Un grupo de 40 migrantes, incluyendo al menos seis ciudadanos cubanos, lleva seis meses desaparecido en las costas de Chiapas, México, tras emprender una peligrosa travesía hacia Estados Unidos. El silencio de las autoridades mexicanas y las extorsiones de las redes de trata de personas agravan el calvario de los familiares, en medio de una crisis migratoria que hunde sus raíces en el colapso estructural y la represión social que impera en la isla caribeña.
El 21 de diciembre, dos embarcaciones repletas de migrantes partieron desde una vivienda en el pueblo de San José El Hueyate, a 50 kilómetros de Tapachula, con destino a Oaxaca. El viaje, que supuestamente duraría unas ocho horas, representaba el primer tramo hacia Ciudad de México. Sin embargo, tras zarpar, los pasajeros perdieron todo contacto con sus familiares. La última señal de localización por GPS se registró a las 08:25 de la mañana en un punto del océano Pacífico, cerca de la costa. Desde entonces, el destino de estos 40 individuos —provenientes de Cuba, Honduras y Ecuador— es un absoluto misterio.
Entre los desaparecidos se encuentran al menos seis cubanos identificados por sus familiares: Elianis Morejón, de 19 años; Dayranis Tan, de 33; Jorge Lozada, de 24; Meiling Bravo, de 40, y su hijo Samei Reyes, de 14; así como Lorena, de 28. Los testimonios recogidos por medios internacionales detallan que los migrantes habían llegado a la casa de salida entre el 18 y el 19 de diciembre, conducidos por diferentes «coyotes» a través de rutas que incluyeron pasos desde Nicaragua y Surinam. Horas antes de abordar las lanchas, algunos lograron enviar mensajes de voz a sus seres queridos. «Ya estamos en la lancha», «nos están poniendo chalecos salvavidas», relataron. Elianis Morejón, quien no sabía nadar, comunicó a su pareja su temor antes de que la comunicación se cortara definitivamente.
Las semanas posteriores a la desaparición estuvieron marcadas por la angustia y la manipulación por parte de las redes criminales. Inicialmente, los traficantes aseguraron a las familias que los migrantes habían sido detenidos por autoridades migratorias. Posteriormente, cambiaron la versión y afirmaron que las lanchas se habían hundido en alta mar. Finalmente, la situación derivó en extorsión directa. Darian Rivas, pareja de Elianis Morejón y residente en Estados Unidos, recibió amenazas de muerte contra la joven si no pagaba 2.000 dólares. Rivas realizó el desembolso, sumado a otros pagos similares por parte de distintos familiares, pero los criminales nunca aportaron pruebas de vida de las víctimas.
Inacción institucional y la crisis de seguridad en México
A pesar de que las familias cuentan con información detallada que podría impulsar una investigación sólida —incluyendo nombres de traficantes, números telefónicos y ubicaciones precisas—, la respuesta del Estado mexicano ha sido nula. Tanto la Fiscalía General de la República (FGR) como la Fiscalía de Chiapas han omitido responder a las denuncias formales o iniciar operativos de búsqueda. Esta omisión se inserta en un contexto nacional alarmante: México registra actualmente alrededor de 129.000 casos de personas desaparecidas, una cifra que evidencia la incapacidad sistémica o la falta de voluntad del aparato judicial para enfrentar la crisis de seguridad.
La política migratoria del gobierno mexicano, fuertemente condicionada por las presiones de Washington para contener el flujo migratorio hacia el norte, ha empujado a miles de personas a buscar rutas alternativas y mucho más peligrosas, controladas por el crimen organizado. Al limitar las opciones de tránsito regular, las autoridades de México han facilitado indirectamente el florecimiento de mafias que operan con total impunidad en estados del sur como Chiapas. La abogada Yesenia Váldez, de la Fundación para la Justicia, quien representa a las familias y presentó la denuncia ante la FGR, ha cuestionado duramente esta pasividad. «En seis meses no hay ninguna noticia, pero tampoco hay ninguna acción de búsqueda. Son 40 personas. ¿Cómo desaparece tanta gente? ¿Cómo la autoridad no se da cuenta? O lo permite o forma parte», señaló Váldez, reflejando la sensación de desamparo que impera entre los denunciantes.
El éxodo cubano: huir de la dictadura a cualquier costo
La tragedia de estos seis cubanos en aguas mexicanas no es un hecho aislado, sino una consecuencia directa de la profunda crisis estructural que sufre Cuba bajo el régimen de La Habana. La incapacidad del gobierno cubano para garantizar condiciones mínimas de subsistencia, sumada a la inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y los apagones interminables, ha empujado a cientos de miles de ciudadanos a abandonar la isla en los últimos años. La ruta hacia Estados Unidos, históricamente compleja, se ha vuelto cada vez más letal debido a la desesperación de quienes intentan escapar de un sistema económico y político que asfixia cualquier proyecto de vida.
A la crisis material se suma la permanente represión social ejercida por la dictadura cubana. El endurecimiento del control político, la criminalización de la disidencia y la falta de libertades fundamentales han eliminado cualquier espacio para el descontento pacífico dentro de la isla. Ante la imposibilidad de exigir cambios democráticos sin enfrentar la violencia estatal y el encarcelamiento arbitrario, la emigración irregular se ha consolidado como la única válvula de escape para amplios sectores de la población. Esta fuga masiva de talento y juventud representa, a su vez, un desangramiento demográfico que el ejecutivo cubano intenta maquillar con cifras manipuladas, mientras evita cualquier asunción de responsabilidad directa en el fenómeno.
Antecedentes de una ruta letal
El caso de las lanchas desaparecidas en Chiapas se suma a una larga lista de tragedias que han marcado el tránsito de migrantes cubanos por América Latina y el Caribe. En años recientes, se han documentado naufragios mortales en el Estrecho de la Florida, accidentes y asaltos en la extenuante ruta del Tapón del Darién, y tragedias en centros de detención mexicanos, como el incendio en Ciudad Juárez en 2023, donde perdieron la vida varios migrantes cubanos bajo la custodia del Instituto Nacional de Migración. Estos antecedentes demuestran que las políticas migratorias regionales, combinadas con la ineficacia de las autoridades para proteger a los migrantes en tránsito, convierten el sueño de alcanzar la libertad en una ruleta rusa.
Mientras las autoridades de la isla continúan profundizando el modelo económico fracasado que orilla a sus ciudadanos a la fuga, la comunidad internacional enfrenta el reto de exigir no solo transparencia y acción a México en la búsqueda de estos 40 desaparecidos, sino también presionar a La Habana para que rinda cuentas por la crisis humanitaria que ha generado. El silencio oficial sobre el paradero de estos migrantes, entre ellos una menor de edad y jóvenes que solo buscaban un futuro lejos de la represión, debe servir como un llamado de atención sobre el altísimo costo humano de las dictaduras y la urgencia de implementar mecanismos de protección migratoria que prioricen la vida humana por encima de la burocracia y los acuerdos diplomáticos.

