunciar el desabastecimiento, la inflación galopante y el colapso de los servicios públicos, incluidos el sistema eléctrico y la salud. La respuesta del régimen de La Habana no fue el diálogo, sino el despliegue de un operativo policial sin precedentes que incluyó violencia estatal, detenciones arbitrarias, allanamientos, juicios sumarios y condenas de hasta 25 años de prisión por deluntos fabricados de sedición.

Actualmente, en medio de una hiperinflación que destruye los salarios, un éxodo migratorio que ha vaciado a las ciudades de su fuerza joven y productiva, y un desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, la presencia policial en Cuba se concentra en custodiar tiendas en moneda libremente convertible, reprimir a los vendedores informales y acordonar las inmediaciones de los centros de distribución de gas y alimentos. La policía cubana, lejos de proteger a la comunidad, se ha convertido en un símbolo de la coerción burocrática que ahoga las iniciativas de supervivencia ciudadana.

El modelo comunitario descrito por Morales, donde la policía patrulla según las prioridades que marcan los vecinos y rinde cuentas ante ellos en asambleas públicas, es una utopía inalcanzable bajo el actual ejecutivo cubano. En la isla, cualquier intento de organización comunitaria independiente es inmediatamente estigmatizado, vigilado y desarticulado por las autoridades, quienes ven en la sociedad civil organizada una amenaza directa a su monopolio del poder.

Implicaciones para una futura transición

De cara a una eventual transición democrática en Cuba, Morales sostuvo que el restablecimiento del orden y la libertad requerirá una combinación sinérgica: el empuje decidido del pueblo cubano, el apoyo de aquellos policías y militares que se nieguen a continuar reprimiendo a sus compatriotas, y la asistencia de la comunidad internacional, particularmente de Estados Unidos, actuando como «copiloto» del proceso. La depuración de las instituciones de seguridad será un paso indispensable para construir la confianza rota por décadas de impunidad y abuso de poder.

Para cerrar, el jefe de la Policía de Miami reflexionó sobre el papel de la diáspora, validando el éxito del exilio cubano en Estados Unidos como una prueba contundente de lo que la isla podría alcanzar. «Llegamos con nada, trabajando duro, sin depender del gobierno. Hoy los cubanoamericanos están en todos los niveles: política, negocios, academia. Cuba tiene recursos, talento y una historia de prosperidad. Con el gobierno correcto, puede superar incluso a grandes potencias», concluyó Morales, lanzando un mensaje de esperanza y una crítica implícita a la ineficiencia y el fracaso del modelo totalitario que mantiene sumida a la isla en la pobreza y el desespero.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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