La severa crisis económica que atraviesa la isla ha disparado los precios de los escasos productos cárnicos disponibles en el mercado informal, haciendo inalcanzable la proteína básica para miles de familias que dependen de los depreciados salarios estatales. En Santa Clara, la escalada del dólar y las ineficaces medidas del Ministerio de Economía y Planificación han provocado un mercado negro donde la supervivencia diaria se vuelve cada vez más insostenible.
La devaluación acelerada de la moneda nacional frente al dólar ha impactado de forma directa en el costo de los embutidos y las proteínas que comercializan las mipymes y los mercados particulares. Un paquete de pollo de dos kilogramos, que hace un mes se vendía a 1.900 pesos cubanos, supera ahora los 2.000 pesos. Esta escasez ha obligado a los vendedores a evadir la Resolución 225 del Ministerio de Economía y Planificación, ocultando la mercancía en trastiendas y comercializándola de forma clandestina a clientes de confianza, como ocurre en el agromercado conocido como \»La Candonga\» en la zona hospitalaria de Santa Clara.
Las consecuencias de este desabastecimiento recaen sobre los ciudadanos más vulnerables. En la capital villaclareña, una compradora pagó cerca de 1.500 pesos por una pequeña bolsa que contenía apenas ocho muslos de pollo, destinados a alimentar a su esposo, quien se recupera de una operación de vesícula con severas restricciones alimentarias. En otro establecimiento de la Carretera a Sagua, un anciano suplicaba al vendedor que le pesara solo una libra de picadillo, ya que el dinero que portaba no le alcanzaba para adquirir el bloque congelado completo de más de un kilogramo, valorado en más de 400 pesos y con el que confesó que logra alimentar a su familia en dos ocasiones.
La carne mecánicamente deshuesada (MDM), importada en su mayoría de Estados Unidos bajo marcas como Harrison Golden Goodness, se ha consolidado como la única proteína accesible, a pesar de su nulo valor nutricional. El régimen de La Habana anunció recientemente la inauguración de una planta en Sancti Spíritus, con una inversión de 500.000 dólares, para procesar MDM con materias primas locales. Sin embargo, la realidad en provincias como Villa Clara demuestra el fracaso de la gestión estatal: los particulares son los únicos que logran abastecer el mercado, adquiriendo cajas a más de 40 dólares mediante intermediarios, lo que justifica el incremento exponencial de su precio en moneda nacional.
Una crisis estructural que ahoga a las familias cubanas
Esta precariedad alimentaria es un síntoma directo del fracaso del modelo económico impulsado por la dictadura cubana. La falta de incentivos a la producción nacional, sumada a la hiperinflación y al desplome del poder adquisitivo de los salarios estatales, ha convertido la búsqueda de alimento en la única ocupación de la población. Mientras las autoridades de la isla implementan topes de precios que no resuelven la escasez real, la ciudadanía se ve obligada a sobrevivir con una dieta empobrecida, en medio de cortes eléctricos prolongados, el deterioro del sistema de salud y una represión social constante.
La imposibilidad de acceder a alimentos básicos, como relata la ciudadana Sonia León al afirmar que \»hasta el picadillo ya es un lujo\» porque el salario no alcanza para diez libras, augura un empeoramiento crónico de la seguridad alimentaria en el país. Ante la ineficacia de las políticas oficiales y la profundización del colapso económico, los cubanos continúan atrapados en una dinámica de subsistencia diaria, con escasas expectativas de mejora y frente a un Estado que desatiende las necesidades más fundamentales, empujando a miles a la desesperación y al exilio migratorio.