HOLGUÍN, Cuba. — La imposibilidad de acceder a una alimentación básica ha transformado el simple acto de desayunar en un desafío financiero insuperable para la inmensa mayoría de los cubanos. Con las tiendas estatales vacías y una inflación galopante que devalúa los salarios, las familias se ven obligadas a recurrir al mercado informal, donde los precios de productos esenciales como la leche, el pan y el café superan con creces los ingresos mensuales, evidenciando el fracaso absoluto de la economía nacional.
La matemática del hambre se impone en los hogares de la isla. Un desayuno elemental —compuesto por una porción de pan, un vaso de leche, una taza de café y azúcar— cuesta aproximadamente 98 pesos diarios por persona, lo que se traduce en un gasto mensual cercano a los 3.000 pesos. Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), el salario medio mensual en el país es de 6.830 pesos. Para un jubilado, cuya pensión promedia los 3.056 pesos, cubrir únicamente esta primera comida del día consumiría el 96% de su chequera, dejándolo en una situación de indigencia forzada.
En el caso de una familia de cuatro miembros, el costo mensual del desayuno asciende a más de 10.700 pesos. Si ambos progenitores perciben el salario medio oficial, esta comida absorbe casi el 80% de los ingresos del hogar. En hogares monoparentales o donde solo un adulto trabaja, el gasto supera el 150% de los ingresos, lo que obliga a sacrificar otras necesidades vitales como la salud o el vestir. El régimen de La Habana ha demostrado una incapacidad crónica para garantizar la seguridad alimentaria, empujando a la población a depender de vendedores informales y de remesas para subsistir.
Debacle productiva y desabastecimiento estatal
La escasez en los mercados estatales es el resultado directo del colapso de las industrias azucarera, cafetalera y lechera. Informes recientes del gobierno cubano admiten que la producción azucarera en provincias como Holguín apenas alcanzó el 9% de lo planificado, mientras que la recolección de café no logra superar las 10.000 toneladas anuales. Las autoridades atribuyen esta caída al envejecimiento de las plantaciones, la falta de insumos y el éxodo masivo de mano de obra desde las zonas montañosas. Ante este vacío, los ciudadanos se exponen a la estafa y al consumo de productos de origen dudoso, como denunciaron residentes que han adquirido leche adulterada —simple agua— a precios exorbitantes en la calle.
A pesar de décadas de discursos oficialistas sobre una supuesta \»soberanía alimentaria\», la realidad expone una dependencia absoluta de las importaciones y las donaciones internacionales. La ineficiencia de la dictadura cubana para gestionar la economía y garantizar el derecho fundamental a la alimentación no solo profundiza la pobreza extrema, sino que sigue siendo el principal motor del éxodo migratorio inédito que vive el país. Mientras el poder no asuma reformas estructurales que permitan la libre producción y distribución de alimentos, la supervivencia diaria seguirá siendo una incertidumbre permanente para millones de cubanos.