La viceministra de Salud Pública de Cuba, Carilda Peña García, reconoció la posibilidad de que el hantavirus ingrese a la isla tras un brote internacional, asegurando que las autoridades mantienen vigilancia en puertos y aeropuertos. Sin embargo, esta advertencia emerge en un escenario de profunda crisis estructural, marcada por la deficiente infraestructura sanitaria, la escasez de agua potable y un éxodo migratorio masivo que complica cualquier intento de control epidemiológico.
Durante la Reunión de Expertos y Científicos para temas de Salud, encabezada por Miguel Díaz-Canel, la funcionaria detalló que el sistema de salud sigue de cerca la evolución del brote detectado en un crucero del Atlántico, el cual ha dejado varios fallecidos según la Organización Mundial de la Salud. La cepa Andes, responsable de los casos recientes, es conocida por su capacidad de transmisión entre humanos mediante contacto estrecho. Aunque el régimen de La Habana afirma que no existen antecedentes de la enfermedad ni de los roedores que la transmiten en el territorio nacional, el largo periodo de incubación del virus —de hasta ocho semanas— eleva el riesgo de que portadores asintomáticos crucen las fronteras sin ser detectados.
Ante esta amenaza, el gobierno cubano anunció el refuerzo de los controles sanitarios en puertos, aeropuertos y marinas, junto con la inspección de buques y aeronaves. Peña García recomendó a la población extremar medidas de higiene, como el lavado de manos y la protección de vías respiratorias. No obstante, estas recomendaciones chocan con la cruda realidad de una ciudadanía que enfrenta severas limitaciones para acceder a productos básicos de higiene y a un suministro de agua estable, elementos indispensables para cualquier protocolo de prevención efectivo.
Colapso sanitario y crisis hídrica alistan un escenario complejo
La alerta por el hantavirus se suma a otras urgencias epidemiológicas que las autoridades de la isla intentan manejar. Recientemente, la dictadura cubana negó la existencia de una epidemia de hepatitis A, a pesar de reconocer focos de contagio en provincias como Matanzas, Camagüey y Pinar del Río. El viceministro Julio Guerra aseguró a medios internacionales que la situación permanece \»bajo control\», una afirmación que contrasta radicalmente con los constantes reportes ciudadanos sobre acumulación de basura, salideros y vertimientos de aguas residuales en múltiples localidades del país.
La transmisión de enfermedades como la hepatitis A está directamente ligada a la crisis del suministro de agua, que obliga a miles de familias a almacenar el líquido en condiciones precarias durante largos periodos, multiplicando los riesgos de contaminación. A esto se suma la preparación para la temporada de verano, tras los recientes brotes de dengue y chikunguña que mermaron la ya frágil atención primaria de salud. El actual contexto migratorio, con un flujo incesante de salidas y entradas de la isla, aumenta exponencialmente la vulnerabilidad del país frente a patógenos importados.
La capacidad real del sistema de salud cubano para contener una eventual introducción del hantavirus o mitigar las enfermedades de transmisión hídrica permanece en entredicho. Mientras el ejecutivo cubano prioriza un discurso de supuesta contención y vigilancia, la población continúa sufriendo las consecuencias directas del deterioro institucional y la falta de inversión en infraestructuras básicas. La eventual llegada de nuevos virus a la isla no solo pondría a prueba la mermada capacidad hospitalaria, sino que agudizaría la tensión social en una nación que asiste impotente al colapso progresivo de sus servicios públicos esenciales.