Cuba atraviesa este viernes el punto más crítico de su actual crisis energética, con un déficit de generación que podría dejar sin servicio eléctrico al 58% del territorio nacional, marcando la mayor tasa de afectación simultánea registrada en los últimos tres años. El colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), sumado a la escasez crónica de agua y alimentos, ha desbordado la paciencia de la ciudadanía, lo que se materializó en la noche del jueves en una protesta multitudinaria y espontánea en el corazón de la capital cubana.
Según el informe emitido por la Unión Eléctrica (UNE), el sistema operativo se encuentra en una situación de colapso continuo. El jueves, la afectación se mantuvo durante las 24 horas del día, extendiéndose a la madrugada de este viernes con un déficit máximo de 1.842 megavatios (MW), una cifra que superó ampliamente las previsiones iniciales debido a la salida imprevista de las unidades 3 y 6 de la Central Termoeléctrica (CTE) Renté. A las 6:00 a.m. de este viernes, la situación no mostraba mejoría, con un déficit reportado de 1.274 MW, apenas mitigado por la entrada al sistema de la Unidad 5 de la CTE Mariel, que logró sincronizarse pasadas las 10:30 de la mañana.
El panorama técnico de las instalaciones energéticas de la isla refleja un estado de abandono y desinversión profundo. Múltiples unidades clave permanecen fuera de servicio debido a averías recurrentes, como es el caso de la Unidad 2 de la CTE Felton, las unidades 5 y 8 de Mariel, la Unidad 5 de Nuevitas y las ya mencionadas de Renté. A estas indisponibilidades por roturas se suman los mantenimientos programados en las unidades 1 y 2 de Santa Cruz y la Unidad 4 de Carlos Manuel de Céspedes en Cienfuegos. Además, las autoridades de la isla reportan 264 MW fuera de servicio por limitaciones térmicas, un indicador del deterioro estructural de las plantas que superan ampliamente su vida útil.
A las fallas técnicas se entrelaza la aguda escasez de combustibles y lubricantes, consecuencia directa de la falta de divisas del Estado. La UNE reconoció que 66 centrales de generación distribuida se encuentran paradas por falta de combustible, mientras que 157 MW están indisponibles por la carencia de lubricantes. En total, la falta de insumos para la generación afecta a 713 MW, un dato que evidencia la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar la operación de su propia infraestructura energética y para planificar la adquisición de recursos básicos en el mercado internacional.
Estallido social en el centro de La Habana
La acumulación de frustraciones por los cortes de luz que superan las 20 horas en provincias y llegan a las 10 horas diarias en La Habana —tradicionalmente menos castigada por ser el centro del poder político— ha roto el silencio forzado de la población. En la noche del jueves, vecinos de varias cuadras en Centro Habana, incluyendo mujeres y niños, salieron a la calle en una protesta espontánea. Los manifestantes bloquearon la céntrica calle Monte, exigieron la restitución inmediata de los servicios básicos y protestaron por la grave crisis en el abastecimiento de agua potable, otro de los servicios públicos en total abandono.
Videos difundidos en redes sociales muestran a los ciudadanos saliendo con cacerolas en una sonora cacerolada, coreando consignas de rechazo a la situación y encendiendo una fogata en plena vía pública para iluminar la oscuridad y llamar la atención. Este tipo de manifestaciones, aunque aisladas, recuerdan el estallido social de julio de 2021 y las protestas más recientes en localidades como Gibara. La respuesta de la dictadura cubana ante estos actos de desobediencia civil suele ser la rápida movilización de fuerzas represivas, el apagado de internet para evitar la viralización, la censura de las comunicaciones y la criminalización de los participantes, en un intento por acallar un descontento que crece al ritmo del deterioro nacional.
Contexto: Una infraestructura colapsada por décadas de desinversión
La crisis energética no es un fenómeno coyuntural, sino el resultado de una infrafinanciación crónica del sector estatal, tal como señalan expertos independientes. El régimen de La Habana ha operado durante décadas con termoeléctricas construidas en su mayoría durante la era soviética y los años 70 y 80, priorizando el control político y la burocracia sobre el mantenimiento preventivo de infraestructuras vitales. Diversos cálculos de ingenieros y economistas fuera de la esfera oficial estiman que se requeriría una inversión de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar el sistema eléctrico y llevarlo a un estado operativo estable, una cifra inalcanzable en el actual escenario de bancarrota productiva del país.
Frente a la evidente incapacidad de gestión, el gobierno cubano ha mantenido su discurso habitual, atribuyendo el colapso a las sanciones económicas de Estados Unidos y hablando de una supuesta «asfixia energética». Sin embargo, la narrativa oficial choca con la realidad de una economía centralizada que no logra generar divisas suficientes, ni siquiera con los ingresos del turismo o el envío de remesas, debido a la ineficiencia estatal, la corrupción institucionalizada y la falta de atractivos para la inversión extranjera directa bajo un marco legal que no ofrece garantías jurídicas reales.
El impacto de estos apagones se enmarca en una crisis estructural mucho más amplia que asfixia a la ciudadanía. La falta de electricidad paraliza la economía informal, impide la conservación de alimentos en un contexto de hiperinflación y desabastecimiento extremo, y detiene el bombeo de agua, multiplicando el sufrimiento de las familias cubanas. Además, afecta severamente a los centros de salud, donde las salas de operaciones y los equipos de refrigeración para medicamentos dependen de generadores que muchas veces no tienen combustible para operar, poniendo en riesgo directo la vida de los pacientes.
Este escenario de precariedad extrema es uno de los motores principales del éxodo migratorio masivo que ha vaciado al país de su fuerza laboral y juvenil en los últimos años. Con cinco apagones nacionales registrados en menos de un año, la estabilidad social de la isla se mantiene en un hilo. La agencia internacional EFE ha subrayado que es frecuente que los valores reales de afectación superen el pronóstico oficial de la UNE, lo que sugiere que la oscuridad podría abarcar aún más territorio del previsto. Mientras la dictadura cubana se enfoca en mantener intacto el aparato represivo, la base material de la nación se desmorona, augurando un periodo de profunda agudización de la crisis y una posible escalada de conflictividad social si no se adoptan soluciones estructurales que, a todas luces, el sistema político actual es incapaz de proporcionar.



