Domingo, 27 de septiembre de 2026
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Colapso eléctrico en Matanzas: periodista cubana denuncia que la isla se ha convertido en un «pueblo fantasma»

Colapso eléctrico en Matanzas: periodista cubana denuncia que la isla se ha convertido en un «pueblo fantasma»

La profunda crisis energética que sufre Cuba ha llevado a la población de Matanzas a una situación límite, donde los apagones han dejado de ser interrupciones del servicio para convertirse en la norma absoluta. Una periodista vinculada históricamente a la esfera oficialista ha roto el silencio para describir la desesperación de los ciudadanos, quienes pasan hasta 17 horas sin servicio eléctrico, evidenciando el fracaso estructural del sistema y la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar servicios básicos.

Yirmara Torres Hernández, quien se desempeñó como presidenta de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Matanzas y actualmente trabaja para la Editorial de la Mujer, publicó un testimonio demoledor en sus redes sociales detallando las condiciones extremas en la provincia. Con una amarga ironía, la comunicadora señaló que en Matanzas ya no existen «apagones» ni «alumbrones», sino una ausencia total de electricidad. «Para tener apagones hay que tener electricidad. Si nunca la tienes y te la ponen ‘de Pascua a San Juan’, no sé cómo se llama eso, pero apagones no son», escribió, sintetizando el colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN).

En su relato, Torres Hernández detalló cómo su propia vivienda estuvo 17 horas seguidas sin servicio eléctrico, desde la una de la tarde hasta las seis de la madrugada del día siguiente. Esta realidad ha borrado cualquier rutina para los residentes de Matanzas, quienes viven en un estado de incertidumbre permanente. «Ya no ponen la corriente casi nunca. Ya nos la quitan y no sabemos si volverá», expresó la periodista. La falta de energía ha paralizado la vida doméstica, impidiendo cocinar, lavar, conservar alimentos o realizar cualquier actividad profesional o productiva, sumiendo a la población en un estado de agotamiento físico y emocional.

La descripción de la comunicadora pinta un panorama desolador sobre el deterioro de la calidad de vida y la salud mental de los cubanos. «Vivimos esperando las migajas de electricidad para cocinar, lavar o trabajar… Corremos a cargar todo, pero ya ni tiempo da… así que andamos también descargados. Y ni trabajamos, ni producimos… Somos un pueblo fantasma… andamos como zombies. No dormimos, no descansamos…», relató. Esta condición de «zombies» refleja el impacto profundo que tiene el déficit energético en el funcionamiento cotidiano, donde los ciudadanos están condenados a la mera supervivencia biológica ante la imposibilidad de planificar el futuro más inmediato.

La crisis no se limita a la electricidad. Torres Hernández advirtió sobre la grave precariedad en el suministro de agua, otro servicio esencial gestionado por el Estado. Los ciudadanos deben vivir «vigilando el chorrito que llega cuando le parece… y cuando llega». La combinación de la falta de energía para bombear el vital líquido y el colapso de la infraestructura hidráulica exacerba la crisis humanitaria en la provincia, convirtiendo el acceso a la higiene y al consumo de agua potable en un desafío diario insalvable para la mayoría de los hogares.

Desgaste de la narrativa oficial y exigencia de respuestas

En su publicación, la periodista también dirigió sus críticas hacia el discurso oficial que culpa sistemáticamente al embargo de Estados Unidos por el colapso interno. Con sarcasmo, cuestionó la falta de responsabilidad de las autoridades y la inoperancia del ejecutivo cubano: «Na, si no somos responsabilidad de nadie… No… si los apagones ahorita solo son culpa del bloqueo y de nosotros…». Este sentimiento refleja una fatiga creciente entre la población, e incluso entre sectores antes alineados con el gobierno, que ya no aceptan la culpa externa como justificación para la evidente ineficiencia administrativa y la falta de mantenimiento de las termoeléctricas.

Torres Hernández no escatimó ironías frente a los constantes llamados del gobierno a la «resistencia» y al «ahorro». «Y seguro pronto vemos alguna declaración donde alguien dice que debemos resistir más y ahorrar… Siempre se puede más… El aguante es infinito, imagino que piensan. Y la falta de electricidad y de vergüenza también», sentenció. Cerró su mensaje con un desafío directo a la cúpula de poder, invitando a cualquier directivo insatisfecho con su publicación a «untarse un poquito de realidad» y, si reside en La Habana, a pasar una semana en su casa para experimentar el colapso en primera persona.

El colapso del Sistema Electroenergético Nacional

El testimonio desde Matanzas no es un caso aislado, sino el reflejo de una catástrofe a escala nacional. Informes recientes de la Unión Eléctrica (UNE) indican que los apagones han llegado a cubrir hasta el 48% del territorio nacional de manera simultánea. Mientras que en La Habana, el centro neurálgico del poder, los cortes programados oscilan entre cuatro y seis horas, en las provincias del interior las interrupciones alcanzan o superan las 20 horas diarias. Esta disparidad subraya la desigualdad territorial y la priorización de la capital sobre el resto de la isla por parte de las autoridades.

Esta crisis es la culminación de décadas de falta de inversión y mantenimiento en la infraestructura energética del país. Antes del apagón total del 18 de octubre de 2024, cuando se produjo la desconexión del SEN durante varios días, la mayoría de las provincias cubanas apenas disponían de tres horas de servicio eléctrico al día. Aunque hubo una leve mejoría posterior, los déficits repuntaron rápidamente, llegando a afectar hasta casi el 60% del país de forma simultánea. Cálculos independientes estiman que Cuba necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar su sistema eléctrico, una cifra inalcanzable bajo el actual modelo económico.

Contexto sistemático: una crisis que trasciende lo energético

El colapso energético está indisolublemente ligado a la crisis estructural del modelo cubano. La incapacidad de generar energía paraliza la ya debilitada economía nacional, afectando la producción industrial, la conservación de alimentos y los escasos negocios privados que sostienen a las familias. Además, la falta de electricidad impide el almacenamiento de alimentos básicos, lo que agrava la severa escasez de productos y la hiperinflación que ha empobrecido a la población. El régimen de La Habana ha demostrado una incapacidad absoluta para diseñar políticas económicas viables que atraigan la inversión necesaria para modernizar sus plantas termoeléctricas y diversificar su matriz energética.

El deterioro de los servicios públicos es un síntoma de la desconexión total entre el Estado y la ciudadanía. La burocracia estatal ha probado ser ineficaz para administrar los recursos del país, recurriendo a la represión y la censura para silenciar el descontento. Las promesas de desarrollo y soberanía energética se han desvanecido frente a una realidad donde la infraestructura está obsoleta, los combustibles escasean y la planificación centralizada ha fracasado estrepitosamente, dejando a millones de cubanos a merced de un sistema que no funciona.

Históricamente, los apagones han sido el detonante de la indignación social en Cuba. La ausencia prolongada de electricidad y agua, sumada al hambre y la persecución política, crea un cóctel volátil. Los antecedentes más notables son las protestas masivas del 11 de julio de 2021, las mayores en décadas, y las manifestaciones del 17 de marzo de 2024 en Santiago de Cuba y otras localidades. En ambas ocasiones, la dictadura cubana respondió con violencia estatal, detenciones masivas y juicios sumarios, en lugar de ofrecer soluciones estructurales al déficit energético y a la violación sistemática de los derechos humanos.

Implicaciones y panorama a futuro

La denuncia pública de una figura tradicionalmente ligada al sector oficial subraya la profunda fractura dentro de las propias bases de apoyo al sistema. A medida que la crisis energética se profundiza y el gobierno cubano continúa sin ofrecer soluciones tangibles, el tejido social sigue deshilachándose, empujando a miles de personas a sumarse al masivo éxodo migratorio que ha vaciado a la isla de su fuerza laboral y juvenil.

La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben monitorear de cerca este deterioro, ya que la supervivencia de millones de cubanos está en juego bajo un sistema que ha demostrado ser incapaz de garantizar los derechos más elementales. Sin un cambio profundo en la política energética y una apertura democrática que permita la rendición de cuentas, la isla continuará su marcha hacia el colapso total, una realidad donde, como bien describió la periodista, los ciudadanos están condenados a «sobremorir» mientras el poder ignora su sufrimiento.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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