Un nuevo y trágico accidente de tránsito en el municipio de Santo Domingo, provincia de Villa Clara, ha dejado un saldo de un cubano fallecido y varias personas heridas, entre ellas un menor de 14 años. El siniestro, ocurrido en la zona conocida como Eureka, involucró a dos motocicletas que colisionaron de frente, evidenciando una vez más la precariedad y el peligro que acechan a los ciudadanos en las vías de la isla, en medio de una profunda crisis estructural que el gobierno cubano parece incapaz de resolver.
De acuerdo con reportes de prensa independiente, el impacto entre las dos motocicletas fue de tal magnitud que una de las víctimas perdió la vida en el propio lugar del siniestro. Otra de las personas involucradas se encuentra en estado crítico, luchando por sobrevivir en una sala de cuidados intensivos con un pronóstico reservado. El menor de 14 años sufrió lesiones de consideración que requieren atención médica prolongada, mientras que una mujer tuvo que ser trasladada de urgencia por el Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM) debido a las múltiples contusiones presentadas tras el brutal choque.
Este fatal acontecimiento en el centro de la isla se suma a otra tragedia similar registrada apenas un día antes en la provincia de Santiago de Cuba. En aquella ocasión, tres personas perdieron la vida y al menos seis resultaron heridas en un accidente ocurrido en un tramo de la Autopista Nacional que conecta los municipios de San Luis y Palma Soriano, específicamente en el punto conocido como Puente 4. La reiteración de estos siniestros fatales en distintas geografías del país dibuja un panorama desolador respecto a la seguridad vial, donde la vida de los cubanos queda a merced de infraestructuras colapsadas y vehículos en pésimas condiciones.
Estadísticas oficiales revelan un aumento alarmante en la mortalidad vial
La letalidad de los accidentes de tránsito en Cuba es una realidad que ni siquiera las autoridades de la isla pueden ocultar en sus informes periódicos. A mediados de mayo pasado, el ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, reconoció un incremento del 18% en el número de muertes durante el primer trimestre de este año, en comparación con el mismo periodo del año anterior. Entre enero y marzo se reportaron 173 fallecidos, 27 más que los 146 registrados en igual lapso de 2024, una cifra alarmante si se tiene en cuenta la constante disminución de la población en la isla debido al éxodo migratorio masivo.
El propio titular del Ministerio de Transporte admitió que, paradójicamente, aunque el número total de accidentes disminuyó de 1.882 a 1.738 y la cifra de lesionados descendió a 1.514 (87 menos que en 2024), «preocupa el aumento de víctimas mortales, especialmente en el mes de marzo, cuando el repunte fue más acentuado». Esta divergencia entre menos accidentes pero más muertos sugiere que las colisiones están siendo cada vez más violentas, un fenómeno directamente vinculado al estado mecánico de los vehículos, la imprudencia forzada por las circunstancias y las pésimas condiciones de las carreteras.
Rodríguez Dávila también destacó disparidades regionales que reflejan la desigual gestión territorial y la concentración de recursos en la capital. Mientras que en el occidente del país las cifras de accidentes, heridos y fallecidos descendieron, en las provincias centrales y orientales se registraron incrementos notables. Villa Clara, Cienfuegos, Granma, Sancti Spíritus y Las Tunas fueron los territorios con mayor crecimiento en la accidentalidad. En cuanto a los fallecidos, La Habana, Ciego de Ávila y Camagüey encabezaron la lista de provincias más afectadas. Durante todo el año 2024, la Comisión Nacional de Seguridad Vial contabilizó 7.507 accidentes, un 12% menos que en 2023, pero la tendencia mortal continúa en ascenso.
El contexto sistémico: crisis del transporte y deterioro vial
Ante estos números, el régimen de La Habana mantiene un discurso recurrente y manido: atribuir la inmensa mayoría de los siniestros al «factor humano». Sin embargo, esta explicación resulta cómoda e incompleta, ya que evita profundizar en las verdaderas causas estructurales que propician estas tragedias diarias. El deterioro acelerado del estado vial, la práctica nula señalización horizontal y vertical, la ausencia de iluminación en las carreteras debido a los constantes apagones y la crisis terminal del transporte público son factores determinantes que el gobierno cubano ignora sistemáticamente en sus análisis oficiales.
El colapso del transporte público estatal ha obligado a miles de cubanos a buscar alternativas inseguras para poder movilizarse y acceder a sus centros de trabajo o adquirir alimentos. La proliferación de motocicletas y «motorinas», muchas veces importadas de manera informal, ensambladas con piezas de dudosa procedencia o adquiridas a precios exorbitantes, se ha convertido en el principal medio de transporte para la población. Estos vehículos, que a menudo carecen de mantenimiento adecuado, frenos en buen estado o luces funcionantes, circulan por calles y autopistas llenas de baches y obstáculos, multiplicando exponencialmente el riesgo de accidentes mortales.
A la peligrosidad de las vías y los vehículos se suma la precariedad del sistema de salud y de emergencia. El SIUM, encargado de atender estos siniestros, sufre la misma escasez de recursos que el resto del aparato estatal. La falta de combustible para mantener las ambulancias operativas, la deteriorada flota de vehículos de emergencia y los graves problemas para acceder a medicamentos, sangre e insumos médicos en los hospitales agravan el pronóstico de los heridos. Un accidente que en otras circunstancias podría ser superable, en la Cuba actual puede convertirse en una sentencia de muerte debido a la lentitud de la atención y la falta de recursos para la estabilización y recuperación del paciente.
Antecedentes de un abandono prolongado
El deterioro de la infraestructura vial no es un fenómeno reciente, sino el resultado de décadas de desinversión y abandono por parte del ejecutivo cubano. Las autopistas y carreteras de la isla, que en su momento fueron consideradas obras de ingeniería destacadas, hoy presentan un estado de conservación deplorable. La falta de mantenimiento preventivo, la ausencia de pintura para señalizar líneas y la inoperancia de la inmensa mayoría de los semáforos en numerosos cruces crean un entorno caótico donde la responsabilidad se diluye y el ciudadano queda expuesto a su propia suerte.
Además, la aguda crisis económica ha impulsado prácticas de supervivencia que impactan directamente en la seguridad vial. El transporte particular, ante la necesidad imperiosa de rentabilizar cada viaje en un contexto de hiperinflación y salarios de hambre, suele viajar con un exceso de pasajeros o carga, comprometiendo la estabilidad, el centro de gravedad y la capacidad de frenado de los vehículos. Esta sobreexplotación de los medios de transporte, fruto de la desesperación económica y la falta de alternativas, es una consecuencia directa de las políticas fracasadas del gobierno cubano.
Consecuencias y panorama a futuro
La realidad es contundente: mientras las autoridades de la isla continúen culpando unilateralmente al «factor humano» y se nieguen a asumir su responsabilidad en la gestión deficiente de la infraestructura y el transporte, las muertes en las carreteras cubanas seguirán en aumento. La ciudadanía se encuentra atrapada en una encrucijada donde la necesidad de movilizarse para sobrevivir choca frontalmente con la inseguridad de un sistema vial en ruinas. Sin políticas públicas efectivas, inversión real en infraestructura y una solución estructural a la crisis del transporte, la tragedia en las vías de Cuba seguirá cobrando víctimas silenciadas por unas estadísticas oficiales que explican el «qué» pero omiten deliberadamente el «porqué» de fondo.


