La Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, ha reportado el fallecimiento de cuatro de sus miembros en apenas una semana, un hecho que estremece a la comunidad académica y se produce en medio de una aguda crisis epidemiológica y sanitaria que sufre la isla. Dos estudiantes y dos profesores perdieron la vida por diversas complicaciones de salud, evidenciando la vulnerabilidad de la población ante la precariedad del sistema médico.
La institución académica confirmó el deceso del joven profesor del departamento de Biología, Raudel de Armas Louis, quien falleció en la madrugada tras permanecer hospitalizado, sin que las autoridades detallaran las causas exactas. A este caso se suma el de Beatriz Carmenaty Corona, estudiante de Gestión Sociocultural, quien padecía una enfermedad crónica que derivó en complicaciones cardiovasculares fatales. Aunque la universidad emitió condolencias oficiales, el silencio institucional sobre el primer caso refleja la opacidad informativa habitual del régimen de La Habana ante situaciones de salud pública.
Estos fallecimientos se suman a otros dos reportados previamente en la misma semana: el del veterano profesor de Ingeniería Química y Agronomía, Pedro Antonio Rodríguez Fernández, víctima de un infarto asociado a enfermedades de base, y el del estudiante de Ingeniería Mecánica Luis Enrique Vicet Castellanos. La concentración de fatalidades en un mismo centro educativo en tan corto plazo ha generado profunda alarma entre estudiantes y familiares, quienes deben enfrentar el desamparo ante cualquier emergencia médica.
Crisis epidemiológica y desabastecimiento agudizan la tragedia
Las muertes en la Universidad de Oriente trascienden en un escenario de colapso sanitario generalizado, exacerbado por el paso del huracán Melissa a finales de octubre. Las autoridades de la isla se han visto obligadas a reconocer el avance imparable de un brote de chikungunya, con más de 20.000 casos atendidos en todo el país, según admitió el Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Las provincias de Santiago de Cuba, La Habana, Camagüey y Villa Clara concentran el 62% de los focos del mosquito Aedes aegypti, lo que evidencia la ineficacia de las campañas de prevención estatales y el abandono de la higiene comunitaria.
Aunque el ejecutivo cubano anunció el despliegue de fumigaciones intensivas y la búsqueda activa de pacientes febriles mediante estudiantes de medicina, la realidad en las calles contradice el discurso oficial. Ciudadanos de Santiago de Cuba y La Habana denuncian que la fumigación es irregular y, en muchos casos, solo se ejecuta mediante el pago de sobornos informales a los operarios. A esto se suma la escasez crítica de medicamentos básicos, las interminables colas en policlínicos y el contagio masivo de familias enteras, dejando al descubierto la incapacidad del sistema de salud para proteger a la población.
La acumulación de tragedias individuales en centros como la Universidad de Oriente es un reflejo del deterioro profundo del tejido social y sanitario en Cuba. Mientras la dictadura cubana prioriza el control político y la vigilancia represiva, los ciudadanos enfrentan solos el avance de enfermedades prevenibles y la falta de atención médica adecuada. La inacción estructural frente a la crisis epidemiológica amenaza con elevar la mortalidad por causas evitables, profundizando el desespero de una población que continúa siendo la principal víctima del fracaso del modelo impuesto.