SANTIAGO DE CUBA. Ante la inminente llegada del curso escolar y la profunda crisis inflacionaria que atraviesa la isla, médicos, enfermeras y familias cubanas se ven forzadas a reparar y reciclar bienes de uso diario para hacer frente a la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar salarios dignos y acceso a productos básicos.
La imposibilidad de adquirir productos nuevos ha transformado la cotidianidad en Cuba. Incluso profesionales con salarios superiores a la media nacional se ven obligados a acudir a talleres de reparación. Tal es el caso de Lisbeth Leyva, una médica neonatóloga que devenga unos 20.000 pesos mensuales (aproximadamente 50 dólares), cifra que dista de ser suficiente frente a los precios del mercado. Para evitar un desembolso de más de 6.000 pesos, Leyva optó por pagar 650 para restaurar un paraguas y varios bolsos. \»Primero se come y después se piensa en lo demás\», resumió la especialista, evidenciando cómo la inflación dicta las prioridades de supervivencia.
La situación se agrava con el inicio del año lectivo. Las autoridades de la isla anunciaron la venta de uniformes escolares a través del Ministerio de Educación, pero la distribución se limitó a preescolar, quinto y séptimo grado, abandonando al resto de los estudiantes a la especulación del mercado informal. Mientras los precios oficiales oscilan entre 23 y 61 pesos, las mipymes y el mercado paralelo ofrecen las prendas hasta en 700 pesos. A esto se suma la ausencia de libretas y materiales didácticos, obligando a los padres a imprimir los textos por cuenta propia o adquirirlos a sobreprecio.
Para familias como la de Libia Medina, licenciada en enfermería y madre de dos adolescentes, el panorama es desalentador. Con un salario de 9.000 pesos (unos 22 dólares), Medina ha decidido que sus hijos retornen a las aulas con mochilas y zapatos remendados. \»Solo una mochila de tamaño regular cuesta 7.000 pesos y unos tenis de calidad media, de 10.000 para arriba. Es imposible\», detalló la enfermera, quien reconoce que la frustración de no poder estrenar en el inicio de clases afecta tanto a su generación como a la de sus hijos.
La \»inventiva\» como respuesta obligatoria al desabastecimiento
En talleres como el ubicado en la intersección de las calles Santo Tomás y San Francisco, en Santiago de Cuba, artesanos como Pedro y Vladimir Gutiérrez dan testimonio de la urgencia social. Julio y agosto se han convertido en sus meses de mayor demanda, recibiendo mochilas destrozadas y objetos sin cremalleras que logran restaurar por una fracción del costo de un artículo nuevo. Gutiérrez, relojero con más de dos décadas de experiencia, describe esta dinámica no como una virtud innata, sino como una cualidad forzada por las circunstancias de escasez crónica que impone el gobierno cubano.
El fenómeno de \»remendar para vivir\» refleja el agotamiento del modelo económico impuesto por la dictadura cubana, donde la falta de productividad y el control estatal han empobrecido a la clase trabajadora. Mientras el ejecutivo cubano mantenga sus políticas restrictivas y fracase en la reactivación de la economía nacional, la ciudadanía continuará atrapada en un ciclo de supervivencia básica, posponiendo el desarrollo personal y familiar en favor de la mera subsistencia diaria.