Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Carlos Lehder señala a la cúpula castrista de facilitar el envío de cientos de toneladas de cocaína hacia EE.UU.

Carlos Lehder señala a la cúpula castrista de facilitar el envío de cientos de toneladas de cocaína hacia EE.UU.

El exnarcotraficante colombiano y cofundador del Cartel de Medellín, Carlos Lehder, ha señalado directamente al régimen de los hermanos Fidel y Raúl Castro como facilitador activo en el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos. En declaraciones recientes, Lehder sostiene que las autoridades de la isla permitieron el tránsito de cientos de toneladas de la droga a través de territorio cubano, revelando nuevos detalles sobre la complicidad estatal en operaciones ilícitas durante las décadas de 1980 y 1990.

Lehder, quien cumplió más de 33 años de prisión en Estados Unidos y fue liberado en 2020, aseguró en una entrevista en video desde Colombia que su vinculación con La Habana no fue casual. Según su testimonio, fue invitado expresamente por el gobierno comunista para establecer una ruta de tráfico de estupefacientes hacia el territorio norteamericano. Esta afirmación refuerza las sospechas históricas sobre el uso de infraestructura estatal cubana para el trasiego internacional de drogas.

El exnarcotraficante detalló que, aunque en un momento decidió apartarse de la operación, otros altos mandos del Cartel de Medellín, como Gustavo Gaviria y el propio Pablo Escobar, asumieron el control de la conexión cubana. Bajo este esquema, señala Lehder, se exportaron cientos de toneladas de cocaína con el respaldo y la logística proporcionada por el régimen de La Habana, consolidando a la isla como un puente estratégico hacia el mercado estadounidense.

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha respaldado la veracidad de estas denuncias. En comunicaciones con la prensa, la entidad gubernamental estadounidense recordó que no es un secreto que el régimen cubano ha mantenido vínculos de larga data con el crimen organizado y el narcotráfico. Como ejemplo de alto perfil, citaron la facilitación del tráfico de drogas a través de la operación liderada por el exdictador panameño Manuel Noriega, en clara coordinación con la cúpula militar y política de Cuba.

Un aspecto crucial de estas revelaciones es el destino de quienes, dentro de la isla, tuvieron conocimiento o participación en estas operaciones. El Departamento de Estado subrayó que, cuando los vínculos de los Castro con los narcotraficantes salieron a la luz a finales de los años 80, el ejecutivo cubano ejecutó al popular general Arnaldo Ochoa Sánchez. Ochoa fue acusado de actividades que, según la diplomacia estadounidense, habían sido perpetradas y dirigidas desde el más alto nivel del gobierno.

Este señalamiento coincide con el testimonio de Enrique García, un exoficial de inteligencia cubana que desertó en 1989. García confirmó que ninguna operación de esta magnitud podía ejecutarse en Cuba sin la autorización directa de Fidel Castro. Al tener conocimiento de la existencia de una investigación federal en Estados Unidos, el entonces mandatario orquestó la llamada «Causa 1 de 1989», un proceso judicial amañado que culminó con la ejecución no solo del general Ochoa, sino también del coronel Antonio de la Guardia, del capitán Jorge Martínez Valdés y del mayor Amado Padrón Trujillo.

Los antecedentes de Lehder respaldan sus dichos. Durante el juicio contra Manuel Noriega en 1991, el colombiano testificó haber donado un avión a Raúl Castro como parte de un acuerdo para garantizar el tráfico de drogas. Estos hechos también están documentados en su libro «Vida y muerte del Cartel de Medellín», donde describe minuciosamente cómo llegó a la isla y las condiciones bajo las cuales se negoció la impunidad y el apoyo logístico con el régimen cubano.

Nacido en 1949 en Armenia, Colombia, Lehder recuperó su libertad tras cumplir su condena en EE.UU. y fue trasladado a Alemania, país del cual posee ciudadanía. Recientemente regresó a Colombia, donde fue detenido brevemente el 28 de marzo por una orden pendiente, aunque el 31 de marzo quedó en libertad debido a la prescripción de su pena. Desde su retorno, ha manifestado su disposición a denunciar lo que califica como la «dictadura castro-comunista», enfatizando que todo esfuerzo por exponer estos crímenes es necesario.

La represión como mecanismo de control y silencio

El caso de Arnaldo Ochoa y la «Causa 1» no es un hecho aislado, sino una muestra del modus operandi de la dictadura cubana frente a escándalos que amenazan su imagen internacional. La ejecución del general Ochoa, un héroe de guerra con gran respaldo popular, demostró que el poder en la isla no tolera figuras que puedan opacar el liderazgo absoluto o que se conviertan en testigos incómodos de los negocios turbios del régimen. La represión estatal y los fusilamientos se han utilizado históricamente no solo para mantener la disciplina interna, sino para eliminar cualquier rastro de responsabilidad de la cúpula dirigente en actividades criminales.

Esta falta de separación de poderes y la absoluta subordinación de las instituciones civiles y militares a los designios de un grupo reducido de líderes han facilitado durante décadas la impunidad. En la Cuba actual, esta estructura vertical se mantiene intacta y es la misma que ha conducido al país a una profunda crisis estructural. El colapso de los servicios públicos, la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y la ola de apagones no son más que el resultado de un sistema donde la transparencia y la rendición de cuentas brillan por su ausencia, permitiendo que la corrupción institucionalizada opere a todos los niveles del Estado.

Las consecuencias de este modelo de gestión se reflejan hoy en el inmenso éxodo migratorio que sufre la isla. La ciudadanía, agotada por la falta de oportunidades y la represión constante, se ve forzada a abandonar el país, mientras las autoridades de La Habana siguen evadiendo cualquier responsabilidad por décadas de mala administración y vínculos con el crimen organizado internacional. La cultura de la opacidad, que permitió el tránsito de cocaína en los años 80, es la misma que hoy oculta la magnitud real de la crisis económica y social que asola a la población.

Implicaciones a futuro y exigencia de justicia

Las declaraciones de Lehder, aunque referidas a hechos del pasado, cobran una relevancia indiscutible en el panorama actual, especialmente en un momento en que el régimen de La Habana busca recomponer sus relaciones con la comunidad internacional y obtener alivios económicos. Los gobiernos democráticos y los organismos multilaterales deben tener en cuenta este historial de complicidad con el narcotráfico y la sistemática violación de los derechos humanos a la hora de establecer cualquier tipo de diálogo o negociación con el gobierno cubano.

La impunidad de la que han gozado los máximos responsables de estas operaciones ilícitas subraya la necesidad de mantener una postura crítica y firme frente a la dictadura cubana. Mientras no exista un estado de derecho real, separación de poderes y mecanismos de control ciudadano, el riesgo de que el territorio cubano siga siendo utilizado para fines ilícitos o como moneda de cambio por el régimen permanecerá latente. Las revelaciones de Lehder son un recordatorio de que el origen de muchas de las tragedias y escándalos cubanos reside en la absoluta falta de escrúpulos de quienes han monopolizado el poder en la isla durante más de seis décadas.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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