LA HABANA — La escasez crónica de medicamentos básicos en Cuba ha transformado la obtención del salbutamol en una odisea letal para los pacientes con asma. En Holguín, la centralización de la venta en una única farmacia, sumada a la ineficiencia logística y el desabastecimiento, ha derivado en un mercado negro donde el medicamento se revende a precios exorbitantes o se falsifica, evidenciando el deterioro del sistema de salud pública bajo el régimen de La Habana.
En la ciudad de Holguín, cientos de pacientes con enfermedades respiratorias obstructivas se ven obligados a recorrer largas distancias hasta la farmacia La Carril, el único punto habilitado en el municipio para distribuir el broncodilatador. La medida, justificada por las autoridades de la isla bajo el argumento de la falta de combustible para el transporte, ha generado aglomeraciones interminables y ha puesto en riesgo directo la vida de los enfermos. Testimonios recogidos en el lugar detallan cómo personas de la tercera edad han requerido atención de emergencia tras sufrir crisis asmáticas mientras esperaban horas en colas que no avanzan, debido, según denuncian los ciudadanos, a la complicidad del personal con la extracción y reventa ilícita del fármaco.
La ineficiencia en la distribución estatal ha propiciado un caldo de cultivo para la corrupción. Mientras en el establecimiento oficial el frasco tiene un precio asignado de tres pesos, en las calles su costo se ha disparado hasta alcanzar entre 2.000 y 2.500 pesos. Esta dinámica demuestra cómo la incapacidad del gobierno cubano para garantizar la distribución de fármacos esenciales desplaza la supervivencia de los ciudadanos hacia una economía informal regida por la especulación. La desesperación ha llevado a muchos a comprar en el mercado negro, exponiéndose a estafas severas donde el medicamento es adulterado con agua y azúcar, agravando el cuadro clínico de quienes lo consumen.
Fragilidad productiva y crisis estructural
La producción nacional del salbutamol, a cargo de la empresa Laboratorios MedSol —perteneciente al grupo BioCubaFarma—, se mantiene inestable y paralizada desde 2022. Los directivos de la empresa atribuyen este estancamiento a la pérdida de su proveedor de gas farmacéutico, tras el traslado de este a Estados Unidos. Esta dependencia externa sin alternativas viables deja en evidencia la fragilidad de la industria farmacéutica nacional y la falta de planificación estratégica del ejecutivo cubano para garantizar la soberanía sanitaria del país.
El drama del salbutamol no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa del colapso estructural que atraviesa la isla. La combinación de hiperinflación, desabastecimiento crónico, falta de combustibles y el empobrecimiento generalizado de la población ha dejado al sistema de salud pública en estado de postración. La dictadura cubana, al mantener un control monopólico sobre la importación y distribución de bienes esenciales, es directamente responsable de la tragedia sanitaria que sufren miles de cubanos, quienes deben elegir entre pagar precios inalcanzables en el mercado negro o arriesgar sus vidas ante la ineficacia de las instituciones estatales.
El panorama inmediato para los pacientes con asma en Cuba se vislumbra sombrío. Sin soluciones estructurales ni apertura a la importación privada de medicamentos, la población continuará a merced de la especulación y el desamparo institucional. La inacción del régimen frente a esta emergencia humanitaria refleja una vez más la prioridad del control político sobre el bienestar y la vida de los ciudadanos, profundizando una crisis que mina cualquier remanente de confianza en el sistema de salud del país.