El ajedrecista cubano Lázaro Bruzón criticó duramente al mandatario Miguel Díaz-Canel tras su defensa del paquete de 176 medidas económicas durante el XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), señalando que su gestión representa el fracaso y el atraso del país.
Desde su residencia fuera de la isla, Bruzón utilizó sus redes sociales para expresar el rechazo que, según aseguró, comparte la inmensa mayoría de la población cubana. El gran maestro señaló que ver a Díaz-Canel como la figura representativa de la nación, pronunciando afirmaciones que no se corresponden con la realidad sin enfrentar consecuencias, es un reflejo del deterioro institucional. Para el deportista, el gobernante encarna el lastre que mantiene a la nación sumida en una profunda crisis, a pesar de contar con un capital humano valioso.
Las declaraciones del ajedrecista surgieron tras la intervención del régimen de La Habana ante los delegados de la CTC, un evento marcado por la crisis energética que obligó a que más de la mitad de los participantes asistieran por videoconferencia. Durante su discurso, el ejecutivo cubano defendió las medidas aprobadas recientemente por las máximas instancias del poder, negando que respondan a presiones externas o que impliquen un giro hacia el capitalismo, aunque admitió la introducción de elementos de mercado y propiedad privada.
El cuestionamiento a la estrategia gubernamental no se limitó a figuras del ámbito público. El economista Pedro Monreal calificó el paquete de medidas como un \»híbrido deforme\» que no constituye un programa de reformas auténtico. En sus análisis, el experto sostuvo que la iniciativa representa una privatización limitada y subordinada al control político del Estado, carente de garantías jurídicas suficientes para el desarrollo de un sector empresarial independiente y verdaderamente competitivo.
Un paquete insuficiente frente al colapso estructural
Las 176 disposiciones, agrupadas en 23 ejes temáticos y avaladas por el Buró Político y la Asamblea Nacional, buscan transformar la economía sin alterar el sistema político. Sin embargo, analistas coinciden en que su alcance es insuficiente para revertir la profunda crisis que atraviesa la isla. El desplome de la producción nacional, la inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y los apagones prolongados evidencian el fracaso del modelo centralizado que la dictadura cubana se resiste a abandonar.
La creciente disconformidad de figuras públicas y expertos económicos hacia las políticas del gobierno cubano refleja la urgencia de cambios estructurales reales. Mientras las autoridades de la isla insisten en medidas fragmentadas que no garantizan libertades económicas ni jurídicas plenas, la ciudadanía continúa enfrentando el deterioro de su calidad de vida y el éxodo migratorio se intensifica, augurando un escenario de mayor inestabilidad social y económica en el corto plazo.