La estatal Unión Cuba-Petróleo (CUPET) anunció la extracción del primer millón de toneladas de crudo en lo que va de 2025, un hito alcanzado ocho días antes de lo previsto y que la propaganda oficial presenta como un logro del sector energético. Sin embargo, el anuncio contrasta de manera abrupta con la realidad que viven millones de cubanos sometidos a cortes eléctricos de hasta 20 horas diarias en provincias del interior y entre cuatro y seis horas en La Habana, en medio de una crisis energética que se ha profundizado durante los últimos años sin que las autoridades ofrezcan soluciones estructurales.
La empresa estatal dio a conocer la información a través de su cuenta oficial de Facebook, destacando que el 90% de la producción se destina a la generación eléctrica. La jefa de negocios de la Empresa de Perforación y Extracción de Petróleo del Centro, María Yodalys Hernández Bernal, confirmó al medio oficial Canal Caribe que la meta del millón de toneladas se cumplió con ocho días de adelanto respecto al cronograma planificado. Más de un tercio del crudo extraído procede de yacimientos del centro de la isla, mientras que una porción menor —aunque de mejor calidad— proviene de pozos ubicados en Ciego de Ávila y la región occidental.
En un gesto poco habitual dentro de la narrativa triunfalista habitual del sector, Hernández Bernal reconoció abiertamente las limitaciones que enfrenta la industria petrolera cubana. «Los petroleros podemos hacer mucho más de lo que hacemos hoy», afirmó la directiva, admitiendo de manera implícita que la inversión estatal resulta insuficiente para explotar adecuadamente los pozos del país. Esta declaración, aunque matizada dentro del contexto celebratorio, constituye una承认 tácita de la incapacidad del régimen de La Habana para capitalizar los recursos energéticos disponibles en el territorio nacional.
La directiva también detalló que parte del crudo extraído será refinado para obtener aceite dieléctrico, un componente esencial para el mantenimiento de los transformadores de la red eléctrica nacional, así como para la producción de asfalto. Este uso específico revela que una porción significativa de la producción no se destina directamente a generación de electricidad, sino a labores de mantenimiento infraestructural, lo que reduce aún más el impacto real del millón de toneladas sobre el déficit energético cotidiano.
Reparaciones puntuales frente a un colapso sistémico
Yaser Rivera Galbán, director de la planta de procesamiento de crudo y gas de Varadero, informó sobre esfuerzos adicionales del gobierno cubano para incrementar la recuperación de combustible en el resto del año. Según Rivera Galbán, se han recuperado entre 13.000 y 15.000 toneladas de crudo mediante la sustitución de un tramo del oleoducto que presentaba averías frecuentes. Aunque la cifra representa un avance operativo, resulta marginal frente al volumen total que necesita el sistema eléctrico nacional para funcionar de manera estable.
Las constantes roturas en la infraestructura petrolera cubana reflejan el estado de deterioro generalizado de las instalaciones energéticas del país, muchas de las cuales operan por encima de su vida útil diseñada. Los oleoductos, refinerías, termoeléctricas y subestaciones eléctricas han acumulado décadas de falta de mantenimiento adecuado, inversión insuficiente y obsolescencia tecnológica. La sustitución puntual de un tramo de tubería, aunque necesaria, no altera la ecuación estructural que mantiene al sistema al borde del colapso permanente.
El triunfalismo con el que las autoridades de la isla han presentado el alcance del millón de toneladas resulta especialmente discordante cuando se contrasta con la experiencia cotidiana de la población. Mientras los directivos de CUPET aparecen en medios oficiales celebrando metas de producción, millones de hogares cubanos permanecen sin servicio eléctrico durante la mayor parte del día, los alimentos se pudren en neveras sin funcionamiento, los hospitales operan con generadores que fallan con frecuencia creciente y la actividad económica se paraliza por falta de energía.
Una crisis energética que se profundiza cada año
La crisis energética cubana no es un fenómeno reciente, sino el resultado de décadas de mala gestión, falta de inversión, dependencia de aliados externos y obsolescencia infraestructural. Durante los años de subsidios venezolanos, Cuba recibía aproximadamente 100.000 barriles diarios de petróleo en condiciones preferenciales, un flujo que permitía mantener operativa una red eléctrica ya entonces envejecida. Sin embargo, la disminución progresiva de los envíos venezolanos a partir de 2017, agudizada por la propia crisis interna de Caracas, dejó al descubierto la vulnerabilidad estructural del modelo energético cubano.
En la actualidad, el sistema electroenergético nacional (SEN) opera con una capacidad instalada que ha perdido más del 50% de su potencia efectiva debido a averías, paradas programadas y paradas forzadas en sus termoeléctricas más importantes. Unidades clave como Antonio Guiteras, en Matanzas, Felton en Holguín y Lidio Ramón Pérez en Las Tunas, han enfrentado roturas recurrentes que las mantienen fuera de servicio durante semanas o meses. La falta de piezas de repuesto, la imposibilidad de acceder a financiamiento internacional para modernización y la ausencia de una planificación seria de mantenimiento preventivo configuran un escenario de fragilidad permanente.
Cálculos de expertos independientes y análisis del sector estiman que Cuba necesitaría una inversión de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar integralmente su sistema eléctrico. Esta cifra incluye la modernización de termoeléctricas existentes, la construcción de nuevas capacidades de generación, la renovación de redes de transmisión y distribución, y la incorporación de fuentes renovables a escala significativa. Ninguna de estas líneas de inversión aparece en los planes oficiales con un horizonte realista de ejecución.
El costo social de la oscuridad
Las consecuencias de la crisis energética se extienden mucho más allá de la incomodidad doméstica. En el sector salud, hospitales y policlínicos dependen de generadores diésel que frecuentemente carecen del combustible necesario para operar de manera continua. Médicos y enfermeros han reportado en reiteradas ocasiones la realización de procedimientos médicos con iluminación de teléfonos móviles o linternas, mientras que el almacenamiento de medicamentos sensibles a la temperatura se vuelve un desafío diario ante la imposibilidad de mantener cadenas de frío estables.
El sector productivo también sufre las consecuencias del desabastecimiento energético. Empresas estatales y privadas ven interrumpidos sus procesos productivos de manera recurrente, lo que genera pérdidas económicas difíciles de cuantificar pero evidentes en la disminución de la oferta de bienes y servicios. La industria alimentaria, en particular, enfrenta dificultades para mantener líneas de producción operativas, lo que agrava el ya crónico problema de desabastecimiento que afecta a la población. El transporte, tanto de pasajeros como de carga, se ve igualmente limitado por la falta de combustible, restringiendo la oferta estatal y empujando a los ciudadanos hacia alternativas privadas con precios inalcanzables para la mayoría de los salarios.
La llegada del verano intensifica dramáticamente el impacto de los apagones. Las altas temperaturas, que en Cuba pueden superar los 35 grados centígrados con elevada humedad ambiental, convierten la ausencia de electricidad en una situación de riesgo para la salud, especialmente para niños, ancianos y personas con condiciones médicas crónicas. La imposibilidad de utilizar ventiladores o aires acondicionados durante las horas más calurosas del día ha sido señalada por organismos de salud como un factor que agrava condiciones cardiovasculares y respiratorias en sectores vulnerables de la población.
El argumento de las sanciones y la responsabilidad del régimen
El gobierno cubano ha mantenido de manera sistemática la narrativa de que las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos son la causa principal de la crisis energética. Si bien es cierto que las medidas restrictivas han dificultado el acceso a financiamiento internacional y a proveedores de combustible y tecnología, análisis independientes señalan que la responsabilidad fundamental recae en décadas de mala gestión, ausencia de transparencia en la administración de recursos energéticos y priorización del gasto militar y de seguridad sobre la inversión en infraestructura civil.
La falta de rendición de cuentas sobre el destino de los recursos generados por sectores como el turismo, las remesas y la exportación de servicios profesionales —principalmente médicos— ha sido una constante del régimen de La Habana. La opacidad con la que se administran los ingresos en divisas impide a la ciudadanía conocer cuánto se invierte realmente en el sector energético y cómo se distribuyen esos recursos. Esta ausencia de transparencia se combina con un modelo económico centralizado que ha demostrado su ineficiencia reiterada para planificar, ejecutar y mantener infraestructuras críticas.
La creciente inconformidad ciudadana por la crisis energética se ha manifestado en protestas dispersas pero recurrentes en distintos puntos de la isla. La respuesta del régimen ha sido la habitual combinación de represión selectiva, amenazas a activistas y líderes comunitarios, y campañas mediáticas orientadas a desplazar la responsabilidad hacia factores externos. La dictadura cubana ha recurrido a la censura y la intimidación para acallar las voces que exigen soluciones reales, mientras la población continúa soportando las consecuencias de un modelo que ha fracasado en garantizar servicios básicos.
El exodo energético: cuando la oscuridad empuja a la migración
La crisis energética se ha convertido en uno de los factores que alimentan el éxodo migratorio más grande de la historia reciente de Cuba. La imposibilidad de llevar una vida mínimamente digna, con acceso estable a electricidad, agua, alimentación y transporte, ha empujado a cientos de miles de cubanos a abandonar la isla en los últimos años. Las rutas migratorias hacia Estados Unidos, América Latina y Europa han registrado cifras récord, con estimaciones que superan el medio millón de salidas en un periodo de pocos años. La crisis energética, aunque no es la única causa, actúa como un catalizador que agrava las demás carencias y acelera la decisión de emigrar, especialmente entre jóvenes y profesionales.
El anuncio de CUPET sobre el millón de toneladas de crudo, en este contexto, parece más una operación de propaganda que un indicador real de recuperación. La diferencia entre las cifras celebradas en despachos oficiales y la experiencia tangible de millones de cubanos que pasan la mayor parte del día sin electricidad es tan abismal que el propio intento de presentar el dato como un triunfo revela la desconexión entre el discurso del poder y la realidad material de la población. Mientras la propaganda oficial festeja metas de extracción, los cubanos siguen cocinando con leña, durmiendo sin ventilación y perdiendo alimentos por la falta de refrigeración.
Las implicaciones políticas de esta brecha entre el discurso oficial y la realidad cotidiana son profundas. La pérdida de credibilidad de las instituciones estatales, la percepción generalizada de que las autoridades son incapaces o no están dispuestas a resolver las crisis básicas y la acumulación de frustración social configuran un escenario de tensión creciente. La comunidad internacional, por su parte, mantiene una posición de observación ante la evolución de la crisis cubana, con llamados recurrentes al respeto de los derechos humanos y a la apertura de espacios de participación democrática que permanecen sin respuesta por parte del régimen.
Lo que CUPET celebra como un logro, la población cubana vive como una paradoja amarga: un país que extrae petróleo pero no puede mantener encendidas sus luces. La pregunta que queda flotando sobre cada tonelada de crudo extraída es la misma que millones de cubanos se hacen cada noche a oscuras: ¿hacia dónde van los recursos y por qué la producción no se traduce en alivio para quienes más lo necesitan? Mientras la dictadura cubana no enfrente esta pregunta con transparencia y voluntad real de cambio, los anuncios de metas cumplidas seguirán siendo, para la mayoría de la isla, palabras huecas pronunciadas en la penumbra.



