El primer ministro Manuel Marrero Cruz reconoció el colapso estructural de la sociedad cubana durante una reunión con gobernadores y aseguró que el ejecutivo \»no está actuando todavía como si estuviera en guerra\». Sus declaraciones contrastan con la narrativa oficial sobre el embargo estadounidense y el silencio gubernamental ante las recientes protestas cívicas en la localidad de Gibara.
En un encuentro con los gobernadores provinciales, Marrero Cruz admitió que las medidas adoptadas por las autoridades de la isla resultan insuficientes frente al deterioro integral del país. Sin embargo, la afirmación de que el gobierno no actúa bajo una lógica de conflicto bélico ha generado profundas críticas. Analistas y prensa independiente señalan que la comparación minimiza la responsabilidad de las políticas internas en la crisis actual y busca justificar las calamidades que enfrenta la población desprotegida.
Las declaraciones del jefe de Gobierno llegan en un contexto donde el régimen de La Habana insiste en atribuir el desastre económico exclusivamente al embargo de Estados Unidos. Recientemente, el canciller Bruno Rodríguez presentó el informe anual sobre los daños de esta medida, cifrándolos en cantidades multimillonarias. Rodríguez cuestionó qué habría podido lograr Cuba con esos recursos, omitiendo el hecho de que la ineficiencia estatal ha transformado a la isla, otrora principal exportador mundial de azúcar, en un importador neto del producto.
Manipulación del discurso y silencio ante la disidencia
El uso de la retórica bélica forma parte de la estrategia de la dictadura cubana para magnificar el impacto del embargo y desviar la atención de la crisis sistémica que afecta a la nación. A diferencia de conflictos armados reales, la situación en Cuba responde a décadas de planificación centralizada fallida, corrupción institucional y falta de libertades que han provocado hiperinflación, desabastecimiento crónico y un éxodo migratorio sin precedentes. La narrativa del \»enemigo externo\» busca cohesionar a la base frente al colapso evidente de los servicios públicos.
Paradójicamente, mientras el gobierno cubano apela al lenguaje de la guerra para explicar la penuria económica, la dictadura mantiene un silencio absoluto sobre el descontento social. En su intervención, Marrero Cruz omitió por completo la reciente protesta cívica masiva ocurrida en Gibara, un reflejo de la censura sistemática contra quienes exigen soluciones reales. Esta desconexión entre el discurso oficial y la realidad ciudadana augura una profundización de la tensión social en la isla, en medio de la pasividad institucional y el endurecimiento del control estatal.