Domingo, 20 de septiembre de 2026
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El régimen de La Habana celebra 38 años de agricultura urbana mientras la isla enfrenta un colapso alimentario sin precedentes

El régimen de La Habana celebra 38 años de agricultura urbana mientras la isla enfrenta un colapso alimentario sin precedentes

El primer ministro cubano, Manuel Marrero, ha celebrado el aniversario 38 del programa de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar, creado por Raúl Castro, en medio de la peor crisis de inseguridad alimentaria que ha atravesado el país en décadas. Las declaraciones oficiales contrastan de manera drástica con la realidad de escasez crónica que sufren los ciudadanos y con los propios datos del Ministerio de Agricultura, que evidencian un desplome generalizado en la producción de alimentos básicos.

A través de la red social X, el jefe de Gobierno cubano calificó la iniciativa impulsada hace 38 años por el entonces ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, como una «valiosa alternativa para acercar las producciones agrícolas a la población». El mensaje fue leído por el viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca durante un acto nacional conmemorativo celebrado en la provincia de Pinar del Río. En el marco del evento, las autoridades de la isla declararon a Pinar del Río, Artemisa y Sancti Spíritus como las provincias más destacadas en el mantenimiento de esta iniciativa, que según cifras oficiales abarca actualmente unas 20.000 hectáreas distribuidas entre huertos, parcelas y patios familiares.

El tono triunfalista de la cúpula gubernamental resulta discordante, especialmente si se tiene en cuenta que estas declaraciones se produjeron apenas días después de que otro funcionario del régimen generara un profundo rechazo social. Durante el programa estatal «Cuadrando la Caja», el representante oficial censuró el consumo de arroz y papa por parte de los cubanos, llegando a vincular estos hábitos alimenticios, que son la base de la dieta nacional, con la debacle agrícola que atraviesa el país, en un intento de desplazar la responsabilidad del Estado hacia los ciudadanos.

La publicación de Marrero fue recibida con un fuerte repudio en las redes sociales, donde los usuarios resaltaron la profunda ironía de celebrar supuestos avances agrícolas en un contexto de miseria, inflación galopante y deterioro acelerado del poder adquisitivo. Los internautas señalaron que, tras casi cuatro décadas de la implementación de este programa, la dependencia de la libreta de racionamiento no ha cesado, sino que se ha profundizado. Muchos comentarios coincidieron en señalar la ineficacia crónica de las políticas del gobierno cubano, argumentando que la politización absoluta de la economía y la falta de libertades han impedido el desarrollo de un sector agrícola sostenible.

El desplome de la producción agropecuaria

La percepción ciudadana de fracaso se ve respaldada por el sombrío panorama descrito recientemente por el ministro de Agricultura, Ydael Pérez Brito, durante una intervención en el programa oficial Mesa Redonda. El funcionario se vio obligado a reconocer que la producción agropecuaria en 2024 se encuentra en una situación crítica, con severas dificultades para garantizar alimentos básicos y una caída drástica en varios sectores estratégicos. Pérez Brito detalló una disminución alarmante en la cabaña avícola y porcina: mientras en el año 2020 el país contaba con ocho millones de gallinas ponedoras, la cifra actual se ha desplomado a solo tres millones. En el caso de las reproductoras porcinas, el sector ha pasado de tener 96.000 animales a apenas 26.000 en la actualidad.

El desplome en la producción de proteínas de origen animal es aún más elocuente en el caso de los huevos, uno de los alimentos más solicitados por la población y que durante décadas fue un símbolo de la canasta básica cubana. El titular de Agricultura admitió que de producir entre cuatro y cinco millones de huevos diarios en el pasado, actualmente la isla apenas genera menos de 200.000 unidades. Esta caída representa un golpe demoledor para la nutrición de la población, especialmente para niños y ancianos, profundizando la inseguridad alimentaria en los hogares cubanos.

El cultivo de arroz, pilar fundamental de la dieta cotidiana, tampoco escapa a la crisis estructural. Aunque el país posee la capacidad instalada para sembrar hasta 200.000 hectáreas de este cereal, en el año 2024 apenas se han logrado cultivar 70.000 hectáreas. A este déficit se suma la escasez crítica de pienso animal. El sistema agropecuario nacional demanda entre 1.200.000 y 1.500.000 toneladas anuales para sostener la cría de animales, pero la producción interna apenas ha alcanzado las 200.000 toneladas, lo que paraliza cualquier intento de recuperación en la ganadería y la avicultura.

Pérez Brito también expuso la grave carencia de recursos materiales e insumos para sostener la agricultura a escala industrial y familiar. El sector opera actualmente con menos del 10% del combustible necesario para la maquinaria agrícola, y los sistemas de riego se han visto reducidos a apenas el 7% de su capacidad operativa. Además, el régimen de La Habana lleva años sin importar fertilizantes y pesticidas, salvo excepciones puntuales destinadas al cultivo de tabaco y papa destinados a la exportación o al turismo, lo que afecta de manera generalizada el rendimiento de los suelos y la viabilidad de la producción nacional de viandas y vegetales.

Contexto de una crisis sistémica

El colapso del sector agropecuario no es un fenómeno coyuntural, sino el resultado directo de décadas de políticas centralizadas impuestas por la dictadura cubana. La falta de incentivos a los productores privados, el monopolio estatal de la empresa Acopio para la distribución y comercialización, y una burocracia asfixiante han desmotivado a los campesinos. La incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar insumos básicos, combinada con una inflación descontrolada que supera el 30% anual y una devaluación del peso cubano frente al dólar, ha generado un círculo vicioso donde los agricultores no tienen recursos para producir y la población no tiene capacidad adquisitiva para comprar los escasos alimentos que llegan a los mercados.

Esta crisis agrícola se inserta en un panorama nacional marcado por el deterioro sistémico de los servicios públicos, apagones eléctricos que superan las 10 horas diarias en diversas provincias, y un éxodo migratorio sin precedentes que ha visto partir a más de un millón de cubanos en los últimos años. La falta de seguridad alimentaria actúa como un multiplicador de la precariedad, empujando a miles de ciudadanos a abandonar la isla ante la imposibilidad de sostener un nivel de vida mínimo. La celebración de planes como la agricultura urbana, sin resultados tangibles en las mesas de los ciudadanos, refuerza la percepción de un gobierno desconectado de la realidad material de la nación.

Antecedentes de un programa fallido

El programa de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar fue concebido en 1987 por Raúl Castro como una alternativa complementaria para mitigar la escasez que ya comenzaba a vislumbrarse tras la caída del campo socialista europeo, crisis que estallaría definitivamente en los años 90 durante el llamado Período Especial. Sin embargo, a casi cuatro décadas de su implementación, la dependencia alimentaria de Cuba ha aumentado de manera exponencial, requiriendo importaciones masivas que el Estado no puede financiar debido al bloqueo interno a la iniciativa privada y la falta de divisas. La falta de autonomía de los productores y el control estatal absoluto sobre la tierra y los recursos han impedido la transición de este programa de una mera táctica de supervivencia a una industria agroalimentaria sostenible.

Implicaciones a futuro

La persistencia de una narrativa triunfalista por parte de las autoridades, en franco contraste con los propios datos oficiales que confirman un desplome productivo, augura un empeoramiento de la seguridad alimentaria en el corto y mediano plazo. La incapacidad de la dictadura para revertir la caída de la producción de proteínas y granos básicos amenaza con profundizar la crisis sanitaria y social de la isla, aumentando el riesgo de brotes de enfermedades asociadas a la desnutrición. Mientras tanto, la comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos continúan observando con preocupación cómo el modelo económico y político impuesto perpetúa la vulnerabilidad de la población civil, exigiendo cada vez más presiones para un cambio estructural que permita la verdadera recuperación del país y la garantía del derecho fundamental a la alimentación.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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