El congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart afirmó que las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua no sobrevivirán al actual mandato presidencial de Donald Trump, durante una entrevista en la que también criticó la licencia otorgada a Chevron para operar en territorio venezolano y advirtió que la política de Washington hacia los tres regímenes se encamina a un endurecimiento sostenido.
En diálogo con el periodista Mario J. Pentón, el legislador republicano por el sur de Florida calificó al gobierno de Nicolás Maduro como \»un narcocartel que se ha apoderado de un país\» y acusó a un sector mayoritario de los legisladores demócratas de intentar \»mantener y ayudar a la tiranía en Venezuela\». Díaz-Balart reprochó que, durante el debate sobre una resolución destinada a impedir acciones armadas contra el régimen chavista, varios congresistas del Partido Demócrata llegaron a relativizar la naturaleza autoritaria del ejecutivo venezolano, lo que a su juicio revela una preocupante desconexión con la realidad hemisférica.
El congresista sostuvo que la actual administración estadounidense está ejerciendo \»un liderazgo muy importante\» en el hemisferio occidental y reiteró una tesis que dice defender desde hace años: que las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua no habrían perdurado bajo un segundo mandato de Trump. \»Estoy convencido de que esas tres narcodictaduras no van a sobrevivir los tres años y un poco más que le queda a la presidencia de Donald Trump\», afirmó, vinculado esta predicción a la designación de estos grupos como organizaciones terroristas y a lo que describió como una respuesta directa al \»narcoterrorismo de Estado\».
El debate sobre Chevron y los intereses económicos detrás de las dictaduras
Sobre la controvertida licencia concedida a la petrolera Chevron para operar en Venezuela —un tema que ha generado fuertes críticas por parte de la delegación cubanoamericana en el Congreso—, Díaz-Balart reconoció que existen \»grandes intereses\» empeñados en hacer negocios con regímenes autoritarios porque, a su juicio, \»la esclavitud es lucrativa\». El legislador aseguró que, pese a ser un grupo reducido en el Capitolio, los representantes de origen cubano han logrado frenar repetidamente esos impulsos económicos que, en la práctica, prolongan la supervivencia de gobiernos represivos.
En el caso específico de Chevron, el congresista reveló que fue necesaria una intervención directa ante el presidente Trump para que comprendiera la naturaleza del acuerdo. \»Había una persona en su administración que estaba buscando formas de negociar y de apaciguar a Maduro\», señaló, sin identificar a la figura en cuestión, pero dejando claro que la presión legislativa fue determinante para reorientar el enfoque del ejecutivo estadounidense sobre el tema venezolano.
El vínculo Cuba-Venezuela y la fragilidad del régimen de La Habana
Respecto a Cuba, Díaz-Balart aseguró que la dictadura cubana \»nunca ha estado tan débil\» en más de seis décadas de poder y que la población de la isla \»está harta\», manifestándose en las calles con una frecuencia creciente pese a la intensa represión que dificulta cualquier forma de organización abierta. El legislador vinculó directamente la fragilidad del régimen de La Habana con su dependencia del petróleo venezolano, un flujo que, según reportes recientes, no se destina al beneficio de la población cubana sino que es revendido para enriquecer a las élites gobernantes, profundizando aún más la crisis estructural que sufre el país.
El congresista cerró su intervención enumerando lo que, a su juicio, son las tres opciones que le restan a Nicolás Maduro: abandonar el poder voluntariamente, enfrentar un destino similar al del exdictador panameño Manuel Noriega —derrocado y encarcelado por Estados Unidos en 1989—, o correr la suerte de líderes terroristas eliminados por acciones directas de Washington. Para el legislador, la política de presión sostenida y la designación de estos regímenes como amenazas terroristas marcarán el rumbo de los próximos años en la región, con consecuencias que podrían redefinir el panorama político del hemisferio y, en el caso específico de Cuba, acelerar el colapso de un sistema que se sostiene cada vez más por la represión y la dependencia externa.