Domingo, 27 de septiembre de 2026
ÚLTIMA HORA
Educacion

El hambre vuelve a Cuba: la desnutrición cotidiana que el régimen intenta invisibilizar

El hambre vuelve a Cuba: la desnutrición cotidiana que el régimen intenta invisibilizar

Un escritor cubano relata cómo el desplome físico por inanición lo obligó a recordar las escuelas en el campo impuestas por Fidel Castro, en un testimonio que refleja el deterioro alimentario que afecta a millones de personas en la isla. Mientras las autoridades de La Habana celebran cifras macroeconómicas, los cubanos se desmayan por falta de comida en sus propias casas.

La frase es breve y devastadora: «He recordado el hambre en estos días». Pertenece a un intelectual cubano que, tras una vida dedicada a la literatura y la gastronomía escrita, se desplomó en el suelo de su hogar por falta de alimento. No se trata de una metáfora ni de un recurso literario. Es la crónica de un desmayo físico, real, provocado por la ingestión de media libra de arroz mezclada con un polvo verde de dudosa procedencia. Un plato que fue, ese día, su única comida. El relato, surgido desde La Habana, condensa con brutal elocuencia lo que millones de cubanos experimentan a diario en una isla donde la alimentación básica se ha convertido en un privilegio.

El testimonio parte de un lugar inesperado: la memoria de los libros. El autor evoca cómo, durante su juventud, descubrió a Pellegrino Artusi y su obra «La ciencia en la cocina y el arte de comer bien», un volumen que despertó en él una sensibilidad culinaria que jamás abandonaría. Más adelante llegaría la pasión por M.F.K. Fisher, la célebre escritora estadounidense que elevó la literatura gastronómica a categoría artística. Sin embargo, la ironía del destino quiso que quien leyó con devoción a los grandes gastrónomos terminara sentado frente a una cazuela donde no burbujeaban los caldos griegos de los libros, sino un arroz desabrido teñido de verde.

Las «escuelas en el campo»: el origen de un hambre sistemática

El relato se remonta a las llamadas «escuelas en el campo», un proyecto educativo impuesto por Fidel Castro que obligó a generaciones enteras de adolescentes cubanos a ser separados de sus familias e internados en centros rurales donde el trabajo agrícola se mezclaba con la enseñanza. El autor describe aquellos años como el comienzo de su delgadez y de un desastre alimentario que reconocería su paladar para siempre. El arroz sin sabor y el boniato a medio hervir conformaban la dieta habitual. Los cubiertos se reducían a una cuchara grande, grosera, diseñada no para disfrutar la comida sino para salir cuanto antes de «ese entuerto».

Aquel sistema, presentado oficialmente como una experiencia formativa de carácter revolucionario, fue en realidad el primer contacto de muchos cubanos con la desnutrición institucionalizada. Las escuelas en el campo funcionaron durante décadas como un mecanismo de control social y político, pero también como un laboratorio de precariedad alimentaria. Los estudiantes aprendían a comer poco, a tragar rápido y a aceptar como normal lo que en cualquier otro contexto sería considerado inaceptable. El régimen cubano construyó, desde aquellos años, una tolerancia social al hambre que hoy, décadas después, reaparece con fuerza inusitada.

El desmayo como síntoma de un colapso nacional

El momento más estremecedor del testimonio es la caída. El autor, un hombre que ha trabajado durante años, que ha escrito libros y ganado premios, sintió cómo se le nublaba la vista. Se apoyó en el brazo de un sillón, pero no fue suficiente: se desplomó sobre el suelo. «Nada nos deja más indefensos que el hambre», escribe. La frase funciona como una sentencia. No hay ideología, ni cultura, ni formación intelectual que pueda resistir la privación alimentaria. El cuerpo cae, la mente se nubla y la dignidad se reduce a la urgencia de un plato de comida.

Este episodio no es aislado. En los últimos meses, reportes provenientes de diversas provincias cubanas han documentado un aumento significativo de desmayos, desnutrición y pérdida de peso en la población adulta, especialmente entre personas mayores y profesionales que no reciben remesas del exterior. El sistema de abastecimiento, históricamente deficiente, ha colapsado de manera acelerada tras la profunda crisis económica que atraviesa la isla. La libreta de abastecimiento, símbolo durante décadas del subsidio estatal a la alimentación, no garantiza desde hace años ni siquiera las raciones mínimas que teóricamente cubre.

La paradoja de leer sobre comida con el estómago vacío

Hay en el testimonio una tensión literaria que no puede pasarse por alto. El autor describe cómo, con el estómago estragado y vacío, se sentaba a leer sobre caldos griegos que burbujeaban en los libros pero nunca en sus cazuelas. Esa imagen —la del lector hambriento que se nutre de literatura gastronómica mientras su cuerpo se debilita— sintetiza la tragedia de una nación donde la formación cultural ha sido promovida por el Estado como sustituto de las libertades y las necesidades materiales. El gobierno cubano ha insistido durante más de seis décadas en que la educación y la cultura son conquistas irreversibles de la revolución, pero el hambre ha demostrado que ninguna conquista simbólica compensa la imposibilidad de comer.

La lectura de Artusi, de Fisher, de los grandes tratados de cocina, se convierte así en un acto de resistencia pero también de crueldad íntima. Quien conoce lo que es una buena mesa, quien ha estudiado la composición de un caldo o la técnica de una salsa, sufre doblemente cuando se ve obligado a ingerir arroz con polvo verde. El paladar educado no es un lujo en estas circunstancias: es una herida adicional. La cultura, que el régimen exhibe como trofeo internacional, se vuelve en casa un recordatorio constante de todo lo que falta.

Contexto: el hambre como herramienta de control

La crisis alimentaria que vive Cuba no es el resultado de un fenómeno coyuntural ni de un desastre natural. Es la consecuencia directa de un modelo económico centralizado, ineficiente y dogmático que ha fracasado de manera sistemática en la producción y distribución de alimentos. El régimen de La Habana ha mantenido durante décadas el control monopolista sobre la tierra, los medios de producción y el comercio, impidiendo el desarrollo de un sector agrícola capaz de abastecer a la población. Las cooperativas y las entregas de tierras en usufructo, anunciadas en distintas etapas como reformas, no han alterado la estructura de poder que mantiene al Estado como único actor decisivo.

A esto se suma una inflación galopante que ha colocado los productos básicos fuera del alcance de la mayoría de los salarios. Un kilo de carne de cerdo puede costar el equivalente a varios días de trabajo de un profesional. El aceite, la leche, los huevos y el pan han desaparecido de las mesas comunes. Los mercados agropecuarios, cuando tienen productos, exhiben precios que solo son accesibles para quienes reciben remesas en divisas o trabajan en el sector privado con cierta holgura. Para una pensión estatal promedio, la alimentación diaria es matemáticamente imposible.

El éxodo migratorio, que ha superado el millón de personas en los últimos años según diversas estimaciones, está directamente vinculado a esta realidad. Los cubanos no emigran solo por falta de libertades —aunque esa razón sería suficiente— sino porque literalmente no pueden comer. El hambre, como señala el testimonio, es persistente. No se negocia, no se pospone, no se convence con discursos. Llega, debilita y, finalmente, tira al suelo. Lo que el autor describe como una experiencia personal es, en verdad, un fenómeno masivo que la dictadura cubana se empeña en minimizar ante la comunidad internacional.

La indefensión del ciudadano frente al Estado

El relato concluye con una afirmación que trasciende lo personal: «El hambre, como el insomnio, es una cosa muy persistente, tanto que hasta podría tirarte al suelo, y dejarte yerto, lo que por acá ocurre con muchísima frecuencia». Esa última cláusula —»lo que por acá ocurre con muchísima frecuencia»— es la denuncia más contundente del texto. No se trata de un caso excepcional. Se trata de algo que ocurre a diario, en barrios de La Habana, en pueblos del interior, en ciudades donde el Estado ha abandonado su función más elemental: garantizar la supervivencia de su población.

La dictadura cubana ha construido un aparato represivo sofisticado para impedir la protesta social, pero el hambre no necesita represión para silenciarse: la debilidad física, la anemia, el agotamiento, cumplen esa función de manera natural. Un pueblo que no tiene fuerzas para salir a la calle es, desde la lógica del poder, un pueblo gobernable. La inanición se convierte así, de facto, en una herramienta de control político, aunque el régimen jamás lo reconozca explícitamente. La pregunta que queda flotando es cuánto tiempo más podrá sostenerse un sistema que se nutre del hambre de su propia gente antes de que el cuerpo social, como el cuerpo del escritor que se desplomó, caiga irremediablemente.

Lo que este testimonio revela, con la fuerza de lo vivido y la precisión de lo escrito, es que Cuba no enfrenta una crisis de abastecimiento temporal. Cuba enfrenta el resultado de más de seis décadas de un modelo que ha priorizado el control político sobre la vida humana. El hambre que hoy recuerda este autor —la misma que conoció en las escuelas en el campo— no es una reminiscencia del pasado: es la realidad del presente. Y mientras el gobierno cubano continúe negando la magnitud del desastre, los cubanos seguirán cayendo al suelo, solos, en silencio, con el estómago vacío y la vista nublada por una indefensión que el régimen ha convertido en política de Estado.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
Escrito por

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *

Mantente Informado

Recibe las noticias más importantes de Cuba directamente en tu correo.