Por primera vez en más de seis décadas, el sector no estatal concentró el 55% de las ventas minoristas de bienes y servicios en la isla durante 2024, según datos preliminares de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). El hito refleja tanto la expansión de la actividad privada como el acelerado deterioro de la economía estatal, incapaz de abastecer a la población en medio de la peor crisis estructural desde el Período Especial.
El informe oficial señala que el sector \»no estatal\» pasó de representar el 44% de las ventas minoristas en 2023 al 55% en 2024, un incremento de once puntos en un solo año que marca un cambio sustancial en el panorama económico cubano. Las cifras, no obstante, excluyen los servicios públicos y se limitan al comercio de bienes y servicios al consumidor final. Este desplazamiento no responde a una política deliberada de liberalización, sino a la incapacidad del régimen de La Habana para sostener su aparato comercial estatal frente a la caída de las importaciones, la escasez crónica de productos y la inflación galopante.
El economista cubano Omar Everleny advirtió que el predominio privado en las estadísticas oficiales obedece en gran medida al valor de los productos y no necesariamente al volumen de mercancías vendidas. Mientras el Estado mantiene precios subsidiados en su red comercial, el sector privado opera con precios considerablemente más altos. Sin embargo, la falta de liquidez del ejecutivo cubano para importar bienes ha empujado a la población a recurrir al mercado privado, que ofrece mayor disponibilidad y flexibilidad. \»El Estado tiene poco dinero para importar bienes… así que la gente tiene que acudir al sector privado\», explicó Everleny.
El retroceso estatal y el debate interno del régimen
Paralelo al avance del sector privado, la economía estatal ha sufrido una contracción del 11% en los últimos cinco años, acompañada de apagones sistemáticos, desabastecimiento generalizado y una inflación que erosiona constantemente el poder adquisitivo de los salarios. Aunque el Estado continúa operando miles de establecimientos minoristas que ofrecen una gama limitada de alimentos, artículos de higiene y vestimenta, estos resultan insuficientes para cubrir la demanda básica de la población. \»Hay muchas cosas que no se pueden encontrar en el sector estatal\», señaló Diamela García, vendedora de ropa en la Feria del Puente 100 en La Habana, en declaraciones a la agencia Reuters. \»Muchas personas vienen a buscar esas cosas aquí\», añadió.
Durante una comparecencia reciente ante la Asamblea Nacional, el ministro de Economía, Joaquín Alonso, reconoció que las importaciones estatales han disminuido mientras que las de las empresas privadas superaron los mil millones de dólares, con un incremento del 34% respecto al mismo período del año anterior. Alonso admitió que \»los actores económicos no estatales están avanzando\» y afirmó que el gobierno cubano no busca \»confrontar con este sector, sino encauzarlo adecuadamente\». El funcionario también señaló que un menor número de empresas estatales operan en números rojos, aunque matizó que ello se debe \»principalmente a un aumento de los precios y no a una mejora de la eficiencia\», una承认 implícita de que el sector público no ha ganado competitividad real.
Según las cifras oficiales, cerca de 1,6 millones de personas, sobre una fuerza laboral total de 4 millones, trabajan actualmente en el sector privado en Cuba. El dato ilustra la magnitud del desplazamiento laboral desde el Estado hacia formas de empleo no estatales, un proceso que se ha acelerado visiblemente desde la implementación de las reformas de 2021. Sin embargo, dentro del liderazgo cubano persiste una tensión entre los sectores que defienden una mayor apertura económica y aquellos que la resisten por considerarla una amenaza al control político. Este debate, que ya enfrentó posiciones opuestas entre Fidel Castro —quien calificó la iniciativa privada como \»concesión al enemigo\»— y Raúl Castro —que la consideró \»estratégica\»—, sigue sin resolverse y condiciona el futuro del sector empresarial privado en la isla.
Implicaciones para la ciudadanía y el modelo económico
El rebasamiento del sector estatal por parte del comercio privado confirma lo que analistas y ciudadanos han denunciado durante años: el modelo económico centralizado ha fracasado en su capacidad para garantizar el abastecimiento básico de la población. La sustitución del Estado por actores privados en el comercio minorista no ha sido el resultado de una transición planificada, sino de un colapso progresivo que ha dejado a millones de cubanos dependientes de un mercado privado con precios inalcanzables para quienes viven de un salario estatal. La contradicción es evidente: el régimen necesita del sector privado para sostener la economía, pero mantiene un marco regulatorio restrictivo y una hostilidad ideológica que limita su desarrollo pleno. Mientras tanto, la comunidad internacional observa cómo el gobierno cubano intenta gestionar una transformación económica que, de profundizarse, podría erosionar las bases del control político que ha mantenido intacto durante más de seis décadas.