El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una acusación formal contra Raúl Castro y otros cinco exmandos militares por el derribo de dos aviones civiles de la organización Hermanos al Rescate en 1996, un ataque en aguas internacionales que costó la vida a cuatro cubanoamericanos. El documento judicial señala directamente al antiguo jefe de las Fuerzas Armadas como el responsable de autorizar el uso de fuerza letal contra objetivos civiles.
La acusación, presentada ante el Tribunal de Distrito de EE.UU. para el Distrito Sur de Florida, responsabiliza a Raúl Castro Ruz, junto a Lorenzo Alberto Pérez-Pérez, Emilio José Palacio Blanco, José Fidel Gual Barzaga, Raúl Simanca Cárdenas y Luis Raúl González-Pardo Rodríguez, por conspiración para asesinar a nacionales estadounidenses. Específicamente, el régimen de La Habana, a través de Castro y Pérez-Pérez, enfrenta cargos por la destrucción de las aeronaves y cuatro cargos de asesinato en relación con las muertes de Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales.
Según los fiscales, la conspiración tuvo como objetivo aterrorizar e intimidar a la comunidad exiliada utilizando información recabada por la red de espías cubanos en Miami, conocida como La Red Avispa. Los informes sobre los planes de vuelo de la organización fueron transmitidos a la Dirección General de Inteligencia y posteriormente a la cúpula militar. Tras los vuelos de enero de 1996, en los que se lanzaron proclamas democráticas sobre territorio cubano, Raúl Castro autorizó expresamente el uso de fuerza letal. El ejecutivo cubano operó bajo una cadena de mando donde Raúl y Fidel Castro eran los tomadores de decisiones finales, según detalla el documento judicial.
El audio que confirma la orden de asesinato
El expediente reconstruye minuciosamente los hechos del 24 de febrero de 1996, cuando tres aviones civiles desarmados despegaron del aeropuerto de Opa-locka. Una vez en aguas internacionales, pilotos de la Fuerza Aérea Cubana solicitaron y recibieron autorización para destruir las aeronaves con misiles aire-aire, ejecutando a los tripulantes. La imputación cobra especial relevancia gracias a una grabación atribuida a Raúl Castro, en la que el entonces ministro de las Fuerzas Armadas reconoce haber dado las instrucciones para el derribo: \»Bótenselos en el mar en cuanto aparezcan; y los que tengan la autoridad no deben andar pidiendo permiso\», se escucha decir al exgobernante en el audio, previamente verificado por especialistas y su exsecretario personal.
Este nuevo paso judicial no solo busca justicia para las víctimas de un acto calificado como terrorismo de Estado, sino que expone la naturaleza represiva de la dictadura cubana. El derribo de los aviones civiles es un ejemplo flagrante de la política de violencia institucional y falta de escrúpulos del régimen para silenciar cualquier forma de disidencia o apoyo a la democracia, trascendiendo sus propias fronteras para asesinar en territorio internacional.
Las implicaciones de esta acusación recaen sobre el legado histórico de la cúpula gobernante en la isla y reavivan el debate sobre la impunidad de la que han gozado durante décadas. Para la comunidad internacional y la diáspora cubana, este proceso representa un precedente crucial que presiona por la rendición de cuentas y envía un mensaje firme sobre las consecuencias jurídicas de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el Estado cubano.