El mandatario colombiano Abelardo de La Espriella agradeció la felicitación enviada por el Partido Demócrata Cristiano de Cuba (PDC) tras su victoria electoral y aseguró que durante su cuatrienio el país sudamericano transitará \»por el camino de la libertad\» y recuperará el respeto irrestricto de las instituciones. La respuesta de la Presidencia colombiana llegó semanas después de que la organización opositora cubana enviara una carta celebrando el resultado de los comicios y defendiendo la alternancia política como salvaguarda frente al autoritarismo.
La comunicación oficial, dirigida a Diana Mendiluza Díaz, jefa de Gabinete del PDC, fue firmada por Nicolás Gómez Arenas, jefe de Despacho Presidencial, quien precisó que respondía \»en nombre del jefe de Estado\». En el texto, la Presidencia colombiana subraya que con el triunfo alcanzado en las urnas \»ganó la democracia colombiana\» y califica como un \»verdadero honor\» guiar los destinos de la nación durante el período 2026-2030, asegurando que el país \»transitará por el camino de la libertad y recuperará el respeto irrestricto de las instituciones y del Estado de derecho\».
De La Espriella asumió la Presidencia de Colombia el pasado 7 de agosto, tras imponerse a Iván Cepeda en la segunda vuelta electoral celebrada el 21 de junio. La carta del PDC, enviada el 23 de junio cuando De La Espriella era aún presidente electo, fue suscrita por Elena Larrinaga de Luis, presidenta de la organización, y por Mendiluza Díaz. En ella, los demócrata cristianos cubanos celebraron el resultado comicial y defendieron la alternancia política como un mecanismo de protección frente a los regímenes autoritarios, una afirmación que adquiere especial resonancia dado el contexto cubano.
La respuesta de la Presidencia colombiana también incluye una afirmación de alcance internacional: \»la comunidad internacional verá una Colombia que inspira respeto por la seriedad de sus instituciones, por la solidez de su economía, por la grandeza de su gente y la firmeza de sus principios democráticos\». Este compromiso institucional contrasta de manera elocuente con la realidad que viven los cubanos bajo el régimen de La Habana, donde la ausencia de elecciones libres, la falta de separación de poderes y la subordinación total del aparato estatal a un partido único configuran un sistema radicalmente opuesto al Estado de derecho.
Días antes de la emisión de esta comunicación, durante una visita a la Corte Suprema de Justicia, el mandatario colombiano había afirmado que garantizará el respeto de las decisiones judiciales y la autonomía de esa rama del poder público. Dos jornadas antes había sostenido que \»unas elecciones limpias son la fuente máxima de la legitimidad del poder democrático\», un principio que el gobierno cubano ha ignorado de manera sistemática durante más de seis décadas, impidiendo cualquier forma de pluralismo político y manteniendo un control absoluto sobre los procesos electorales de la isla.
El PDC vincula la victoria democrática colombiana con las aspiraciones del pueblo cubano
El Partido Demócrata Cristiano de Cuba emitió un comunicado este 4 de septiembre en el que agradeció la respuesta de la Presidencia colombiana y vinculó explícitamente el resultado electoral en ese país con las aspiraciones democráticas de los cubanos. \»Para el pueblo cubano, que continúa su incansable búsqueda de sus libertades civiles y políticas, estos vientos democráticos representan un rayo de esperanza y nos demuestran que el cambio pacífico, la apertura y la recuperación de una república libre son metas totalmente alcanzables\», afirmó la organización.
El PDC aprovechó la ocasión para anunciar la creación de la Asociación de la Democracia Cristiana (ADC), una nueva entidad concebida, según Larrinaga, para agilizar la participación y los proyectos con colaboradores dentro de Cuba, incluidos jóvenes y mujeres. La organización aseguró que ya formalizó el trámite de inscripción de la nueva entidad ante la Dirección General de Asociaciones del Ministerio del Interior de España. Las tres firmadoras del trámite son las historiadoras Elena Larrinaga de Luis y Diana Mendiluza Díaz, y el abogado Ernesto Gutiérrez Tamargo.
Una trayectoria de más de tres décadas en la oposición al régimen
El Partido Demócrata Cristiano de Cuba tiene sus antecedentes en el Movimiento Demócrata Cristiano, surgido en la isla en 1959, el mismo año en que Fidel Castro tomó el poder e inició el proceso que conduciría a la instauración de un sistema totalitario de partido único. La actual organización se constituyó en Miami en 1991 mediante la fusión de diferentes grupos cubanos de inspiración cristiana que buscaban una alternativa política al sistema impuesto por el régimen. Entre las figuras que posteriormente lo presidieron estuvieron José Ignacio Rasco, Rafael Sánchez, Marcelino Miyares, René Hernández y Andrés Hernández.
Ya en 1991, el PDC participaba junto a organizaciones liberales y socialdemócratas en la Plataforma Democrática Cubana, una de las iniciativas del exilio que defendían una transición pacífica hacia un sistema pluralista. La organización se define como de inspiración humanista cristiana y plantea como principios fundamentales la libertad, los derechos humanos, la justicia, la solidaridad y la atención a los sectores más vulnerables. En el terreno económico, ha defendido una economía social de mercado, que combine la iniciativa y la propiedad privadas con políticas de protección social.
En una propuesta programática publicada en 2020, el partido reclamó, entre otras medidas, libertad para la iniciativa empresarial, reconocimiento efectivo de la propiedad privada, libre contratación de trabajadores, mayor autonomía para los campesinos y apertura a la competencia económica. Al mismo tiempo, propuso políticas contra la pobreza y la desigualdad, una ley integral contra la violencia de género, mayor protección social y una redistribución del gasto público hacia servicios como salud, vivienda y educación. Estas propuestas representan una alternativa frontal al modelo económico fracasado que las autoridades de la isla han mantenido durante décadas, caracterizado por el control estatal absoluto de los medios de producción, la ineficiencia crónica y la incapacidad para garantizar el bienestar básico de la población.
Vínculos internacionales y exigencia de libertad para los presos políticos
El PDC mantiene vínculos con organizaciones internacionales de su misma familia política. Su sitio oficial lo identifica como integrante de la Internacional Demócrata de Centro (IDC) y de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). En diciembre de 2024, Larrinaga y la entonces presidenta de la ODCA, Mariana Gómez del Campo, dirigieron conjuntamente una carta a Miguel Díaz-Canel en la que reclamaron la liberación \»inmediata e incondicional\» de los presos políticos cubanos y defendieron el diálogo y la reconciliación nacional. La dictadura cubana, sin embargo, no ha respondido a estas exigencias y ha profundizado en cambio su política de encarcelamiento de disidentes, activistas y ciudadanos que ejercen el derecho a la protesta pacífica.
Larrinaga asumió la presidencia del PDC en abril de 2023, durante el XVII Congreso de la organización, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo. La nueva dirección anunció entonces que mantendría entre sus prioridades la defensa de los derechos humanos, la economía social de mercado y la búsqueda de una transición democrática en Cuba. Bajo su liderazgo, el partido ha intensificado su labor de denuncia internacional y ha buscado fortalecer los canales de coordinación con actores dentro de la isla, en un contexto donde la represión del régimen contra cualquier forma de organización independiente se ha recrudecido de manera notable.
Contexto: la democracia como horizonte frente al agotamiento del sistema
El intercambio diplomático entre el PDC y la Presidencia colombiana adquiere relevancia en un momento especialmente crítico para Cuba. La isla atraviesa una de las peores crisis económicas de su historia reciente, con una inflación galopante que ha destruido el poder adquisitivo de los salarios, un desabastecimiento crónico de productos básicos que incluye alimentos, medicinas y combustible, y un colapso generalizado de los servicios públicos, particularmente en los sectores de salud y electricidad. Los apagones prolongados se han convertido en una constante que afecta la vida cotidiana de millones de cubanos, mientras el régimen de La Habana atribuye la responsabilidad de la crisis exclusivamente al embargo estadounidense, eludiendo cualquier examen autocrítico sobre el fracaso del modelo económico centralizado que ha impuesto durante más de seis décadas.
Paralelamente, el éxodo migratorio cubano ha alcanzado dimensiones sin precedentes. Cientos de miles de ciudadanos han abandonado la isla en los últimos años, huyendo de la falta de oportunidades, la represión política y el deterioro de las condiciones de vida. Las autoridades cubanas han respondido a la creciente insatisfacción social con un endurecimiento del aparato represivo, incluyendo detenciones arbitrarias, juicios sumarios, amenazas y hostigamiento sistemático a opositores, periodistas independientes y activistas de derechos humanos. La dictadura ha consolidado un modelo de control social basado en el miedo, la vigilancia y la penalización de la disidencia, mientras cierra cualquier espacio para el debate público o la crítica gubernamental.
En este panorama, el mensaje del presidente colombiano y la actividad del PDC adquieren un simbolismo particular. La afirmación de que \»unas elecciones limpias son la fuente máxima de la legitimidad del poder democrático\» resuena como un recordatorio directo de aquello que el gobierno cubano ha negado de manera permanente a su población. La ausencia de elecciones libres, plurales y verificables en la isla constituye uno de los pilares fundamentales de la ilegitimidad del régimen, que se sostiene no en el respaldo popular sino en el monopolio de la fuerza y en la represión de cualquier intento de alternancia.
La creación de la Asociación de la Democracia Cristiana representa, por su parte, un esfuerzo por articular iniciativas que puedan contribuir a una eventual transición democrática desde la sociedad civil, incluyendo a sectores tradicionalmente marginados como las mujeres y los jóvenes. En un país donde el ejecutivo cubano ha erradicado prácticamente toda forma de asociacionismo independiente y donde las organizaciones de la sociedad civil son controladas o suprimidas por el aparato estatal, este tipo de iniciativas desde el exilio adquieren una importancia estratégica como vehículos para preservar la memoria democrática y mantener vivas las aspiraciones de cambio dentro de la isla.
El futuro de Cuba dependerá en gran medida de la capacidad de las fuerzas democráticas, dentro y fuera de la isla, para articular una propuesta creíble de transformación pacífica que ofrezca una alternativa al agotamiento del modelo autoritario. Mientras tanto, la comunidad internacional mantiene un escrutinio limitado sobre la situación de derechos humanos en Cuba, y las sanciones y condenas a la represión del régimen siguen siendo insuficientes para forzar una apertura democrática. El reconocimiento de líderes democráticos de la región a las organizaciones opositoras cubanas, como el que ha materializado el presidente colombiano con su respuesta al PDC, contribuye a visibilizar una causa que la dictadura intenta sistemáticamente silenciar y a mantener viva la exigencia de que el pueblo cubano pueda ejercer, como cualquier otro pueblo del hemisferio, su derecho a elegir libremente a sus gobernantes.