Domingo, 27 de septiembre de 2026
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La Habana oculta la postura real de Máximo Gómez sobre la intervención estadounidense en 1898

La Habana oculta la postura real de Máximo Gómez sobre la intervención estadounidense en 1898

El régimen de La Habana rindió recientemente homenaje al general en jefe del Ejército Mambí, Máximo Gómez, en el 120 aniversario de su fallecimiento. Sin embargo, la ceremonia encabezada por Miguel Díaz-Canel y la cobertura de la prensa oficial omitieron deliberadamente un episodio crucial de su legado: la correspondencia donde el prócter dominicano-cubano agradecía la intervención de Estados Unidos y rechazaba una alianza de último minuto con el ejército colonial español. La omisión expone, una vez más, la manipulación sistemática de la historia como herramienta de legitimación política por parte del poder en la isla.

Durante el mes de junio, en ocasión de conmemorarse 120 años del deceso del ilustre militar, las altas esferas del gobierno cubano depositaron ofrendas florales en su tumba ubicada en el Cementerio de Colón. La prensa afín al sistema se limitó a reseñar sus méritos estratégicos y militares en la gesta independentista de 1895, construyendo una narrativa heroica pero incompleta. Lo que las autoridades de la isla evitaron mencionar fue la postura real y documentada que sostuvo Gómez frente al ingreso de las tropas estadounidenses en el conflicto contra España.

La historiografía oficial, forjada tras 1959, ha calificado tradicionalmente la intervención militar de Washington en 1898 como un «zarpazo imperialista» que frustró una victoria mambisa que se presumía inminente. Este relato ha sido fundamental para sustentar el discurso antiimperialista del Estado. No obstante, los hechos históricos y los testimonios directos de los protagonistas contradicen frontalmente esta interpretación, revelando que la colaboración con Estados Unidos fue vista por la cúpula militar cubana de la época como un factor decisivo y necesario para el cese de la dominación colonial.

El episodio silenciado tiene lugar cuando, tras la Declaración Conjunta del Congreso de Estados Unidos y la inminente entrada de Washington en la guerra, el entonces capitán general de España en Cuba, Ramón Blanco, intentó un movimiento desesperado. Blanco envió una misiva a Máximo Gómez proponiendo un cese al fuego y una alianza militar entre españoles y cubanos para enfrentar al nuevo invasor, apelando a la supuesta comunidad de raza y sangre. La propuesta sugería que las tropas mambisas recibieran las armas del Ejército Español en Santa Clara y, al grito de «Viva España y Viva Cuba», rechazaran al ejército estadounidense.

La contundente respuesta del general mambí

La respuesta de Máximo Gómez a la propuesta de Ramón Blanco fue inmediata, clara y contraria a los mitos que hoy difunde el ejecutivo cubano. El general en jefe del Ejército Mambí manifestó que Blanco representaba en el continente a una monarquía vieja y desacreditada, mientras que los cubanos combatían por un principio americano, el mismo que inspiró a figuras como Simón Bolívar y George Washington. En su misiva, Gómez dejó claro que no percibía a Estados Unidos como una amenaza de exterminio para la isla.

En un fragmento que la prensa oficialista jamás reproduce, Gómez declaró: «Hasta el presente solo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos. He escrito al presidente McKinley y al general Miles, dándoles gracias por la intervención americana en Cuba. No veo el peligro de nuestro exterminio por Estados Unidos. Por el presente solo tengo que repetirle que es muy tarde para su pretendida alianza». Esta posición no era una visión aislada del generalísimo, sino que reflejaba el pensamiento de la gran mayoría de los mandos cubanos que comprendían la necesidad de ese apoyo externo para poner fin a las hostilidades con Madrid.

El revisionismo histórico como pilar de la ideología estatal

La construcción del relato histórico en Cuba tras el triunfo de la revolución se ha basado en una selección arbitraria de los hechos. El régimen de La Habana ha manipulado el pasado para presentar una línea ininterrumpida de luchas que culmine y se justifique en el actual estado de cosas. Para lograr esto, la dictadura cubana ha ejercido un control absoluto sobre los archivos, los textos escolares y los medios de difusión, tergiversando el legado de los próceres y ocultando todo aquel episodio que contradiga la narrativa oficial del antiimperialismo radical.

La pregunta que surge de manera inevitable es qué derecho asiste a los actuales historiadores y funcionarios del Estado para reinterpretar los hechos de una manera diametralmente opuesta a como los vivieron y narraron sus propios protagonistas. La respuesta radica en la necesidad política de fabricar un enemigo externo eterno que justifique las fallas internas. Al cañonear la historia y omitir documentos como la carta de Gómez, el Estado busca privar a la ciudadanía de las herramientas críticas para entender su propia realidad y el origen de sus desgracias.

Contexto: La historia manipulada en medio del colapso estructural

El afán por mantener vigentes estos mitos históricos cobra una relevancia particular en el actual escenario de crisis estructural que atraviesa la isla. Mientras el gobierno cubano dedica esfuerzos a rendir homenajes selectivos y a mantener encendida la retórica contra el «imperialismo», la población enfrenta una hiperinflación galopante, un desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y el colapso total del sistema electroenergético nacional. La manipulación del pasado funciona como una cortina de humo para ocultar la ineficiencia y la falta de capacidad de gestión del modelo económico y político impuesto en el país.

Paradójicamente, las nuevas generaciones de cubanos, formadas bajo el yugo de esta historiografía distorsionada, son las que hoy masivamente abandonan la isla en un éxodo migratorio sin precedentes. Los jóvenes que el sistema educativo intentó moldear como continuadores de un supuesto antiimperialismo ancestral, emigran hacia Estados Unidos y otras naciones en busca precisamente de los «principios americanos» de libertad y prosperidad económica que Máximo Gómez citaba en su correspondencia. La realidad cotidiana y la represión social han demostrado ser más fuertes que el adoctrinamiento.

La censura y el control de la narrativa histórica son mecanismos habituales de la dictadura para evitar el escrutinio público. Al prohibir el debate académico libre y la circulación de investigaciones que contradigan el dogma oficial, el poder se asegura de mantener un monopolio sobre la «verdad». Sin embargo, esta estrategia muestra claros signos de agotamiento. El acceso a internet y a fuentes externas ha permitido que una parte creciente de la sociedad civil comience a desmitificar la historia oficial por cuenta propia, descubriendo las omisiones y tergiversaciones impuestas durante décadas.

Implicaciones y el peso de la verdad histórica

El silencio del régimen sobre la postura real de Máximo Gómez frente a la intervención estadounidense de 1898 no es un simple error académico, sino una muestra de la fragilidad de los cimientos ideológicos sobre los que se sostiene el poder en Cuba. Revelar la verdad histórica implica aceptar que los padres de la patria no comulgaban con el dogma totalitario que hoy rige la isla, y que la búsqueda de libertades y alianzas internacionales era parte esencial de su visión de progreso.

De cara al futuro, la labor de historiadores, investigadores e intelectuales independientes se vuelve imperativa para desmontar la red de mitos que ha secuestrado la identidad nacional. La recuperación de la memoria histórica real no solo es una deuda con los próceres que forjaron la nacionalidad, sino un paso indispensable para la reconstrucción cívica de Cuba. Solo a través del reconocimiento de un pasado veraz, sin manipulaciones ni omisiones interesadas, la ciudadanía podrá construir un proyecto de nación basado en la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos, alejado de las imposiciones de un régimen que sobrevive a través del control del pasado y el miedo al futuro.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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