La crisis energética en Cuba alcanza niveles críticos este domingo, con cortes de electricidad que afectan a más del 55% del país y superan las 15 horas diarias en diversas localidades. La Unión Eléctrica (UNE) reporta un déficit de 1.600 megavatios debido a la salida de siete unidades termoeléctricas y la aguda escasez de combustible, profundizando el deterioro de las condiciones de vida de la población.
El parte oficial emitido por la estatal Unión Eléctrica confirma una disponibilidad de apenas 1.350 megavatios (MW) frente a una demanda máxima estimada en 2.950 MW para el horario pico. Este desbalance resulta en un déficit de 1.600 MW, lo que se traduce en una afectación proyectada de 1.630 MW para los hogares cubanos. El régimen de La Habana enfrenta la parálisis de infraestructuras clave, con siete unidades termoeléctricas fuera de servicio por averías, incluyendo la Unidad 1 de la CTE Ernesto Guevara, la Unidad 5 de la Antonio Maceo y la Unidad 2 de la Felton, sumadas a mantenimientos prolongados en las plantas de Mariel, Renté y Nuevitas.
La respuesta ciudadana ante la ineficiencia energética ha sido de franca indignación. En las redes sociales, los usuarios han denunciado la falta de soluciones estructurales por parte de las autoridades de la isla. Testimonios recogidos en los comentarios de la publicación oficial reflejan la exasperación popular, señalando que la crisis no se limita a la falta de petróleo, sino que evidencia la incapacidad del ejecutivo cubano para gestionar y mantener la red eléctrica. \»Al final siguen los apagones de 15 horas o más\», manifestó un internauta, resumiendo el agotamiento de una población que sufre el colapso de los servicios básicos.
Inversiones insuficientes y crisis estructural
Aunque el gobierno cubano ha intentado incorporar parques solares al Sistema Eléctrico Nacional en los últimos meses, la contribución de estas fuentes resulta insuficiente frente a la magnitud del colapso. La generación solar, concentrada en el horario diurno, no logra compensar la pérdida de capacidad de las obsoletas centrales termoeléctricas ni cubre los picos de consumo nocturnos, momento en el que se producen las desconexiones masivas. Este panorama es la consecuencia directa de décadas de falta de mantenimiento, mala planificación y dependencia de combustibles importados que el Estado no logra costear de manera sostenible.
El desplome del sector energético consolida una crisis humanitaria y económica que empuja a miles de cubanos al exodo migratorio y genera un creciente malestar social. Durante el último mes, la desesperación ha derivado en cacerolazos y protestas espontáneas en distintos barrios de la isla, acciones que históricamente han sido respondidas con represión y criminalización por parte de la dictadura cubana. La incapacidad para garantizar un servicio elemental como la electricidad no solo paraliza la ya mermada actividad económica, sino que augura un escenario de mayor inestabilidad social y tensión política en el corto plazo, ante la nula voluntad del poder para implementar reformas reales.