Martes, 15 de septiembre de 2026
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El régimen cubano recurre a la inteligencia artificial para distribuir apagones en La Habana sin abordar el colapso eléctrico

El régimen cubano recurre a la inteligencia artificial para distribuir apagones en La Habana sin abordar el colapso eléctrico

El gobierno cubano anunció la implementación de un sistema basado en inteligencia artificial, desarrollado en conjunto con la Universidad de La Habana, para redistribuir de forma \»equitativa\» los cortes eléctricos en los circuitos de la capital. La iniciativa, presentada durante una visita de Miguel Díaz-Canel a la Empresa Eléctrica habanera, no contempla la reducción del déficit de generación ni la disminución de las horas de apagón, sino únicamente una mejor rotación de la escasez entre la población.

La propuesta fue revelada durante un recorrido del gobernante por las instalaciones de la Empresa Eléctrica de La Habana, donde se reconoció abiertamente la gravedad de la situación: redes eléctricas deterioradas, incumplimiento de los parámetros mínimos para operar, déficit de combustible para la generación distribuida, inestabilidad crónica de las centrales termoeléctricas y un número elevado de transformadores dañados. La presidencia de la República indicó que el trabajo conjunto con especialistas en inteligencia artificial busca \»atenuar las desigualdades en la rotación de los circuitos\» y \»transparentar toda la información relacionada con el tema\».

Sin embargo, el comunicado oficial evitó cuidadosamente cualquier promesa de reducción real de los apagones. No se anunció que la iniciativa vaya a disminuir el déficit de generación, ni que se aplicará en todo el país. Díaz-Canel se limitó a insistir en la necesidad de proteger los transformadores para reducir roturas, sin abordar las causas estructurales que han llevado al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) al borde del colapso total en reiteradas ocasiones durante las últimas semanas.

Un parche tecnológico sobre una crisis sistémica

El anuncio de la utilización de inteligencia artificial para distribuir los apagones revela, paradójicamente, la magnitud del fracaso del modelo energético cubano. Mientras los gobiernos de la región invierten en tecnología para optimizar el consumo y modernizar sus redes, el régimen de La Habana destina recursos académicos a repartir la escasez de manera más \»justa\» entre sus ciudadanos. La medida no resuelve la falta de generación, sino que administra el colapso, aceptando como irreversible la incapacidad del sistema para satisfacer la demanda básica de la población.

La situación es especialmente crítica en La Habana, que históricamente ha gozado de un tratamiento preferencial en la distribución eléctrica frente al resto del país. El reconocimiento oficial de la \»alta y creciente demanda\» en la capital y del deterioro de las redes confirma que ni siquiera el privilegio histórico de la ciudad sede del poder político puede sostenerse frente al colapso estructural del sistema energético nacional.

Números de un sistema en ruinas

Los datos ofrecidos por la Unión Eléctrica Nacional (UNE) son elocuentes sobre la dimensión de la crisis. Para el horario pico de este jueves, la disponibilidad era de apenas 940 megavatios frente a una demanda máxima estimada en 3.250 megavatios, lo que representa un déficit superior al 70%. El servicio permaneció afectado durante las 24 horas del día, con un máximo de 2.240 megavatios de déficit, una cifra que evidencia la incapacidad del sistema para cubrir ni siquiera una tercera parte de las necesidades del país.

El inventario de averías es igualmente alarmante. Cinco unidades termoeléctricas permanecían averiadas: la número seis de la Central Termoeléctrica Máximo Gómez, en Mariel; las unidades uno y dos de la CTE Ernesto Guevara, en Santa Cruz del Norte; la cuatro de la CTE Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos; y la dos de la CTE Lidio Ramón Pérez, en Felton. Otras cuatro unidades estaban en mantenimiento, mientras 106 centrales de generación distribuida se encontraban paralizadas por falta de combustible, junto con las patanas de Regla y Melones y las instalaciones Central Fuel de Mariel y Moa.

Colapsos reiterados del Sistema Eléctrico Nacional

La crisis ha superado incluso la capacidad de gestión de contingencias del régimen. El Sistema Eléctrico Nacional colapsó durante la noche del domingo y volvió a desconectarse el lunes siguiente, cuando las autoridades intentaban restablecer el servicio. Estas fallas sucedieron a otros tres apagones nacionales registrados durante un período de nueve días en el mes de julio, lo que demuestra que el sistema ha perdido toda capacidad de recuperación sostenida.

La UNE atribuyó la segunda caída de esta semana a afectaciones provocadas por condiciones meteorológicas en la red de transmisión durante el proceso de recuperación. Sin embargo, la fragilidad extrema del sistema, que se desconecta por completo ante eventos climáticos que en otros países serían manejables, evidencia décadas de desinversión, falta de mantenimiento y obsolescencia tecnológica acumulada. Un sistema eléctrico que colapsa en cascada por una falla en una subestación o por vientos moderados no es un sistema con problemas coyunturales: es un sistema que ha dejado de funcionar como tal.

La crisis eléctrica como síntoma del fracaso del modelo

Los apagones reiterados han afectado hogares, negocios y servicios públicos en todo el país, profundizando una crisis social que ya incluye inflación descontrolada, desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, deterioro del sistema de salud y un éxodo migratorio sin precedentes. El gobierno cubano responsabiliza habitualmente a las sanciones estadounidenses por las dificultades para obtener combustible, financiamiento y piezas de repuesto. Sin embargo, las causas reconocidas por las propias autoridades —envejecimiento de la infraestructura, averías recurrentes y problemas crónicos de mantenimiento— son consecuencia directa de décadas de mala gestión, falta de inversión y priorización del control político sobre el bienestar de la población.

La crisis energética no es un fenómeno aislado, sino la manifestación más visible del colapso estructural del modelo económico cubano. La centralización extrema, la ausencia de incentivos para la producción, el control estatal absoluto sobre los sectores estratégicos y la represión de cualquier iniciativa independiente han generado un sistema incapaz de sostener los servicios básicos. Mientras el régimen destina recursos a la represión de la disidencia, al aparato de seguridad y al mantenimiento del control político, la infraestructura básica del país se desmorona.

El recurso a la inteligencia artificial para administrar la escasez eléctrica puede ser presentado como una innovación, pero en realidad constituye una admissions implícita de derrota: el gobierno reconoce que no puede generar la electricidad que el país necesita y se limita a distribuir el sufrimiento de manera más eficiente. Para una población que lleva años soportando apagones de hasta 20 horas diarias en algunas provincias, la promesa de una distribución \»equitativa\» de la miseria eléctrica resulta, cuando menos, una burla institucional.

Implicaciones y perspectivas

El panorama a corto y medio plazo es desalentador. Con cinco termoeléctricas averiadas, más de un centenar de motores de generación distribuida paralizados por falta de combustible y un sistema que ha colapsado en cuatro ocasiones en menos de dos semanas, no existen indicadores que sugieran una mejora inminente. La entrada de los meses de mayor consumo, asociados al calor intenso del verano caribeño, amenaza con agravar aún más la situación y provocar nuevos colapsos totales del SEN.

La comunidad internacional ha observado con preocupación el deterioro acelerado de las condiciones de vida en Cuba, pero las respuestas concretas han sido limitadas. Mientras tanto, la ciudadanía continúa soportando las consecuencias de décadas de políticas fallidas, sin mecanismos democráticos para exigir cambios ni canales institucionales para expresar su descontento sin riesgo de represalia. La inteligencia artificial aplicada a la distribución de apagones no resolverá una crisis que es, en su esencia, política: la de un sistema que ha fracasado en su obligación más básica de garantizar el bienestar de su población.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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