Domingo, 27 de septiembre de 2026
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ETECSA admite más de 25.000 líneas telefónicas fijas averiadas en Cuba y profundiza el aislamiento social

ETECSA admite más de 25.000 líneas telefónicas fijas averiadas en Cuba y profundiza el aislamiento social

La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) ha reconocido que más de 25.000 servicios de telefonía fija permanecen interrumpidos en toda la isla, con al menos un 24 % de estos casos sin solución desde hace más de seis meses, lo que supera de manera alarmante el plazo legal de 72 horas establecido por la propia compañía para la reparación de averías. El colapso del servicio deja a miles de familias en un estado de incomunicación forzada, evidenciando el deterioro acelerado de la infraestructura básica del país bajo la gestión monopólica del Estado.

La información, difundida recientemente por medios oficialistas, intenta justificar las severas demoras en la reposición del servicio telefónico señalando una serie de factores externos y técnicos. Entre las causas esgrimidas por la entidad se encuentran la escasez de piezas de repuesto, el impacto de fenómenos meteorológicos, el vandalismo y las acciones de terceros. Sin embargo, para analistas independientes y usuarios afectados, el problema trasciende las excusas logísticas y hunde sus raíces en el modelo monopólico estatal de telecomunicaciones, que elimina la competencia, bloquea la inversión privada y limita drásticamente la capacidad de respuesta operativa.

Según declaraciones de directivos de ETECSA, la imposibilidad de adquirir materiales esenciales para el mantenimiento de la red —tales como gabinetes, cables, centrales telefónicas, baterías y fuentes de energía— se debe a las restricciones financieras del país y al embargo estadounidense. No obstante, el régimen de La Habana utiliza de manera recurrente esta narrativa para encubrir la ineficiencia sistémica de una empresa que controla en exclusiva las comunicaciones del país. La gestión de ETECSA ha sido señalada en múltiples ocasiones por su falta de transparencia, la ausencia de rendición de cuentas y su incapacidad para reinvertir las ganancias en el mantenimiento de la red doméstica, priorizando en cambio la captación de divisas a través de servicios dirigidos al sector turístico y a la diáspora.

A las limitaciones técnicas y financieras, el gobierno cubano suma el impacto de actos de vandalismo, un fenómeno que ha crecido en medio de la profunda crisis económica. El corte intencional de cables de fibra óptica, el robo de baterías de respaldo y la quema de infraestructuras afectan simultáneamente a cientos de usuarios. Este tipo de sustracciones son una consecuencia directa de la desesperación social y el empobrecimiento de la población, que recurre al mercado negro para obtener piezas que luego son vendidas o reutilizadas. Además, se mencionan los daños provocados por otras entidades estatales durante labores constructivas, lo que demuestra la falta de coordinación y planificación dentro del propio aparato burocrático.

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Pese a las deficiencias estructurales señaladas, las autoridades de la isla aseguran que la empresa no ha incrementado las tarifas básicas de la telefonía fija durante los últimos años. Esta afirmación, que busca presentarse como un gesto de protección al consumidor, contrasta de manera abrupta con el malestar creciente de la población. En un contexto de inflación galopante y depreciación del salario real, mantener una tarifa congelada no compensa la pérdida total del servicio. La situación es especialmente crítica para las personas mayores y los adultos solos que dependen de la telefonía fija como único medio de comunicación en sus hogares, dejándolos sin acceso a emergencias médicas ni contacto con sus familiares.

Para numerosos ciudadanos, el mal estado de la red y la inacción prolongada de ETECSA los ha sumido en una situación de aislamiento absoluto. La ausencia de mecanismos efectivos para reclamar ante una entidad que opera sin supervisión independiente ni competencia genera una profunda sensación de indefensión. Los usuarios se ven obligados a esperar meses por una reparación que a menudo requiere de la gestión informal, la propina al técnico o la búsqueda de piezas por cuenta propia, trasladando el costo y la responsabilidad de la infraestructura estatal al ciudadano.

El contexto de un colapso sistémico

La crisis de la telefonía fija no es un hecho aislado, sino un eslabón más en la cadena del colapso estructural que afecta a la isla. El ejecutivo cubano ha demostrado una incapacidad crónica para mantener los servicios públicos esenciales. La red eléctrica sufre apagones prolongados que dañan irreversiblemente los equipos de telecomunicaciones; el suministro de agua potable es intermitente; el sistema de salud pública carece de medicamentos básicos, y el transporte colectivo ha colapsado. En este panorama, la incomunicación se suma a la lista de privaciones que minan la calidad de vida de la ciudadanía y que son resultado directo de la centralización planificada y la falta de libertades económicas.

El modelo económico impulsado por el régimen de La Habana se sostiene sobre un monopolio estatal que asfixia la productividad. ETECSA, como otras empresas estatales, opera bajo un esquema donde la asignación de recursos no responde a la demanda o a la eficiencia, sino a directrices políticas. Mientras la empresa captura millones de dólares anuales a través de las recargas desde el extranjero, la venta de datos para navegación y las llamadas internacionales, la infraestructura local de cobre y fibra se desmorona por falta de mantenimiento básico. Esta desconexión entre la captación de divisas y la inversión en el bienestar nacional es una constante en la economía cubana.

Antecedentes y control de la información

Para comprender la actual degradación del servicio telefónico, es necesario observar los antecedentes de la propia empresa. ETECSA, que en sus inicios contó con capital mixto y participación de la italiana Telecom Italia, experimentó una relativa modernización a principios de siglo. Sin embargo, tras la salida del socio extranjero y la consolidación del control total por parte del Estado —con una fuerte injerencia del conglomerado militar empresarial GAESA—, la compañía ha perdido agilidad operativa y capacidad de inversión. El deterioro de la red de telefonía fija ha sido progresivo, paralelo al envejecimiento de la población y a la falta de renovación tecnológica en zonas rurales y periféricas.

Además, el control de las telecomunicaciones es un pilar fundamental para la dictadura cubana. El acceso a internet y a las redes de comunicación no se gestiona como un derecho ciudadano, sino como un instrumento de vigilancia y control social. Durante las protestas históricas del 11 de julio de 2021, la dictadura cortó de manera intencional el servicio de internet y telefonía para impedir la difusión de la represión estatal y desarticular la movilización ciudadana. Esta capacidad de apagar y encender la conectividad a voluntad política demuestra que el déficit en la reparación de líneas fijas no es solo un problema técnico, sino también una muestra de la falta de voluntad para garantizar el derecho a la comunicación de la población.

La falta de servicio telefónico también tiene un impacto directo en el drama migratorio cubano. Con cientos de miles de ciudadanos habiendo emigrado en los últimos años, la telefonía fija es a menudo el único vínculo que tienen los ancianos y familias de bajos recursos con sus parientes en el extranjero. El aislamiento de estos hogares agrava el sufrimiento emocional y dificulta la recepción de remesas y asistencia familiar, profundizando la fractura social que la emigración masiva ha provocado en el tejido nacional.

En conclusión, el reconocimiento de ETECSA sobre las más de 25.000 líneas fijas inactivas es la admisión tácita de un fracaso gubernamental en la gestión de las comunicaciones. Mientras el régimen mantenga su monopolio sobre la infraestructura y siga priorizando el control político sobre el desarrollo tecnológico, la ciudadanía continuará padeciendo el aislamiento y la precariedad. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos digitales deben exigir al gobierno cubano la apertura del sector a la inversión privada y la competencia, única vía viable para revertir el colapso de las telecomunicaciones y devolver a los cubanos el derecho fundamental a estar comunicados.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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