Miércoles, 22 de julio de 2026
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Centenario de Alfredo Guevara: El legado del comisario cultural y la censura en el cine cubano

El cada vez más menguado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano se ha celebrado este año en menos de ocho salas operativas en La Habana, recurriendo a generadores eléctricos para sortear los apagones. En medio del colapso energético y de la infraestructura cultural, las autoridades de la isla han dedicado la edición a Alfredo Guevara, fundador del evento y presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), con motivo del centenario de su nacimiento.

Alfredo Guevara, quien dirigió el ICAIC entre 1959 y 1983 y retomó el cargo en 1991, no destacó por su labor detrás de las cámaras, sino como el máximo comisario del séptimo arte en la isla. Su influencia derivó de una estrecha amistad con Fidel Castro, forjada en la Universidad de La Habana y consolidada durante el Bogotazo en 1948. Fue Guevara quien introdujo al entonces joven líder en los postulados del socialismo, aunque en sus últimos años intentó reivindicarse como un crítico del estatismo y defensor de un \»socialismo libertario\», una postura que contrasta con el modelo autoritario que ayudó a cimentar.

El papel de Guevara en la supresión de la libertad cultural

Su gestión al frente de las políticas culturales del régimen de La Habana estuvo marcada por la intolerancia. Aunque logró evitar que los sectores más ortodoxos del antiguo Partido Socialista Popular prohibieran el cine europeo de los años sesenta, su legado está profundamente manchado por la censura. La dictadura cubana encontró en Guevara a un operador clave durante los episodios más oscuros para la libertad de expresión, como la prohibición del documental PM, sus ataques al suplemento Lunes de Revolución y su respaldo incondicional a las \»Palabras a los Intelectuales\» de Fidel Castro, que sentenciaron el destino de la creación artística bajo el control del Estado.

La actitud autoritaria de Guevara fue retratada magistralmente por Guillermo Cabrera Infante en su cuento \»Delito por bailar el chachachá\», donde se ilustra cómo el entonces zar del ICAIC, amparado en su cercanía al poder absoluto, decidía con soberbia qué constituía la \»cultura revolucionaria\». Lejos de ser la logia libertaria que él mismo pintaba, el ICAIC funcionó como un purgatorio para los creadores que no se plegaban a sus designios. Allí se debatía, pero la última palabra siempre la tenía el comisario en jefe, quien incluso utilizó su poder para otorgar refugio selectivo a figuras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola durante el oscuro periodo conocido como el Quinquenio Gris.

La conmemoración del centenario de Alfredo Guevara ocurre en un contexto de crisis sistémica que afecta profundamente el sector cultural. Con menos de ocho salas de cine funcionando en la capital y la dependencia de generadores para eludir los constantes apagones, el panorama actual es el resultado de décadas de centralización y falta de libertades impulsadas por figuras como el propio Guevara. El homenaje del gobierno cubano a uno de los arquitectos de la censura institucional refleja una continuidad en su política de control sobre la artisticidad, mientras la ciudadanía enfrenta el colapso material y un éxodo masivo de creadores que prefieren el exilio antes que someterse a los dictados del Estado.

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Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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