Viernes, 28 de agosto de 2026
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México profundiza cooperación educativa con el régimen cubano sin precisar participantes, presupuesto ni plazos

México profundiza cooperación educativa con el régimen cubano sin precisar participantes, presupuesto ni plazos

El Gobierno de México y el régimen de La Habana avanzaron en una nueva fase de cooperación educativa bilateral mediante intercambios de docentes, investigadores y estudiantes, durante una reunión celebrada en la Secretaría de Educación Pública (SEP). Las autoridades de ambos países celebraron el acercamiento como un paso hacia el \»desarrollo educativo\», pero omitieron detalles fundamentales sobre alcance, financiamiento, instituciones involucradas y criterios de selección, en medio de un contexto en el que organismos internacionales han documentado la sistemática violación de la libertad académica en la isla.

El titular de la SEP, Mario Delgado Carrillo, recibió en la sede del organismo a una delegación cubana encabezada por Walter Baluja García, ministro de Educación Superior de Cuba, y por Eugenio Martínez Enríquez, embajador de La Habana en México. También participó Ricardo Villanueva Lomelí, subsecretario mexicano de Educación Superior. El encuentro, según las declaraciones oficiales, estuvo orientado a \»robustecer los vínculos bilaterales\» y compartir \»buenas prácticas\» en el diseño de programas de formación y proyectos conjuntos, aunque ninguno de los comunicados difundidos precisó cuántas personas participarían, qué instituciones estarían involucradas, cuál sería el presupuesto asignado, cómo se financiarían las actividades ni cuándo comenzarían formalmente los intercambios.

Delgado Carrillo expresó su agradecimiento por \»la continuidad de estos lazos de amistad y cooperación en favor del desarrollo educativo\», mientras que el embajador Martínez Enríquez indicó que ambas partes \»evaluaron oportunidades de cooperación para fomentar el intercambio de programas de formación, de docentes, investigadores y estudiantes\». Sin embargo, la ausencia de un instrumento jurídico firmado durante la reunión y la falta de información sobre las condiciones de los intercambios o las obligaciones que asumiría cada gobierno dejaron el anuncio en un terreno de intencionalidad más que de compromisos concretos.

Agenda bilateral con el Tecnológico Nacional de México y ANUIES

La reunión en la SEP formó parte de una visita de trabajo de Baluja a México durante los días 24 y 25 de agosto. Según informó la Embajada cubana, la agenda incluyó acciones específicas con el Tecnológico Nacional de México (TecNM), dentro de un programa bilateral dedicado a la investigación aplicada y la innovación tecnológica. El ministro también se reunió con Luis González Placencia, secretario general ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), con el objetivo de desarrollar una agenda académica, científica y tecnológica. En esa sede, Baluja impartió la conferencia \»Educación Superior. Ciencia y Tecnología\».

El TecNM es un sistema de enorme envergadura: está integrado por 254 instituciones, entre las que se cuentan 126 institutos tecnológicos federales, 122 descentralizados y seis centros especializados, y atiende a más de 600.000 estudiantes de licenciatura y posgrado. No obstante, los anuncios oficiales no identificaron cuáles de esas instituciones participarían en los intercambios con Cuba ni si la iniciativa abarcaría también universidades mexicanas ajenas a ese sistema, lo que mantiene en la incertidumbre el alcance real del programa.

Antecedentes de una cooperación que se profundiza

La cooperación educativa entre México y Cuba no es un fenómeno reciente, pero ha adquirido una notable aceleración en los últimos años. El pasado 1 de junio, Baluja y el director general del TecNM, Ramón Jiménez López, firmaron en La Habana un convenio de colaboración académica. La publicación oficial del organismo mexicano señaló que el pacto buscaba promover la movilidad académica, la investigación conjunta, la innovación tecnológica y el intercambio de conocimientos y experiencias, pero tampoco detalló montos, plazos, metas cuantificables ni número de beneficiarios.

Antes de ese acuerdo, el 5 de febrero de 2024, la SEP y el Ministerio de Educación Superior de Cuba suscribieron otro convenio durante el XIV Congreso Internacional de Educación Superior, celebrado en La Habana. En esa ocasión, Francisco Luciano Concheiro Bórquez, entonces subsecretario mexicano de Educación Superior, declaró que el instrumento permitiría \»acciones concretas\» mediante el aporte de expertos y los intercambios institucionales. La Agencia Cubana de Noticias informó además que la XVI Cumbre de Rectores Cuba-México, realizada en diciembre de 2023, ya había producido 13 convenios de colaboración entre universidades de ambos países, lo que evidencia una trayectoria sostenida de acercamiento institucional.

Libertad académica en Cuba: un asunto omitido en la agenda bilateral

El acercamiento educativo entre México y el régimen de La Habana se produce pese a las abundantes y documentadas restricciones políticas dentro del sistema educativo cubano, un aspecto que no ha sido abordado en ninguno de los comunicados oficiales ni en las declaraciones de las autoridades mexicanas. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha señalado de manera reiterada que en Cuba persisten patrones de persecución y discriminación por razones políticas en el ámbito laboral, así como una \»vulneración de la libertad académica y de cátedra\» que afecta tanto a docentes como a estudiantes.

La organización Freedom House, en su evaluación de 2025, otorgó a Cuba cero de cuatro puntos en libertad académica, la calificación más baja posible. La entidad documentó expulsiones de profesores y estudiantes como represalia por sus opiniones o actividades políticas, un patrón que se ha intensificado especialmente tras las protestas del 11 de julio de 2021. Estudiantes universitarios que participaron en las manifestaciones o que expresaron solidaridad con los detenidos han enfrentado sanciones académicas, expulsiones y procesos disciplinarios sin garantías de debido proceso. Profesores que han mostrado disidencia o que han intentado enseñar fuera del marco ideológico oficial han sido separados de sus cargos, en muchos casos con prohibición de volver a ejercer la docencia en cualquier institución del sistema educativo nacional.

Contexto: la crisis estructural de la educación superior en Cuba

La cooperación con México se desarrolla en un momento en que el sistema de educación superior cubano atraviesa una de sus peores crisis estructurales. La falta de inversión sostenida, el deterioro de la infraestructura universitaria, la escasez de materiales de estudio y la masiva salida de docentes hacia otros sectores económicos —o hacia el exilio— han debilitado gravemente la calidad académica de las instituciones de la isla. La fuga de cerebros se ha acelerado en los últimos años, impulsada por la crisis económica sin precedentes que sufre el país, con una inflación descontrolada, un colapso del poder adquisitivo de los salarios profesionales y un éxodo migratorio que, según estimaciones de distintos organismos, ha superado ya el medio millón de personas en los últimos años, incluyendo a un número significativo de profesionales de la educación.

El régimen cubano ha intentado presentar los convenios internacionales como un respaldo a la calidad de su sistema educativo, pero la realidad interna contradice esa narrativa. Las universidades cubanas, otrora consideradas entre las más sólidas de América Latina, operan hoy con serias limitaciones de conectividad, acceso a bibliografía actualizada y recursos para la investigación. La infraestructura tecnológica de los centros de educación superior está considerablemente rezagada respecto a estándares regionales, y los profesores deben lidiar con salarios que no cubren las necesidades básicas de subsistencia, lo que ha empujado a muchos a abandonar la docencia para incorporarse a actividades más rentables, incluido el trabajo en el sector turístico o en negocios privados emergentes.

En este escenario, los intercambios con México podrían representar una válvula de oxígeno para el gobierno cubano, que encuentra en la cooperación internacional una vía para legitimar un sistema educativo que, en su interior, reproduce mecanismos de control político y censura. La ausencia de condicionamientos en materia de derechos humanos y libertades académicas en los acuerdos bilaterales permite a las autoridades de la isla obtener beneficios de cooperación sin que se cuestione el clima de represión y restricciones que impera en sus centros de estudio. Para la dictadura cubana, estos convenios funcionan también como un instrumento de proyección internacional que contrarresta, al menos en el plano simbólico, el aislamiento creciente que enfrenta en otros frentes diplomáticos.

Implicaciones y preguntas sin respuesta

La profundización de la cooperación educativa entre México y Cuba plantea interrogantes relevantes sobre la coherencia de la política exterior mexicana en materia de derechos humanos. Mientras el Gobierno de México ha sostenido un discurso de defensa de las libertades académicas y de protección a defensores de derechos humanos en otros contextos internacionales, su relación con el régimen de La Habana parece transitar por un carril en el que estos principios quedan subordinados a la conveniencia diplomática. La ausencia de menciones a la situación de la libertad académica en Cuba en ninguno de los comunicados oficiales sugiere que el ejecutivo mexicano prefiere no incomodar a su interlocutor cubano, aun cuando organismos de la talla de la CIDH y Freedom House han documentado de manera fehaciente las violaciones sistemáticas en este ámbito.

Para la ciudadanía cubana, los efectos concretos de estos acuerdos son inciertos. Si los intercambios se limitan a beneficiar a funcionarios y académicos alineados con el régimen, como ha ocurrido históricamente con otros programas de cooperación bilateral, el impacto sobre la calidad educativa real del país será marginal. Si, por el contrario, abren canales de movilidad para estudiantes y docentes independientes o críticos, podrían representar una oportunidad de acceso a formación y recursos inexistentes en la isla. Pero la falta de transparencia sobre los criterios de selección —un patrón que se repite en todos los convenios firmados hasta la fecha— hace difícil anticipar cuál será el alcance real de estas iniciativas.

Lo que sí parece claro es que el régimen cubano continuará aprovechando los espacios de cooperación internacional para proyectar una imagen de normalidad institucional que contrasta con la profunda crisis que vive el país. Mientras las universidades mexicanas y el gobierno de ese país celebran la \»amistad y cooperación\», en Cuba los estudiantes y profesores que disienten siguen enfrentando expulsiones, persecución y la negación de su derecho a la educación libre de condicionamientos políticos. La comunidad internacional, y en particular los socios bilaterales del régimen de La Habana, tendrán que decidir si la cooperación educativa puede seguir construyéndose sobre el silencio ante estas violaciones, o si es hora de exigir que el intercambio académico venga acompañado de garantías reales de libertad en las aulas de la isla.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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