El Ministerio de Salud Pública (MINSAP) de Cuba confirmó un repunte alarmante de casos críticos de chikungunya en la población pediátrica, con 79 menores de edad recluidos en salas de terapia intensiva. La situación se agrava con la circulación simultánea del dengue y el colapso de las medidas de control vectorial, evidenciando una profunda crisis sanitaria que afecta a la mayoría de las provincias de la isla.
El director nacional de Epidemiología, Francisco Durán García, detalló que de los 95 pacientes actuales en cuidados intensivos, 77 se encuentran en estado grave —63 de ellos menores de 18 años— y 18 en condición crítica, cifra que incluye a 16 menores de 16 años. El funcionario reconoció la vulnerabilidad de los jóvenes frente al virus, al tiempo que reportó un acumulado de 31.513 casos sospechosos de chikungunya distribuidos en 14 provincias, 99 municipios y 164 áreas de salud. En la última jornada, se contabilizaron 753 nuevas atenciones médicas por presunta infección.
A la crisis del chikungunya se suma un repunte del dengue, con 847 nuevos casos positivos confirmados en apenas 24 horas. Actualmente, 5.713 pacientes permanecen bajo vigilancia epidemiológica; de estos, la gran mayoría (5.607) permanecen aislados en sus hogares ante la incapacidad del sistema hospitalario para absorber la demanda. Durán advirtió sobre el riesgo de mortalidad asociado al dengue, urgiendo a la población a buscar atención médica ante la aparición de signos de alarma.
Fallas estructurales en el control epidemiológico
El propio informe oficial expuso las severas deficiencias en la campaña de fumigación y control del mosquito Aedes aegypti, cuyo índice de infestación se mantiene en 0,73, un nivel catalogado de alto riesgo. Durán admitió que 142 equipos de trabajo no operaron, 109 debido a la falta de personal y 33 por roturas de equipos. Esta inoperancia del gobierno cubano para ejecutar planes básicos de saneamiento ha permitido que el vector se reproduzca sin freno en el territorio nacional.
La propagación vertiginosa de estas enfermedades transmitidas por vectores está intrínsecamente ligada al colapso de los servicios públicos en la isla. La acumulación de desechos sólidos y aguas residuales se ha convertido en un paisaje habitual en ciudades y pueblos, creando criaderos ideales para el mosquito. Aunque las autoridades de la isla han intentado trasladar la responsabilidad a la ciudadanía, la realidad es que la dictadura cubana ha abandonado las labores de recogida de basura y mantenimiento de la infraestructura sanitaria. Esta inacción estatal, sumada a la escasez de recursos médicos y combustibles, ha transformado a barrios enteros en zonas de alto riesgo biológico.
El panorama epidemiológico augura un deterioro aún mayor de la salud pública en las próximas semanas si no se implementan medidas efectivas de saneamiento. La incapacidad del régimen para garantizar un entorno salubre, junto con la censura que suele acompañar a la gestión de las crisis internas, deja a la población cubana en un estado de indefensión total. Mientras el éxodo migratorio continúa drenando al país de profesionales de la salud y mano de obra, las comunidades más vulnerables, especialmente los niños, enfrentan las consecuencias directas de la negligencia institucional.