Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El régimen cubano orquesta ofensiva contra mipymes y remesas para captar dólares fuera de su control

El régimen cubano orquesta ofensiva contra mipymes y remesas para captar dólares fuera de su control

Las autoridades de la isla han desatado una nueva ola de decomisos y detenciones contra el sector privado y los intermediarios financieros, acusándolos de «tráfico de divisas». La operación, que incluye recientes redadas en Camagüey y la exposición de un presunto «financista» en Miami, evidencia el esfuerzo desesperado del gobierno cubano por monopolizar la captación de dólares que eluden los canales oficiales y la intermediación de empresas estatales como GAESA.

El Ministerio del Interior ha dado a conocer recientemente la detención de un individuo señalado como «financista», junto a la incautación de bienes a varias micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) en Camagüey. Bajo el epígrafe de «tráfico de divisas», la dictadura cubana ha justificado esta intervención, presentándola como una cruzada contra la corrupción. Sin embargo, analistas económicos y el panorama interno sugieren que el objetivo real no es la legalidad, sino la confiscación de divisas que circulan al margen de los mecanismos estatales de captación.

El núcleo de esta ofensiva radica en el control de las remesas y el flujo de dólares que llega directamente a manos de la población sin pasar por el tamiz de la desvalorización estatal. La empresa de gestión de activos e inversiones del régimen, GAESA, opera a través de tiendas en moneda libremente convertible (MLC), impuestos y un complejo sistema de offshores. Cuando los dólares ingresan por canales informales, el régimen pierde su capacidad de rastreo, intermediación y, en última instancia, de apropiación. Esta «intrusión» financiera es vista por el ejecutivo cubano como una amenaza directa a su hegemonía económica.

El accionar contra las mipymes responde a una lógica similar. Aunque el gobierno cubano permitió la creación de estas empresas privadas para aliviar la profunda crisis económica y el desabastecimiento, su existencia está condicionada a un estricto margen de supervivencia. No se les permite prosperar ni articularse en grupos de presión que puedan desafiar el monopolio estatal. Aquellas empresas que logran superar los obstáculos burocráticos, impuestos excesivos, auditorías selectivas y cuotas de consumo eléctrico, se convierten en objetivos potenciales si no demuestran una «lealtad» inquebrantable al sistema.

Antecedentes de una ofensiva sistemática

La reciente redada no es un hecho aislado, sino la continuación de una estrategia gubernamental para recuperar el control de la economía informal. El caso del exministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, quien fue apartado de su cargo y sometido a una campaña de descrédito público, forma parte de esta misma narrativa. Aunque sobre Gil pesan acusaciones de presunta corrupción, su caída también se interpreta como un ajuste de cuentas y una distracción ante la incapacidad del régimen para gestionar la crisis.

Paralelamente, las autoridades de la isla han arremetido contra los medios independientes que monitorean el mercado informal de divisas, como el portal «El Toque». Al publicar el tipo de cambio real del dólar frente al peso cubano, estos espacios exponen la inflación galopante y el fracaso de la política monetaria del régimen de La Habana. La persecución a estas plataformas informativas busca silenciar la radiografía de la debacle económica y forzar a la población a utilizar las tasas de cambio oficiales, profundamente desventajosas.

La doble moral en la captación de divisas

Uno de los aspectos más reveladores de esta ofensiva es la evidente doble moral en el tratamiento del «tráfico de divisas». Mientras el Ministerio del Interior exhibe a un financista operando desde Estados Unidos, ignora de manera conveniente que en la misma ciudad y desde hace décadas operan empresas con esquemas similares. Estos negocios, articulados con conglomerados estatales como Palco S.A. y la empresa de telecomunicaciones ETECSA, realizan transacciones en el mercado informal de divisas como única vía de supervivencia ante los corralitos financieros y la ausencia de un mercado cambiario oficial y realista.

La conclusión que se impone es que el delito no radica en el mecanismo utilizado para mover el dinero —pues todas las empresas de envíos y recargas necesitan operar en el mercado informal para subsistir—, sino en la falta de un pacto con la dictadura. Las empresas que acuerdan con el castrismo reciben un «tratamiento especial», mientras que aquellas que intentan operar con independencia son criminalizadas y sometidas a severos ajustes de cuentas, como evidencia el caso de las mipymes en Camagüey.

Contexto: La pobreza inducida como mecanismo de control

Para entender esta persecución, es necesario enmarcarla en la crisis estructural que atraviesa la isla. La economía cubana sufre una inflación descontrolada, una caída drástica de la producción nacional y un colapso total de los servicios públicos. En este escenario, las remesas se han convertido en la principal red de contención para millones de cubanos. Sin embargo, para la dictadura, la relativa independencia económica que proporcionan estos envíos representa un peligro. El régimen ha utilizado históricamente la pobreza inducida y generalizada como método de sometimiento, condicionando el acceso a bienes básicos a la lealtad política.

El desesperado intento por controlar cada dólar que entra al país coincide con el mayor éxodo migratorio de la historia reciente de Cuba, que ha dejado a cientos de miles de ciudadanos huyendo de la represión y la falta de oportunidades. Las remesas enviadas por esta diáspora, a menudo despreciada por la retórica oficial, sostienen artificialmente la economía interna. La incapacidad del gobierno cubano para generar riqueza mediante la producción lo ha abocado a un modelo extractivo, donde la confiscación y la multa a actores privados se convierten en válvulas de escape para la asfixia fiscal del Estado.

Implicaciones y panorama a futuro

La criminalización de las mipymes y los intermediarios financieros independientes augura un oscuro panorama para el ya maltrecho sector privado en Cuba. El mensaje del régimen de La Habana es claro: cualquier acumulación de capital fuera de la órbita estatal será neutralizada. Esta política, lejos de resolver la escasez de divisas, desincentivará la inversión, profundizará la informalidad y acelerará el colapso de las cadenas de suministro que dependen del sector privado para importar alimentos y productos de primera necesidad.

Finalmente, la comunidad internacional y las organizaciones de defensa de los derechos humanos deberán prestar atención a cómo estas medidas económicas se entrelazan con la represión política. La confiscación de bienes bajo etiquetas penales ambiguas y la falta de debido proceso confirman que, en Cuba, la economía sigue siendo un instrumento de control político. La ofensiva actual no solo busca incautar unos pocos miles de dólares que escapan al radar de GAESA, sino reafirmar el poder absoluto de la dictadura sobre la supervivencia de cada ciudadano en la isla.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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