Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El espejismo del éxito: inmigrantes cubanos en EE.UU. caen en la trampa de los cursos de trading y enriquecimiento rápido

El espejismo del éxito: inmigrantes cubanos en EE.UU. caen en la trampa de los cursos de trading y enriquecimiento rápido

Decenas de inmigrantes cubanos recién llegados al sur de la Florida, agobiados por el costo de vida y la precariedad laboral, invierten ahorros en costosos cursos de day trading y mentorías financieras que prometen liberarlos del salario tradicional, pero que la mayoría de las veces conducen a pérdidas y endeudamiento, según testimonios y estudios académicos sobre esta modalidad de inversión.

La matemática de la supervivencia en el sur de la Florida es implacable y no perdona ilusiones. Para una madre soltera cubana recién llegada, graduada como contadora en la Universidad de La Habana, la ecuación se reduce a números fríos: 500 dólares semanales por 40 horas de trabajo en un empleo regular, frente a una renta que exige 1.600 dólares al mes. «La matemática es una sola, no da», afirma con resignación esta mujer, cuyo nombre ha sido protegido por tratarse de una inmigrante que aún no posee estatus regular en Estados Unidos. En su día de descanso sale a correr cinco millas en el parque Amelia después de enviar a sus dos hijos a la escuela, paga un saldo vencido a la compañía telefónica que le ha cortado el servicio y hace alguna maroma para poner gasolina en su Honda Element 2005.

A su alrededor, el panorama no es más alentador. Conoce a personas que entran a trabajar a las siete de la mañana, salen a las dos de la tarde y corren a otro empleo idéntico de tres a nueve de la noche. Trabajan 70 u 80 horas a la semana. Un doble turno que, calculado a diez o veinte años, no los sacará de ninguna parte. Es en ese desgaste cotidiano donde germina la urgencia de cambio, el deseo de dejar de ser «simple o normal» para convertirse en «extraordinario». Una transformación que casi siempre viene asociada al dinero, a la promesa de un negocio propio y a la venta de intangibles: cursos que enseñan a hacer dinero con mecanismos como el day trading o negociación intradiaria, una forma de invertir que consiste en comprar y vender activos financieros dentro del mismo día con el objetivo de obtener ganancias rápidas.

El mercado de los gurús financieros en comunidades inmigrantes

En comunidades inmigrantes sometidas a una fuerte presión económica se ha expandido este mercado de cursos, mentorías y oportunidades comerciales que promete sustituir el salario tradicional por ingresos más altos. Aunque estos modelos no son necesariamente ilegales, su promoción suele apoyarse en testimonios excepcionales, símbolos de abundancia y expectativas de ingresos que el consumidor difícilmente puede verificar. La calidad y resultados de estas formaciones en academias privadas no necesariamente están sometidos a una certificación o auditoría independiente, sino que la determinan elementos tan fluctuantes como la cantidad de seguidores del «maestro» o el mero ejemplo de superación en que se ha convertido, validado por los testimonios de otros que recibieron antes estas clases.

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Estos manuales o recetas para el éxito no están escritos sobre piedra, sino que llegan a manera de flechazos de amor cuidadosamente impulsados con estrategias de marketing. Cuentan con su propia bibliografía y con un ejército de gurús encantados de guiar paso a paso las vidas de quienes sienten el llamado del Dios dinero e invierten lo poco o lo mucho que tienen en un sueño. En la biblioteca personal de quienes se unen a este proyecto con la esperanza de romper cadenas de empobrecimiento generacional y nula educación financiera, es posible encontrar el clásico Padre rico, padre pobre, El hombre más rico de Babilonia, La psicología del dinero o Los secretos de la mente millonaria. También tiene sus versiones más criollas: El secreto de aprender a invertir y Un millón al año no hace daño, ambos del autor cubano Yoel Sardiñas, fundador de la academia Investep.

Sardiñas afirma haber expandido su visión a lo largo del mundo en la comunidad hispanohablante, enseñando a invertir en la Bolsa de Valores de Nueva York a través de los contratos de opciones y logrando impactar a más de 50.000 personas, construyendo una comunidad de estudiantes de más de 6.000, según datos que provienen de su libro Un millón al año no hace daño. Sardiñas fue contactado para este reportaje, pero no obtuvo respuesta. Su filosofía se basa en la premisa de que «el dinero no debería ser impedimento para que los sueños más profundos de cada ser humano se hagan realidad». Sin embargo, una filosofía de vida puede orientar decisiones y aspiraciones, pero no constituye por sí misma una metodología para alcanzar el éxito económico.

La cruda realidad del day trading: menos del 1% obtiene ganancias consistentes

En el caso del day trading, la evidencia disponible sugiere que obtener ganancias de manera consistente es posible, pero poco frecuente. La promesa de que cualquiera puede vivir del day trading contrasta con estudios académicos que han encontrado que la gran mayoría de los operadores pierde dinero y que menos del 1% logra obtener de forma predecible rendimientos positivos después de descontar los costos de operación. Un estudio de Barber, Lee, Liu, Odean y Zhang publicado en The Review of Asset Pricing Studies, que analizó operaciones de day traders en Taiwán, encontró que el desempeño agregado fue negativo y que 97% de los day traders tenían probabilidades de perder dinero en el futuro. Organismos como la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y la Autoridad Regulatoria de la Industria Financiera (FINRA) advierten que se trata de una actividad de alto riesgo que puede provocar pérdidas importantes.

Lorena Gutiérrez, que empezó a estudiar trading hace un año, cree que ella puede estar en el 1% rentable. «Gracias a Dios caí en las manos correctas», adelanta. «Muy poquiticos llegamos ilesos a Sac Traders, la academia de mi mentor. Donde estoy la mayoría fueron estafados. Le pagan a todo el mundo. Y cuando su trading es un caos o ya les dolió lo suficiente, recurren a él desahuciados», explica y reconoce que ella va todavía en camino a la rentabilidad porque le falta experiencia: «no soy rentable, pero tampoco pierdo dinero». «Las mujeres somos más calculadoras e incluso estadísticamente las mujeres son mejores haciendo trading que los hombres», señala.

20.000 dólares por un sueño: el caso de Christopher

Christopher es un mecánico de aviación que pagó 20.000 dólares por un curso de Online Trading Academy (OTA). «A mí siempre me ha gustado seguir los pasos de mi hermano y él comenzó a estudiar trading y yo me interesé en hacerlo también. Estaba ganando dinero porque estaba trabajando como mecánico de aviación en Michigan y quería invertirlo. Así que empecé a estudiar mediante OTA. Pagué un curso de 20.000 dólares. Hice un down payment y terminé de pagar el resto mes a mes, tres años después», contó en el tiempo previo a una práctica de trading online, en modo pantalla compartida para que se pudieran ver los diagramas y gráficos y la manera en que los va interpretando para cuando finalmente se sienta listo para pelear por un lugar en la bolsa.

OTA ofrece distintos programas cuyos precios individuales alcanzan varios miles de dólares. La empresa suele ofrecerlos como parte de rutas educativas que incluyen varios módulos, lo que incrementa el costo total. El curso base que la empresa promueve como su «estrategia central» de oferta y demanda, llamado Core Strategy Course, cuesta 7.495 dólares, lo mismo que el de Professional Options Trader Course; mientras que el de Professional Stock Trader Course lo ofrece por 5.995 dólares. «La gente se enoja porque dicen que es una estafa piramidal porque el programa cuesta entre 16.000 y 20.000 dólares y tienes que pagar mensual porque si no lo haces te quitan del programa y te quedas con la deuda», señaló. «Al mes se paga 800, tú les dices para pagar lo mínimo, yo estaba apretado, pero lo hice». Cuatro años después, ya su deuda está saldada pero todavía está en fase de simulación. Todavía no ha operado con dinero real.

El contexto cubano: la falta de educación financiera como herencia del régimen

La vulnerabilidad de los inmigrantes cubanos ante estos esquemas no es casualidad. Durante más de seis décadas, el régimen de La Habana ha mantenido a la población excluida de cualquier formación en educación financiera. En la Cuba comunista no existe un mercado de valores, no hay cultura de inversión, los bancos operan bajo control totalitario del Estado y el ciudadano común no tiene acceso a instrumentos financieros básicos. La población creció sin conceptos elementales sobre ahorro, inversión, interés compuesto o gestión de riesgo. Esta carencia educativa, impuesta por un sistema que prohíbe la propiedad privada y el libre mercado, convierte a los recién llegados en presa fácil de cualquier promesa de enriquecimiento que se presente con un lenguaje de empoderamiento y libertad.

La crisis estructural que vive la isla ha empujado a más de un millón de cubanos a abandonar el país en los últimos años, en lo que constituye el mayor éxodo migratorio de la historia reciente de Cuba. La dictadura cubana, incapaz de ofrecer oportunidades económicas, ha generado un flujo constante de personas que llegan a Estados Unidos sin recursos, sin redes de apoyo y con una urgencia desesperada de estabilidad económica. Muchos de estos inmigrantes llegan con deudas contraídas para financiar el viaje, obligaciones familiares que incluyen envíos de remesas a familiares que permanecen en la isla bajo la precariedad del modelo fracasado del gobierno cubano, y una presión inmediata por generar ingresos que los saque del margen de supervivencia.

Es en ese cruce entre desesperación económica y desconocimiento financiero donde florece el negocio de los cursos de trading, mentorías y academias de inversión. Los inmigrantes cubanos no solo enfrentan el costo de vida en ciudades como Miami, Hialeah o Tampa, sino que arrastran el peso de una formación educativa diseñada por el Estado para producir mano de obra sumisa, no ciudadanos con capacidad de análisis crítico frente a ofertas comerciales. Las autoridades de la isla jamás enseñaron a los cubanos a cuestionar promesas de rentabilidad, a evaluar riesgos financieros o a desconfiar de gurús que venden fórmulas mágicas. Ese vacío, que es responsabilidad directa del sistema educativo impuesto por el régimen, se cobra ahora su factura en el exilio.

Un futuro marcado por la deuda y la frustración

Las consecuencias de este fenómeno son preocupantes. Mientras que una minoría logra efectivamente formarse y acceder al mercado financiero con criterio, la gran mayoría de los inmigrantes que invierten en estos cursos termina con deudas adicionales, frustración y un escepticismo profundo que puede alejarlos permanentemente de instrumentos de inversión legítimos. Las academias privadas que cobran miles de dólares por enseñar estrategias de trading operan en un espacio gris de la regulación, donde la promesa de resultados no está respaldada por garantías verificables. Los testimonios de éxito que utilizan como herramienta de marketing suelen corresponder a casos excepcionales que no representan la experiencia promedio del estudiante.

Para la comunidad cubana en el exilio, el camino hacia la estabilidad económica sigue pasando por el trabajo formal, la educación reconocida y el ahorro disciplinado, no por atajos que prometen millones pero que estadísticamente conducen al vaciamiento de bolsillos ya de por sí exiguos. El sueño extraordinario que venden estos gurús choca con una realidad extraordinariamente dura: la del inmigrante que, después de huir de un sistema que le negó toda oportunidad, se enfrenta en la libertad a nuevas formas de explotación que se disfrazan de empoderamiento. La diferencia es que, a diferencia de lo que ocurre bajo la dictadura cubana, donde el ciudadano no tiene opción ni voz, en el exilio al menos existe la posibilidad de informarse, cuestionar y elegir. El desafío está en hacerlo antes de que la desesperación decida por uno.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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