El gobernador de Florida, Ron DeSantis, aseguró que su estado se prepara para una eventual crisis migratoria desde Cuba, motivada por el profundo deterioro económico, los apagones y los recientes estallidos sociales. El mandatario reconoció la incertidumbre sobre el rumbo del país caribeño y anticipó que las autoridades trabajan en contingencias para evitar la llegada de embarcaciones a las costas floridanas.
Durante una comparecencia pública en Bradenton, DeSantis expresó su preocupación por la posibilidad de que se repita una crisis de balseros similar a las de décadas pasadas. El gobernador indicó que Florida no desea ver una llegada masiva de personas a los cayos y aseguró que se están evaluando protocolos de respuesta. Aunque sus declaraciones se centraron en la incertidumbre política y social de la isla, el comunicado oficial emitido por su oficina sobre el evento omitió cualquier mención a un despliegue preventivo específico vinculado a Cuba, a diferencia de operativos anunciados explícitamente en el pasado ante crisis en Haití.
Las advertencias del político republicano coinciden con una escalada de tensión social en Cuba, impulsada por la inflación galopante y la escasez de alimentos. En los últimos días, la frustración ciudadana ha desembocado en protestas inusuales, como la llevada a cabo por estudiantes de la Universidad de La Habana por los cortes eléctricos y la falta de conectividad. Pocos días después, en Morón, Ciego de Ávila, manifestantes atacaron la sede del Partido Comunista en repudio a la situación de penuria, hechos que evidencian el agotamiento de la población frente a las políticas del régimen de La Habana.
Postura de Washington y antecedentes migratorios
Paralelamente a las declaraciones del gobernador floridano, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis Donovan, compareció ante el Senado para abordar la situación. Donovan aclaró que, en caso de un evento de migración masiva desde la isla, el Departamento de Seguridad Nacional lideraría la respuesta operativa. El militar descartó que las Fuerzas Armadas estadounidenses estén preparando una invasión, aunque enfatizó que Washington mantiene la disposición de actuar para proteger su embajada en La Habana y la Base Naval de Guantánamo ante cualquier amenaza física.
El temor a un nuevo éxodo encuentra su fundamento en la crisis estructural que atraviesa la dictadura cubana, incapaz de garantizar los servicios básicos y que recurre a la represión para acallar el descontento. Un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estadounidense recuerda que la crisis de los balseros en 1994 obligó a Washington a modificar sus políticas migratorias y a establecer nuevos acuerdos con el gobierno cubano para canalizar el flujo migratorio. La actual coyuntura plantea un escenario similar, donde la falta de libertades y el colapso económico empujan a miles de cubanos a buscar rutas de escape, presionando nuevamente las fronteras del sur de Florida y obligando a las autoridades a replantear estrategias de contención ante el riesgo de una crisis humanitaria de mayores proporciones.