La agencia Dreams Agency, una red dedicada a la gestión de modelos para plataformas de contenido erótico operando desde Cuba, anunció su cierre definitivo tras la publicación de una investigación periodística que destapó sus opacas prácticas. Este suceso expone no solo la vulnerabilidad de las jóvenes empujadas a este tipo de trabajo, sino también el profundo vacío legal y la crisis económica estructural que azota a la isla, obligando a profesionales y estudiantes a buscar alternativas de supervivencia en la economía sumergida.
La notificación del cese de operaciones se distribuyó a través de un grupo de WhatsApp, donde participaban las modelos y streamers afiliadas. En el comunicado, al que tuvo acceso la prensa independiente, los administradores alegaron «situaciones que nos han sobrepasado y que están fuera de nuestro control» para justificar el fin de la agencia. Asimismo, intentaron asegurar a las trabajadoras que los pagos pendientes serán gestionados por un nuevo intermediario, un asistente de la plataforma Waha, quien se encargaría de las remesas internacionales bajo los métodos previamente acordados para mantener la continuidad de la retribución.
El abrupto cierre de Dreams Agency se produce apenas 24 horas después de que el medio CubaNet revelara el funcionamiento interno de estos negocios, catalogados como «call centers sexuales». El reportaje expuso cómo jóvenes, en su mayoría de Santiago de Cuba e incluyendo a estudiantes de Medicina, se ven obligadas a ofrecer contenido sexual explícito mediante videollamadas privadas en aplicaciones como Sela Anchor, Hily y Waha, bajo condiciones de extrema precariedad y sin ninguna garantía contractual.
Según los testimonios recogidos, la dinámica operativa de la agencia exigía a las jóvenes mantenerse conectadas durante largas jornadas, simulando identidades extranjeras —generalmente ubicadas en Colombia, donde la regulación de este sector es distinta— mediante el uso de redes privadas virtuales (VPN). Las gestoras, que operaban de forma anónima, guiaban paso a paso el registro de las modelos, integrándolas a grupos de Telegram y WhatsApp donde se imponían reglas, tareas diarias y reportes de ingresos sin ningún respaldo legal.

Las nuevas “streamers”: trabajo sexual desde call centers en Santiago de Cuba
Riesgos en la sombra: desprotección y extorsión digital
La investigación periodística también puso de manifiesto el grave riesgo que corren estas trabajadoras en el entorno digital. Aunque muchas utilizan imágenes modificadas para proteger su identidad, las plataformas y las agencias exigen la entrega de datos reales, incluyendo fotografías sosteniendo el carnet de identidad, supuestamente para verificar la mayoría de edad. Expertos en seguridad digital han advertido que esta falta de protección legal deja a las jóvenes expuestas a la extorsión, el acoso, la filtración de datos personales y el uso indebido de su imagen, ya que los administradores podrían grabar contenido desde fuera de la aplicación sin consentimiento ni reparto de beneficios.
La existencia y posterior desaparición de Dreams Agency evidencia la total ausencia de un marco regulatorio por parte del gobierno cubano respecto al trabajo digital y, en particular, al contenido erótico. Operando con cientos de usuarias desde el oriente de la isla, la agencia funcionaba sin registro empresarial conocido ni mecanismos de supervisión laboral. Las autoridades de la isla mantienen un sistema económico rígido que no reconoce ni protege las nuevas formas de teletrabajo, dejando a la ciudadanía a merced de redes informales que surgen y desaparecen sin dejar rastro legal ni responder por los daños causados.
El contexto sistémico: el colapso que empuja a la economía sumergida
El fenómeno de los call centers sexuales no puede entenderse sin analizar la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba. La inflación galopante, el desabastecimiento crónico de productos básicos y la devaluación del salario real han empujado a amplios sectores de la población a buscar formas de subsistencia en la informalidad. El hecho de que estudiantes de Medicina, quienes deberían estar dedicados a su formación en un sistema de salud ya colapsado, recurran a la gestión de contenido erótico para sobrevivir, es un reflejo descarnado del fracaso del modelo económico impuesto por el régimen de La Habana.
El monopolio estatal sobre las telecomunicaciones, ejercido por la empresa ETECSA, y las restricciones a la conectividad obligan a los cubanos a depender de VPNs para acceder a plataformas internacionales que el ejecutivo cubano no controla ni puede censurar fácilmente. Sin embargo, esta brecha digital es aprovechada por redes de explotación que lucran con la desesperación de la población. La falta de libertades económicas y la ausencia de un estado de derecho impiden que estas jóvenes puedan asociarse, exigir sus derechos laborales o acudir a una institución judicial imparcial en caso de abuso o fraude.
En este escenario, las mujeres son particularmente vulnerables. La crisis ha feminizado la pobreza y ha incrementado los índices de violencia de género y explotación. Al no existir un mercado laboral formal que ofrezca salarios dignos, la economía digital se convierte en una trampa para quienes carecen de alternativas. La dictadura cubana, al negar el derecho a la libre empresa y a la propiedad privada en términos reales y protectores, genera las condiciones perfectas para el florecimiento de negocios parasitarios como Dreams Agency.
Antecedentes de un país en crisis y éxodo
En los últimos años, Cuba ha experimentado un éxodo migratorio sin precedentes, motivado precisamente por la imposibilidad de prosperar bajo el sistema actual. Quienes se quedan, especialmente los jóvenes y profesionales, se ven atrapados en la encrucijada de elegir entre un empleo estatal que no alcanza para cubrir la canasta básica o aventurarse en actividades informales de alto riesgo. El sector de la salud, uno de los pilares propagandísticos del régimen, ha sido particularmente golpeado por la baja de salarios y las malas condiciones de trabajo, lo que explica la presencia de estudiantes de Medicina en estas redes de explotación digital.
La historia reciente de la isla está marcada por la proliferación de economías paralelas: desde el mercado negro de alimentos y combustibles hasta la venta de servicios digitales no regulados. Cada vez que el gobierno cubano anuncia una «medida económica» o un paquete de ajuste, los eslabones más débiles de la cadena —los ciudadanos comunes— buscan refugio en la informalidad. Sin embargo, esta informalidad no es un refugio seguro, sino un espacio de exclusión donde la ley no aplica y donde el más fuerte explota al más débil.
Implicaciones y responsabilidades futuras
El cierre de Dreams Agency no resuelve el problema de fondo; simplemente desplaza a estas trabajadoras a otros intermediarios o plataformas igual de opacas, dejando además en el limbo el destino de los datos personales almacenados por la agencia disuelta. La responsabilidad última recae sobre un sistema que ha desmantelado la economía productiva y anulado las libertades civiles. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben prestar atención a estas realidades invisibles, donde la juventud cubana es víctima tanto de la explotación de redes criminales como de la indolencia de un Estado que ha convertido la supervivencia diaria en un desafío extremo.
Mientras no existan libertades democráticas, separación de poderes y una verdadera apertura económica, la isla seguirá siendo un caldo de cultivo para este tipo de vulneraciones. La prensa independiente cumple aquí un rol fundamental al exponer estas redes, pero la solución estructural exige un cambio de régimen que priorice la dignidad y los derechos de los ciudadanos por encima del control ideológico. Las jóvenes santiagueras que hoy buscan ingresos en plataformas de contenido explícito son la cara visible de una generación secuestrada por la miseria y la falta de oportunidades en su propio país.

