Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El colapso de la seguridad ciudadana en Cuba: crecen los delitos violentos mientras la Policía abdica de su función protectora

El colapso de la seguridad ciudadana en Cuba: crecen los delitos violentos mientras la Policía abdica de su función protectora

La actriz y locutora cubana Laritza Camacho ha expuesto públicamente el alarmante incremento de la violencia y la criminalidad en Cuba, evidenciando la inoperancia de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y la pérdida total de la seguridad ciudadana. Su denuncia, sumada a una serie de crímenes recientes, refleja el deterioro del orden público en la isla, donde la población se encuentra desprotegida frente a la delincuencia y obligada a enfrentar la crisis por cuenta propia.

A través de una publicación en su perfil de Facebook, Camacho relató una serie de incidentes violentos ocurridos en su entorno cercano en menos de una semana, los cuales ilustran la gravedad de la situación. Uno de los casos detallados involucra a un vecino a quien le arrebataron el teléfono móvil mientras conversaba con su hijo en la vía pública. El delincuente, a bordo de una motocicleta, no solo le arrancó el aparato de la mano, sino que pasó por encima de él con el vehículo, dejando a la víctima con un esguince en la muñeca y el dispositivo destrozado.

Otro de los episodios narrados por la comunicadora ocurrió en una feria, donde una mujer fue asaltada y despojada de sus pertenencias, incluyendo la bolsa con los productos recién adquiridos. La violencia no se limita al hurto; Camacho reportó que dos personas de su círculo cercano fueron atacadas y robadas, resultando uno de ellos con heridas de consideración. Estos hechos configuran un panorama de inseguridad que se ha normalizado en el día a día de los cubanos.

La crítica de Camacho se centra de manera contundente en la pasividad de las fuerzas del orden. Relató el caso de una amiga que amaneció con la tendedera vacía y la cerca de su casa rota. Un guardia de seguridad presenció el ingreso del intruso y dio aviso a una patrulla de la PNR. Sin embargo, la respuesta de los agentes fue nula: argumentaron que no podían ingresar a las viviendas, no desplegaron ningún operativo en el perímetro y se retiraron del lugar sin tomar medidas.

Esta falta de acción gubernamental ha generado una profunda desconfianza en las instituciones encargadas de velar por la seguridad. «¿Para qué voy a ir a la Policía? ¿Qué voy a resolver?», cuestionó la locutora, reflejando el sentimiento de impotencia que prevalece en la sociedad civil. La inacción del régimen de La Habana frente a la delincuencia común contrasta con la rapidez, abundancia de recursos y severidad con la que actúa para reprimir la disidencia política o sofocar cualquier manifestación de descontento social.

Como consecuencia de esta desatención estatal, algunos sectores de la población han comenzado a tomar la justicia por sus propias manos, un fenómeno que agrava aún más el ciclo de violencia. Camacho advirtió que, al capturar a un delincuente, los ciudadanos suelen recurrir a la brutalidad: «tres o cuatro se bestializan y le caen a patadas, rompen pómulos y atacan con tanta furia como el ladrón que entra a una casa dispuesto a todo». La ausencia de un Estado de derecho funcional propicia estos estallidos de violencia popular.

Crímenes recientes y silencio oficial

El testimonio de la actriz no es un caso aislado, sino la punta del iceberg de una crisis de seguridad que se ha agudizado en las últimas semanas. En este breve período, se han reportado al menos dos asesinatos y múltiples asaltos con violencia en distintas provincias. En Sancti Spíritus, un hombre de 59 años fue asesinado presuntamente por su propio hijo y sobrino, un hecho confirmado por medios estatales. En Ciego de Ávila, un carpintero identificado como Adrián fue hallado muerto en su domicilio con signos de violencia, presuntamente por un disparo en la cabeza. Según testimonios en redes, uno de los posibles autores sería un menor de 17 años.

A pesar de la gravedad y frecuencia de estos sucesos, las autoridades de la isla mantienen un hermético silencio. Ninguna institución oficial ha emitido un comunicado que reconozca el aumento de la criminalidad o que explique las medidas a tomar para proteger a la población. Esta omisión informativa es una práctica habitual del gobierno cubano, que prioriza el control de la narrativa y la preservación de la imagen del país por encima del derecho de los ciudadanos a estar informados sobre los riesgos que enfrentan.

Contexto sistemático: Violencia y crisis estructural

El auge de la delincuencia en Cuba no puede desvincularse del profundo colapso estructural que atraviesa el país. La hiperinflación, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, los apagones prolongados y la depreciación de los salarios han empujado a amplios sectores de la población a la pobreza extrema. En este escenario de desesperación, el robo y la violencia se han convertido en medios de supervivencia para algunos, mientras que la falta de oportunidades ha incentivado el éxodo masivo, dejando a muchas comunidades desprovistas de su tejido social.

Paralelamente, la institución policial no es ajena a la crisis. Los bajos salarios de los agentes, la corrupción interna y la falta de recursos logísticos han mermado la capacidad operativa de la PNR. Sin embargo, la dictadura cubana continúa destinando sus principales recursos de seguridad no a la protección del ciudadano común, sino a la persecución política, la censura y el amedrentamiento de quienes exigen sus derechos. Esta priorización deja a la población civil en un total estado de indefensión.

El mito de la «revolución segura», durante décadas vendido como uno de los grandes logros del sistema, se ha desmoronado por completo. La metáfora utilizada por Laritza Camacho, comparando la violencia con «una metástasis y sin suero citostático», ilustra a la perfección la enfermedad terminal que padece el sistema de seguridad pública en la isla. Sin soluciones estructurales y sin la voluntad política para combatir la raíz de la crisis, la criminalidad seguirá expandiéndose sin control.

Con un dejo de amarga ironía, la locutora cerró su denuncia evocando una antigua campaña televisiva de los años 80 que buscaba humanizar a las fuerzas del orden: «Policía, policía, ¿tú eres mi amigo?». Hoy, esa pregunta retórica resuena en una sociedad donde el aparato policial es visto con desconfianza, temor y rechazo, no solo por su labor represiva contra el pueblo, sino por su inutilidad para garantizar la vida y la propiedad de los cubanos de a pie.

Implicaciones a futuro

El vacío de seguridad que sufre Cuba amenaza con profundizar la fractura social y multiplicar los conflictos en las calles. Si las autoridades no logran contener la violencia —algo improbable sin un cambio en las políticas económicas y de seguridad—, es muy probable que aumenten los episodios de justicia por mano propia, lo que derivaría en un estado de anomia aún más difícil de revertir. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deberían prestar atención a este deterioro, ya que la falta de garantías básicas en la isla es un indicador más del fracaso total del modelo impuesto por el régimen de La Habana.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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